boca de pozo
Argentina está sobre un tembladeral y al Presidente le queda un solo timbre que tocar
Milei se juega todo a un salvavidas del Tesoro de los Estados Unidos.
La semana cerró con un cuadro de debilidad que ya nadie puede disimular. El dólar por encima de los $1.500 en todas sus versiones, el Banco Central quemando reservas del FMI —u$s53 millones el miércoles, u$s379 millones el jueves y, aunque parezca un chiste, 678 millones el viernes— y el mercado financiero desbordado a pesar de la intervención oficial. Aunque el presidente se muestre en público con cuatro camperas, el Gobierno quedó desnudo: no hay ancla, hay un solo timbre que tocar y el desconcierto es cada vez más visible.
El salvavidas está en Washington
En este contexto, las miradas se posan sobre Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos, que en abril pasado se reunió con Javier Milei en la Casa Rosada y dejó abierta la posibilidad de un auxilio extraordinario: el uso del Fondo de Estabilización Cambiaria del Tesoro. No se trata del FMI ni de Wall Street, sino de dinero directo de Washington. La pregunta es obvia: ¿se atreverán a prestarle dólares a un presidente debilitado que ya perdió apoyos internos y acumula derrotas políticas?


En abril, luego de visitar la Argentina, Scott Bessent se reunió con inversores y dijo que en caso de emergencia, el Tesoro norteamericano brindaría su respaldo económico a Milei.
El interrogante desnuda el verdadero drama: Milei depende de una decisión externa en la que pesan más las conveniencias geopolíticas que los fundamentos económicos. Y en política, la debilidad es moneda de cambio.
Una batalla cultural perdida
Mientras en el frente financiero el gobierno nacional tambalea, el oficialismo profundiza su desgaste político. En una semana perdió dos votaciones en Diputados y otra en el Senado, todas ligadas a temas sensibles: la emergencia en pediatría, el financiamiento universitario y la distribución automática de los Aportes del Tesoro Nacional. La proclamada «batalla cultural» terminó sembrando otra derrota para La Libertad Avanza. Nadie reclamaba recortes a discapacitados ni universidades al borde de la quiebra. El oficialismo eligió esas peleas y perdió incluso ante quienes hasta ayer se presentaban como aliados.
El relato de la austeridad también se desmoronó. Entre vuelos privados y premios irrelevantes, la «casta» sigue intacta, mientras los recortes golpean a los sectores más vulnerables. La épica de la motosierra se quedó sin argumentos y la supuesta superioridad moral de los libertarios quedó sepultada por los escándalos de corrupción que salpican al Presidente, su hermana y los principales armadores políticos de La Libertad Avanza.
La soledad de Milei
El deterioro político se expresa en la frialdad de los gobernadores. La relación de desprecio y confrontación que el Presidente cultivó desde el inicio vuelve ahora como un búmeran. Nadie se apura a confrontarlo, pero el silencio es elocuente: se terminó el miedo. Un presidente que ofrecía temor como herramienta de disciplinamiento quedó reducido a su propia debilidad.
Por otra parte la situación económica no da respiro. La inflación mayorista de agosto fue de 3,1%, augurando una mayor presión sobre los precios al consumidor, mientras la actividad ya muestra signos de recesión con caída intertrimestral del PBI. Con tasas altas, dólar en alza y consumo paralizado, el tembladeral financiero se combina con una economía real que no encuentra oxígeno.
La fragilidad argentina y la del Presidente
Lo más grave no es la debilidad de Milei, sino la fragilidad del país. Argentina enfrenta otra vez una tormenta, parecida a la del 2018 y a tantas otras, y esta vez con un presidente que exhibe todas sus costuras emocionales y políticas, sin respaldo interno ni certezas externas.
La dependencia de un eventual rescate del Tesoro norteamericano solo confirma que, a casi dos años de iniciado el experimento libertario, ya estamos en manos de terceros. El precio de esa vulnerabilidad lo pagarán los argentinos de ahora y los de mañana.



