Neuquén
Rolando Figueroa, el equilibrista
El gobernador hizo un balance a un año de gestión. Busca, con controversias, alejarse del MPN.
Rolando Figueroa llegó al gobierno de Neuquén con un mensaje sin vueltas: renovación. En un movimiento audaz, rompió con el Movimiento Popular Neuquino (MPN), partido que lo formó, y construyó una alianza heterogénea con opositores históricos. Sin embargo, a un año de gestión, el gobernador parece atrapado en las mismas prácticas que intentó destronar.
Aparece la noción de tecnofeudalismo. Una especie de provincia centralista con la suma de todos los poderes, a diferencia que el espacio público está centrado en el manejo de la información (y desinformación) y lo virtual.
Figueroa es, en esencia, un hombre del MPN, según lo describió no hace mucho tiempo Jorge Sapag. Su estilo político, moldeado en los años de Jorge Sobisch, cuando él era funcionario de aquellos «Sobisch boys», refleja una impronta dura, casi de derecha, que no ha logrado despojarse.
Aunque su discurso busca diferenciarse, su gabinete está marcado por la presencia de aliados del PRO, la UCR y Nuevo Compromiso Neuquino, los verdaderos artífices de su victoria. La balanza, por ahora, se inclina más hacia los sectores conservadores que hacia las corrientes peronistas que también integran el Frente Neuquinizate.
Figueroa: sin lugar para los débiles (ni críticos)
En su primer año, Figueroa exhibió un liderazgo pragmático, pero inflexible. El anuncio de “ficha limpia”, inspirado en una de las pocas banderas éticas del macrismo, intenta posicionarlo como un paladín de la transparencia.
Una medida que impulsó por el caso de Gloria Ruiz, su vicegobernadora, que fue destituida por cuenta y orden del mismo gobernador, cuando la mujer a la que elogió para la fórmula, se descarriló políticamente, en un intento de irse con La Libertad Avanza.

Una vieja postal de Figueroa con Sergio Massa y Omar Gutiérrez. La política es tan dinámica y como dijo Macri, «pasaron cosas».
Ruiz nunca tuvo espacio en el Frente Neuquiniozate, y ese vacío, lo convirtió en una arma contra el mismo Figueroa. Pero no logró su cometido: fue destituida.
Ruiz, oriunda de Plottier y pieza clave en la fórmula que llevó a Figueroa al poder, fue marginada tras un escándalo por la compra de una camioneta y la construcción de una pileta, donde se sospecha que usó fondos públicos (aún no se pudo probar) y tiene encima todos los días a los fiscales y medios de comunicación.
Si bien para el público desinformado el caso puede parecer impactante (denuncia de sobrefacturación de bombones, banners y consultorías para imagen política personal), lo cierto es que es un caso de corrupción de bajas calorías; para lo que se acostumbra en Neuquén, donde históricamente la oposición al MPN denunció actos corruptos y enriquecimiento de funcionarios públicos, lo de Ruiz apenas él la punta de un ovillo muy enredado.
Charla con periodistas: «No voté a Milei»
El gobernador ofreció el viernes pasado una charla con periodistas a un año de gestión, donde se mostró distendido, dispuesto a escuchar preguntas, pero no por ello marcando límites.
Figueroa dijo algo que llamó la atención en la conferencia de prensa: que no votó a Milei, y reafirmó así la pasada de largo que tuvieron todos en la política, al subirse al escenario con Sergio Massa, como si el destino de la derrota estuviese escrito. El gobernador se mostró leal a otro tipo de pensamiento, pese a que sigue las mismas modas que el libertario.
Aseguró desconocer los detalles sobre el caso de Ruiz, a quien dijo haber conocido solo en cinco oportunidades. Su reacción expuso una estrategia clara: eliminar cualquier disidencia pretérita. Como si realmente lo de las transferencias de la Legislatura de Neuquén a las cuentas personales del Pablo Ruiz, hermano de la vicegobernadora, fueran una verdadera sorpresa.
Ruiz fue desplazada, y con ello, el mensaje quedó grabado en una piedra para la política neuquina: en este gobierno, quien desafía (si con el pensamiento) la línea oficial no tiene futuro.
Las comparaciones con el estilo del exgobernador Jorge Sobisch no son casuales. Aunque los contextos son diferentes, los métodos se asemejan. Sobisch gobernó Neuquén en épocas de bonanza económica, con una política que combinaba autoritarismo y disciplina partidaria. Pero tenía leales.
La provincia «revienta» de plata
Figueroa, en cambio, tiene una provincia rica en recursos hidrocarburíferos, donde el año que viene se prevé que nuevamente se batan los récords de producción petrolera y más ingresos por regalías a las arcas públicas. Tendrá 5,4 billones de pesos en presupuesto en el 2025, el mejor de toda la historia.
Pero la provincia está anclada a un país que no termina de enderezar el barco, y donde más de la mitad de los argentinos piensa que el país va en un rumbo incorrecto, más alá de haber bajado la inflación. Aun así, el eco del sobischismo resuena en la gestión actual: control férreo sobre los medios, centralización de decisiones y una política que no admite fisuras internas.
La Legislatura de Neuquén es un reflejo de este clima. Legisladores del Frente Neuquinizate y del MPN conviven bajo un ambiente más bien tenso, donde el humor y la irreverencia fueron reemplazados por el temor. La imagen de un Figueroa amable y dialoguista contrasta con las historias de un líder que no tolera desobediencias.
El Frente Neuquinizate es un rompecabezas. Alberga desde figuras progresistas como Soledad Martínez hasta exponentes liberales como Leandro López, quien hace unos días se vanaglorió de haber hecho recortes en la Agencia de Inversiones de Neuquén (ADI-NQN).
En un video que subió a las redes dijo «¡viva la austeridad carajo!», emulando al latiguillo de Javier Milei. Una provocación ¿innecesaria? para parte del gabinete peronista que soporta el bullying, para conservar los cargos.
Pero esta diversidad ideológica dentro del «equipo de trabajo» como lo llama Figueroa, es también su mayor debilidad. Las diferencias ideológicas y políticas son constantes, y el único pegamento que mantiene unida a la coalición es la administración de recursos.

Vaca Muerta traerá mucha gente en 2025, según el gobierno. quieren estar preparados ante un desplazamiento de neuquinos de la economía.

Sin embargo, no está claro si esta estrategia tiene fecha de vencimiento: a pesar de que las grietas ya empiezan a aparecer, nadie quiere soltar el cargo.
Figueroa tiene por delante un desafío enorme. Por un lado, debe demostrar que su proyecto es más que un reciclaje de las prácticas tradicionales del poder neuquino donde sus funcionarios no son «outsiders», sino un rejunte de castas. Claro que muchos son valorables en su capacidad de gestión.
Por otro, necesita consolidar un liderazgo que trascienda la buena jugada para ganar elecciones y que dé respuestas a las demandas sociales.
Optimismo y preocupación: Vaca Muerta
En el gobierno hay tanto optimismo como preocupación. Ven que en estos meses habrá una oleada migratoria, que posiblemente desplace a un sector de los neuquinos, que no logra despegar en su economía, alejada del petróleo. Será la llegada de miles de trabajadores a Vaca Muerta, que vendrán con buenos sueldos y dispuestos a desplazar neuquinos con alquileres y chicos en los colegios. Es uno de los escenarios que suena con fuerza.
El gobernador llegó al poder prometiendo cambio, pero su gestión hasta ahora parece un ejercicio de supervivencia. La noticia en los medios corre más rápido que las cuadras de asfalto y la falta de infraestructura para Vaca Muerta.
La renovación que encarna el Frente Neuquinizate está teñida de las mismas contradicciones que caracterizaron al MPN durante décadas. La pregunta que persiste es si Figueroa podrá romper con esa herencia o si terminará siendo otro capítulo en la larga historia de la política neuquina, donde las promesas de cambio casi siempre chocan con las viejas costumbres del poder.
Por ahora, Figueroa sigue navegando en un delicado equilibrio entre el pasado que lo formó y el futuro que prometió. Pero en la política, los equilibrios suelen durar poco.



