Neuquén
La transición enterrada en Centenario: Bertoldi y Cimolai enfrentados por una vieja fractura
A diferencia de Gutiérrez y Figueroa que zanjaron diferencias en pos de la provincia, en Centenario, Bertoldi se resiste de entregar la Municipalidad a su sucesor. La familia del intendente perdió las elecciones y busca refugiarse en el Frente Neuquinizate.
“Los agravios prescriben a los seis meses en política”, reza una máxima que repetía Néstor Kirchner. Pero hay quienes no entienden la dinámica de la política y han cruzado límites de lo personal y rozan los sótanos de la intimidad. Han pasado semáforos en rojo, a toda velocidad, sin importar cómo son las reglas en una pelea.
Esto es lo que sucede hace tiempo en Centenario, la tercera ciudad más importante de la provincia de Neuquén y donde gobierna durante 16 años el peronismo, de la mano del intendente Javier Bertoldi. En esta ciudad, de pioneros devaluados y de una fuerte inmigración por Vaca Muerta, no hay transición política.
Bertoldi perdió la reelección el 16 de abril y su gestión quedó entrampada en este malestar casi infantil de querer «quemar las naves». Sus funcionarios se han deprimido, cuentan desde adentro, el gobierno quiere pasar el mal trago y buscar rápidamente un conchabo en la gestión del gobernador electo, Rolando Figueroa.
Y en ese sentido, no se pone en marcha la transición municipal entre el intendente Bertoldi y su sucesor e «hijo desleal», Esteban Cimolai, quien asumirá el 10 de diciembre su segundo mandato como intendente.
Transición: un tema político y legal
La transición viene demorada a 50 días del cambio de gestión y Bertoldi habilitó la primera reunión el miércoles 18 de octubre. Mandó al secretario de Obras y Planificación Urbana, Gonzalo Peralta, a una corta reunión técnica con Cimolai, pero con la ausencia del intendente.
Está la Ley 2270 y la ordenanza municipal 8244/19 que garantiza los equipos de transición. Pero Cimolai viene ventilando que Bertoldi nunca lo llamó ni para felicitarlo el 16 de abril y mucho menos para la transición.
Esteban Cimolai, intendente electo tuvo una primera reunión de transición con un funcionario de Bertoldi.
Las elecciones son cosas del pasado pero la transición quedó trunca, algo insólito desde lo institucional. En lo provincial, Omar Gutiérrez y Rolando Figueroa nunca se llevaron bien. Hubo una guerra política y personal, pero en estos meses la madurez y los intereses provinciales dieron paso a la razón. Hay una transición en marcha, fotos mutuas y formalidad para entregar el gobierno.
La política en Centenario tiene un grado de infantilismo. Bertoldi perdió las elecciones, nunca llamó al ganador y tampoco activó la transición hasta hace unos días.
En Centenario esto no sucede. Bertoldi está enojado hace varios años con Cimolai, su sucesor en el gobierno municipal 2015-2019 y se ha cansado de desfenestrarlo en la Unidad básica de Centenario, como en algunas radios. Habla de traición, una palabra espesa dentro de la política y muy volátil.
A Cimolai le tocó bailar con el peor gobierno durante la gestión de Mauricio Macri, donde apenas pudo bajar fondos para asfalto, un polideportivo, el Paseo Costero y algunas plazas. Pero su fuerte fue la construcción política, un poco más horizontal y amable, que descomprime la tozudez con la que manejó la tropa Bertoldi durante los primeros dos gobiernos municipales.

Berroldi y Cimolai en 2015. Otros tiempos. El intendente fantaseaba con la gobernación.

Cimolai pegó el portazo de la estructura del Partido Justicialista, apenas asumió en 2019. Ventiló que Bertoldi le había dejado un municipio inviable desde lo financiero (temas de difícil comprobación y miradas) y aguantó gente del palo bertoldista por años en su gabinete.
Pero en 2019 se emancipó y armó un partido vecinal, Somos Centenario, con vecinos de varios partidos, sobre todo antiperonistas, algunos. Se presentó a la reelección y perdió por 1200 votos, en un duelo mano a mano con su ex patrón político.
La transición en 2019 fue mucho más larga que la que está en marcha en 2023. Ese año se votó un 10 de marzo y hubo nueve meses eternos donde Cimolai aceleró en algunos temas de gestión e hizo una transición pública de cuatro días en la Casa de la Cultura. El intendente Bertoldi, nunca fue ni le interesó ninguna de esas comisiones.
Cuando le tocó entregar el diploma del intendente Bertoldi en 2019, Cimolai lo hizo en mano, sin rencores. Pero hace una semana no sucedió lo mismo. En la entrega de los certificados a las autoridades electas, el intendente no asistió. Ni tampoco sus funcionarios, como un gesto de desplante, que no se vio en el gobierno provincial, cuando ocurrió lo mismo en el Cine Español. Ahí estaban Guitérrez, Figueroa y Mariano Gaido.
El freno que tuvo la transición en Centenario generó un clima de malos comentarios desde lo institucional. ¿Por qué el intendente se niega a sentarse con el jefe comunal electo y entregar el gobierno?
Pero dentro de esta dinámica de enojos, entra también la diputada nacional por el Frente de Todos y sobrina del intendente de Centenario, Tanya Bertoldi, hoy una persona que se le ha pegado (como otros peronistas) al saco de Rolando Figueroa.
A Tanya Bertoldi, algunos peronistas no le tienen respeto político. En 2021 se quedaba afuera de la banca en el Congreso Nacional, y los votos del FdT de Cutral Co, es decir de Ramón Rioseco, la salvaron de quedarse sin nada. En Centenario, por caso su ciudad por adopción por su tío, salió en cuarto lugar.
“Llegó a ser diputada por los votos de Cutral Co, pero hoy está con Figueroa y perdió en su pueblo. Encima se quieren quedar con el partido”, confió a Política Viral, una fuente que conoce todos los sótanos del PJ neuquino.
Mientras Figueroa ha reunido a los intendentes en el interior, los que ganó con el Frente Neuquinizate y los del MPN, Centenario pareciera ser un territorio extraño y conflictivo. Al fin y al cabo, a partir del 10 de diciembre el gobernador electo tendrá que poner un pie en Centenario y reunirse institucionalmente con Cimolai.
Precisamente ese escenario es el que resiste Bertoldi, quien salió en un cómodo tercer lugar en las elecciones, con 3946 votos (15,8%).
En Centenario la gestión Bertoldi padece el síndrome del “príncipe destronado”. Le ha crecido un hermano de su propia sangre, al que ya no aceptan. Un hermano que viene del propio riñón peronista.
Dice el refrán “a rey muerto, rey puesto”, aunque muchos no aceptan que la política cumple su ciclo de los clanes familiares.



