Neuquén
La Navidad «vikinga» de Rolo Figueroa
El gobernador festeja con los nombres de sus enemigos en el arbolito. ¿Quién sigue en 2025?
En el vasto escenario político de Neuquén, Rolando Figueroa logró lo impensable: convertir el cierre de un año revuelto en un triunfo de pírrico. En su árbol de Navidad no hay luces ni regalos, sino los nombres de sus adversarios. Uno de ellos, sin lugar a dudas, es el de Gloria Ruiz, su vicegobernadora y exaliada, ahora relegada a ser un trofeo político que adorna la vitrina de victorias del poder.
El conflicto entre Figueroa y Ruiz no es nuevo. Se pelearon desde la elección de intendente en Plottier, cuando «Rolo» quiso imponer infructuosamente a Julieta Corroza. Figueroa no perdona ni olvida.
Pero 2024 marcó su punto más álgido. Ruiz, quien en un momento soñó con ser la heredera del poder de Neuiquén, terminó siendo un virus libertario para el Frente Neuquinizate, un movimiento que se sostiene sobre los hombros de un hombre que no duda en aplicar medidas quirúrgicas y, a veces, despiadadas.
Figueroa, como buen estratega que aprendió de su formación militar del Liceo de adolescencia, utilizó todo el aparato político del Movimiento Popular Neuquino (MPN) y los aliados que pudo comprar en el camino para doblegar a quien osó desafiarlo.
Gloria Ruiz: un mensaje disciplinador
La cabeza de Gloria es un mensaje político para disciplinar a quien levante la voz en su gobierno, ya sea dentro o fuera de su gabinete. Una amenaza explícita que muchos intentan fomentarla como propaganda de algo democrático.

Gloria Ruiz y Rolando Figueroa terminaron el 2024 de la peor manera. A los carpetazos.
Pero este no es un mero ejercicio de poder. Es una muestra de que Neuquén está viviendo una nueva era: la de un gobierno que algunos han denominado “sicario”, no porque use la violencia física, sino porque el gobernador se ha empeñado en mantener su liderazgo enfrentándose a nuevos enemigos cada mañana, al estilo de Javier Milei.
La política en Neuquén es sicaria. No va de frente como la de Milei. Figueroa manda a sus adláteres a destruir cualquier cosa que se le interponga en el camino. Y en esta, Gloria Ruiz tuvo las de perder. Muy floja de papales y con una denuncia escandalosa de corrupción que, para los códigos de la política, fue apenas la punta de un iceberg.
¿En serio una camioneta y una pileta son símbolos de corrupción en este país y la provincia? Pareciera que Ruiz es el chivo expiatorio que necesitaba el gobierno.
La política bajo Figueroa se convirtió en un juego de supervivencia donde solo los leales más útiles logran mantenerse. Un moralismo selectivo y una caja abundante. Una conducta que nada tiene que ver con aquel Figueroa «rebelde y federal», que apoyaba a los elefantes de Salud pública en la pandemia. Todo esto se terminó.
El estilo de gobierno de Figueroa combina dos elementos clave: un discurso de moralidad inflexible (muy sobreractuado para alguien que proviene del MPN) y una billetera que parece no tener fondo.
Con los 5,4 billones de pesos del presupuesto 2025, el gobernador proyecta tapar las bocas de opositores y aliados por igual, desde el pasado, el presente y futuro. Este festín de recursos es un regalo directo de Vaca Muerta, la joya energética de Neuquén, que vive uno de sus mejores momentos.
Figueroa aplica el método de su Liceo de la adolescencia
Sin embargo, hay grietas en esta fachada de moralidad. Los casos de corrupción que involucran a Ruiz, como las transferencias a cuentas de su hermano, han sido hábilmente utilizados por el oficialismo para justificar su destitución.
¿Nada conocía Figueroa sobre Ruiz? ¿O su cercanía a la Libertad Avanza hizo activar el plan de destitución? Todo raro.
¿Acaso no que sucedió con Ruiz no es algo similar al gabinete paralelo que tenía Marcos Koopmann, y que fue motivo que la Asociación Neuquina de Empleados Legislativos (ANEL) le arroje tachos de basura desde los palcos del edificio?
Este gobierno finge demencia, y nadie está dispuesto a recordarle que tiene que tomar una pastilla para la memoria.
Pero esta línea moral, que Figueroa esgrime como un látigo, no es pareja. Su cercanía con figuras cuestionadas demuestra que la pureza política es más bien un instrumento flexible y no un principio inquebrantable. Su gabinete, es un rejunte de castas, que se han beneficiado históricamente con la política.
Quienes conocen a Rolando Figueroa saben que su formación en el Liceo Militar no es un mero dato anecdótico. De esa experiencia le quedan muchos amigos, algunos de ellos con quienes comparte una camaradería todos los años. Uno de ellos es Mariano Arcioni (aunque una camada menor), exgobernador de Chubut e íntimo de Sergio Massa. De ahí, se desprenden varios vínculos con Neuquén.
En ese sentido, su estilo de liderazgo tiene el rigor y la disciplina de un comandante. No admite críticas, no deja flancos descubiertos y no olvida las ofensas. Su resentimiento hacia la vieja guardia del MPN –Jorge Sapag, Omar Gutiérrez, y la Lista Azul completa– sigue siendo un motor de su accionar. Es una política de odio a la neuquina, salvando las distancias con Milei.
Pero hay un problema que se empieza a notar: las costuras del Frente Neuquinizate. Lo que nació como una coalición de renovación política, hoy muestra signos de agotamiento en una fase. A Gloria Ruiz le hicieron bullying por todos lados y si hubiese sido de leal al gobierno no le pasaba nada. Pero al contrario, padeció el escarnio de las políticas de género del gabinete, en su contra.
El sostén de esta estructura depende de cargos y dinero, y aunque Figueroa parece tener suficientes recursos para mantener el barco a flote, los chismeros internos son cada vez más visibles, como en la Casa de Gran Hermano.
¿Qué le depara el 2025?
La pregunta que circula silenciosa en los pasillos del poder en Neuquén es clara: ¿qué otras cabezas adornarán el árbol político de Figueroa en el próximo año? Sindicalistas, opositores, periodistas, incluso exgobernadores, todos parecen estar en la mira de un mandatario que no teme enfrentarse a quien sea necesario para consolidar su poder.
El camino hacia las elecciones de 2025 está despejado para Figueroa, pero no será un paseo tranquilo. Su liderazgo, aunque sólido, depende de mantener el equilibrio entre su discurso moralista y las concesiones políticas necesarias para sostener su coalición. En ese delicado acto, cualquier traspié podría convertirlo en víctima de su propio estilo de gobierno. Porque parece que la vara es tan alta que nadie está limpio.
Mientras tanto, en esta Navidad vikinga, Rolando Figueroa celebra su victoria con una austeridad cruel y simbólica. Porque, en el Neuquén de hoy, la política no se mide en logros o consensos, sino en las cabezas que caen, y que se exhiben como festejos en el arbolito de la política.




