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Neuquén

Más importante que ser respetado es ser temido

La destitución de Gloria Ruiz muestra que las reglas de juego siempre las pone el poder.

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La destitución (disfrazada de suspensión) de la vicebobernadora Gloria Ruiz se inscribe en un guion predecible de la política neuquina, pero no por ello menos impactante. En un entramado que mezcla técnica, estrategia y poder, su salida deja al descubierto un juego que pocos entienden y muchos sufren: la política víctima de la política.

Y en Neuquén, la frase de Maquiavelo da vueltas a cada rato: «Más importante que ser respetado es ser temido».

Ruiz no pudo explicar lo inexplicable: las transferencias discrecionales desde la Legislatura de Neuquén a la cuenta de su hermano Pablo Ruiz, que promediaron diez millones de pesos mensuales.

Gloria Ruiz durante los allanamientos en la Legislatura y la Casa de las Leyes.

En ese silencio técnico y administrativo, el gobernador Rolando Figueroa encontró la excusa perfecta para desatar la tormenta. Con precisión quirúrgica, el mandatario montó un dispositivo político implacable para apartarla.

El golpe, sin embargo, no fue solo suyo. Los actores se multiplicaron en una coreografía sincronizada. Claudio Domínguez, del Movimiento Popular Neuquino (MPN), llevó el cuchillo, mientras que Ernesto Novoa, del bloque Desarrollo Ciudadano y Comunidad, aportó la estrategia discursiva.

Gloria Ruiz sabe quién manda en Neuquén

Cada uno jugó su papel, pero el libreto era claro: mostrarle a Ruiz quién manda en Neuquén, que por ahora, es la suma de todos los poderes que cosechó Figueroa.

El relato para justificar el golpe avanzó en dos planos. Primero, el técnico: ¿quién habilitó esas transferencias?, ¿cómo se burlaron los controles administrativos? Preguntas que siguen flotando en el aire, mientras los responsables directos parecen difuminarse.

El segundo plano fue político. Ruiz había perdido todos los respaldos. Sus antiguos aliados juntaron cada expediente, cada error, y los usaron como munición. La destitución, más que un acto administrativo, fue un mensaje. Y el mensaje fue claro: en Neuquén, quien maneja los hilos es Rolando Figueroa, y las lealtades deben alinearse.

Como en la película El Padrino III, cuando Luchessi le dice a Don Corleone: «Los barcos deben ir en la misma dirección». De lo contrario habrá tiros.

¿Qué pasó con el abogado mediático?

Un capítulo que alimenta el halo de misterio fue la fugaz aparición del abogado mediático Francisco Oneto, quien se ofreció a defender a Ruiz pero duró menos de 24 horas en el escenario.

Según trascendió, Oneto habría recibido información comprometedora contra el propio gobernador, pero decidió dar un paso atrás. En la política, como en el ajedrez, saber cuándo retirarse es una habilidad que pocos dominan.

En el trasfondo de esta trama, la sociedad neuquina parece cada vez más desconectada. La brecha entre representantes y representados no solo es política: es cultural. Todo se reduce a reels y redes sociales, mientras los valores cívicos tradicionales pierden terreno. En este caldo de cultivo, el poder opera con una impunidad que asombra.

Figueroa, quien alguna vez fue víctima del aparato político del MPN azul liderado por Jorge Sapag, ahora dirige esa misma maquinaria con mano firme a su favor. Lo que en 2023 parecía una estructura destinada a derrotarlo, hoy es el vehículo que asegura su hegemonía.

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La destitución de Ruiz no es un final, sino un capítulo más en un libro donde el poder escribe las reglas. Los diputados que ayer hablaron en su contra difícilmente pasen un archivo de transparencia. El MPN, omnipresente pero silencioso, no puede desmarcarse de estos juegos de sombras.

En Neuquén, parece que nada ha cambiado en el ejercicio del poder. Pasó de un feudo a un tecnofeudalismo, donde la afición por «los fierros» recién empieza.

En este escenario, el poder se ejerce como siempre: discrecionalmente, en el barro, donde las alianzas cambian y los nombres importan menos que las estructuras. Gloria Ruiz es ahora una pieza caída, pero el tablero sigue intacto. Y las reglas, como siempre, las dicta quien tiene la manija.

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