Política
Reforma Laboral: Funes de Rioja dijo que es buena pero no es suya
El abogado que dirige un importante buffet y representa a grandes empresas buscó despegarse de la autoría intelectual de la reforma.
El ex presidente de la UIA negó que su estudio jurídico haya redactado el proyecto que se debate en el Senado, aunque respaldó sus lineamientos generales y relativizó el alcance de los cambios al plantear que se trata de una “modernización” y no de una reforma laboral.
Daniel Funes de Rioja salió a limitar públicamente su responsabilidad en el proyecto de reforma laboral que por estas horas se discute en el Congreso y que genera fuerte rechazo en sectores sindicales y del trabajo. Señalado por haber aportado su buffet de abogados para la redacción de la iniciativa, el ex titular de la Unión Industrial Argentina negó ser el autor del texto y trasladó la responsabilidad política al Poder Ejecutivo y al Parlamento. Con ese movimiento, el abogado de los grandes empresarios tal vez busca capitalizar el resultado económico de las reformas sin pagar las consecuencias políticas que conlleva impulsar una ley que sin dudas recortará derechos y ablandará el músculo del fatigado brazo sindical.

“No somos el padre de la criatura”, afirmó en declaraciones al medio Ámbito Financiero, donde buscó desmarcarse de la redacción concreta del proyecto que actualmente se analiza en el Senado. Según sostuvo, su participación se limitó a una trayectoria académica y profesional de décadas vinculada al derecho laboral, sin una intervención directa en el articulado final.
El intento de despegar responsabilidades
Funes de Rioja, socio fundador del estudio Bruchou & Funes de Rioja, reconoció que múltiples actores pueden haber aportado ideas al debate, pero remarcó que la responsabilidad institucional recae en el Gobierno como impulsor de la iniciativa y en los legisladores que hoy la discuten. La aclaración llegó en un contexto de creciente polémica por el alcance de la reforma y por el rol que habrían tenido sectores empresariales en su diseño.
Desde una mirada política, el movimiento del ex dirigente industrial aparece como un intento de tomar distancia de un proyecto que concentra críticas por su impacto sobre los derechos laborales, sin romper del todo con el diagnóstico oficial que impulsa los cambios.
“Modernización” y no reforma
Más allá de negar la autoría, Funes de Rioja defendió el contenido general de la iniciativa y cuestionó incluso su denominación. Aseguró que no se trata de una reforma laboral sino de una “modernización”, bajo el argumento de que las instituciones laborales argentinas serían “vetustas”.
En esa línea, encuadró el debate en un escenario global atravesado por una “transformación tecnológica enorme”, que, según planteó, vuelve inevitable el reemplazo de mano de obra de baja calificación. Esa lectura refuerza una visión del mercado de trabajo más flexible, alineada con los cambios productivos, pero que omite el debate sobre las condiciones de protección y estabilidad del empleo.
Trabajo regulado con menos derechos
En uno de los pasajes más controvertidos de sus declaraciones, el ex presidente de la UIA dejó una definición que sintetiza el espíritu de buena parte del proyecto en discusión. Señaló que “siempre es mejor tener un trabajador autónomo con algún tipo de marco regulatorio y cobertura, que una situación completamente en negro”. Así, Funes de Rioja cristalizó como una virtud lo que al otro lado del mostrador señalan como un problema: esta reforma viene a normalizar el trabajo sin derechos.



