Política
Milei se queda solo en su festejo por la ofensiva de Trump en Irán
Mientras la región oscila entre la condena diplomática y el pedido de paz, Argentina se diferencia con una celebración eufórica del ataque.
Javier Milei ha decidido que Argentina no solo sea un aliado de Estados Unidos, sino su voz más resonante en el cono sur. Tras el bombardeo conjunto de Washington e Israel que terminó con la vida de Alí Jamenei, el presidente argentino fue el único mandatario de la región que celebró abiertamente el hecho. A través de un comunicado oficial, la Casa Rosada tildó al fallecido líder iraní como una de las figuras más crueles de la historia, desmarcándose de la cautela que imperó incluso entre los socios más cercanos a la Casa Blanca.
Esta postura solitaria de Argentina resalta frente al silencio o la moderación de otros gobiernos alineados ideológicamente con Donald Trump. Países como Paraguay, Ecuador y Costa Rica, si bien evitaron criticar la ofensiva estadounidense, tampoco se sumaron al festejo de Milei. Sus cancillerías se limitaron a condenar las represalias posteriores de Teherán contra objetivos en países vecinos, enfocando su discurso en la violación de convenciones diplomáticas y el derecho internacional, sin entrar en la retórica de celebración personalista que eligió Buenos Aires.

Incluso figuras de la derecha regional mantuvieron una distancia prudencial. Nayib Bukele, en El Salvador, optó por un silencio absoluto ante la escalada bélica, mientras que en Uruguay y Perú la prioridad fue el llamado a la contención. Para Milei, sin embargo, esta parece ser una oportunidad de oro para ratificar su estatus de «mejor alumno» ante los ojos de Trump, priorizando la sintonía ideológica directa por sobre la tradición de equilibrio que suele caracterizar a la diplomacia profesional del Palacio San Martín.
En la vereda opuesta, el bloque liderado por Brasil, México y Colombia mantuvo una posición firme de rechazo al uso de la fuerza. La presidenta Claudia Sheinbaum y el canciller Mauro Vieira coincidieron en que, más allá de las diferencias con el régimen iraní, el bombardeo inicial de las potencias pone en riesgo a la población civil y vulnera la soberanía. Para estos países, el foco no debe estar en quién gana la batalla mediática, sino en el rol de una ONU que parece incapaz de frenar el avance de una guerra abierta en Medio Oriente.
El panorama regional, no obstante, podría sufrir un quiebre en los próximos días con el cambio de mando en Chile. Aunque el gobierno saliente condenó los ataques contra Irán, el presidente electo José Antonio Kast ya adelantó que su gestión alineará a Santiago con la visión de Washington. Según Kast, la seguridad nuclear y la defensa de las democracias occidentales justifican el apoyo a las acciones de Trump, lo que le daría a Milei el primer aliado regional en su cruzada de apoyo irrestricto a la ofensiva norteamericana.
Por ahora, la estrategia argentina de «todo o nada» la coloca en un lugar de vulnerabilidad y exposición única. Al ser el único país que festejó activamente el asesinato de un líder de Estado, Milei rompe con la doctrina de no intervención que, con matices, todavía sostiene la mayor parte de América Latina. Mientras el resto de los mandatarios intenta apagar el fuego o al menos no echarle nafta, Argentina parece cómoda siendo el principal fogonero de una política exterior que no admite grises.



