Análisis
«Es el consumo…»
Una idea frente a la espiral inflacionaria.
Hay cosas que a Ud. le interesan y que escriben para Ud., pero Ud. no conoce del todo y, digámoslo, no se la explican muy bien. Don Arturo Jauretche dijo alguna vez que: “En economía no hay nada misterioso ni inaccesible al entendimiento del hombre de la calle. Si hay un misterio, reside él en el oculto propósito que puede perseguir el economista y que no es otro que la disimulación del interés concreto al que sirve”.
Digamos, igualmente, que muchas notas sobre economía dan por supuestos determinados
conocimientos sobre la economía como ciencia. Lo mismo que muchos y muchas economistas “bienintencionados” que disertan en los múltiples medios audiovisuales. Pero, muchos/as otros/as (quizá los/as más) persiguen “la disimulación del interés concreto a que sirve”.
Dicho esto, vayamos a lo importante.
El motor del consumo privado (de su consumo) es, por excelencia, el salario de los/as trabajadores/as registrados/as. A este tipo de ingresos deben sumársele aquellos que se procuran los trabajadores y trabajadoras por cuenta propia. En los países en que se procura un piso de acceso social a los bienes y servicios que se producen en su economía (como lo es la Argentina), también los distintos ingresos de tipo asistenciales que las personas físicas o humanas perciben por no contar (aún) con un trabajo asalariado o con la posibilidad de desarrollar una actividad económica por sí. Pero a estos ingresos se los incluye en otro “rubro”, llamado gasto público, al que volveremos más adelante.
La medida anual de dicho consumo privado explica una de las expresiones desagregadas del tantas veces mencionado, escrito y leído, producto bruto interno, o PBI, o PIB. Entramos acá en un terreno que tiene que ver con la frase de don Arturo, pero no perdamos tiempo y sigamos. Éste es lo que un país produce en el plazo de un año, medido en una unidad de moneda que, para tornarlo comparable, por lo general es el dólar estadounidense. Cuando se dice que un país “creció un ‘x’%” se refiere que su producto bruto interno aumentó en dicho porcentaje, siempre refiriéndose al año anterior (salvo que, expresamente, se lo compare con la misma medida, pero de otro período). Obviamente, esta medida puede darse mensualmente, bimestralmente, semestralmente, siempre comparándose con mismo período de tiempo anterior.
La ciencia económica entiende que nada se va a producir si no es demandado. Suena lógico que nadie va a fabricar, o a comprar para vender, nada que no sea demandado por nadie que lo vaya a comprar. Ese producido anual, por ende, no sería tal si nadie lo demandara. Es de esto que se desprende que “el producto” (el PBI) es “igual a la demanda (agregada)”. ¿Y ese “agregada” entre paréntesis? Es porque “agregar” es equivalente a “sumar”. ¿A sumar qué? A sumar otros elementos, “desagregados” hasta que se los “agrega” (hasta que se los “suma”). ¿Y cuáles son estos elementos? Ya mencionamos el consumo privado. Este es uno. Los otros elementos que se “agregan”, por convención de la ciencia económica, son 3 (tres): la inversión privada (I), o la cantidad de activos productivos (equipos, maquinaria, etc.) que se producen en el plazo de un año por las empresas privadas; el gasto público (G; o consumo público; o inversión pública; pero, por convención, gasto público), que es lo que el Estado “gasta” en la adquisición de bienes y servicios en el período de un año; y las exportaciones netas (Xn), o sea, la exportaciones de bienes y servicios (X) producidas también en un plazo anual restadas de las importaciones de bienes y servicios (M).
Escrito como fórmula sería algo así: PBI = C + I + G + Xn (X-M). Y, como ya se dijo, si nadie va a producir lo que no es demandado y, por ende, “la demanda (agregada) es igual al producto (PBI)”, entonces PBI = DA = C + I + G + Xn (X-M), donde DA es demanda agregada (ahora ya sin los paréntesis -para no “andar despilfarrando paréntesis por ahí”-). A esto le podemos agregar que se entiende que, en una economía (la de un país), no se pueden generar más ni menos ingresos que el valor de aquello que se produce. Digamos que, si solo se produce aquello que es demandado, nadie puede obtener por dicho producido (ingreso, Y) más (ni menos) de lo que dicho producido “sale” (o “vale”; pero no nos vamos a meter con el concepto de valor aquí). Entonces tenemos que el producto interno bruto (o bruto interno, o PBI, o PIB) es igual a la demanda agregada, y que ambos son iguales, al ingreso (ingreso nacional). Y que todos son iguales entre sí: P = DA = Y.
Así las cosas, el lector podrá darse cuenta, entonces, que, cuando el C (consumo privado) aumenta o disminuye, lo que produce un país en un año (“producto”, PBI, etc.) aumenta o disminuye en la misma cuantía, si los demás elementos (I, G, o Xn) se mantienen en igual valor. Lo mismo se puede decir de cada uno de los otros 3 (tres) elementos de “la formulita de arriba”. Si aumenta o disminuye la “I”, aumenta o disminuye lo que produce un país en un año (“producto”, PBI, etc.), si los demás elementos mantienen un mismo valor asumido.
Pero, ¿para qué “todo esto”? Porque quizá era necesario para llegar a algo que está faltando en “todo esto”. Y es algo que a Ud. le interesa.
Repito: falta algo. “Todo esto” ocurre bajo una condición. Caso contrario, los valores que podrían cada uno de los elementos desagregados mencionados (distintas demandas “des-agregadas”), entre otras cosas, serían incomparables entre sí. Esa condición es que: son iguales… para un mismo nivel de precios. El nivel de precios es lo que faltaba. Y, en interés del lector, la “inflación”, es decir: la suba sostenida (persistente en el tiempo) y generalizada (para todos los bienes y servicios) de ese nivel de precios de la economía. Esa que hoy estiman incrementándose en “más de un 60, o 70, o más” por ciento anual.
Los cambios en los precios, entonces, definen distintas cuantías de inversión privada, consumo, gasto público y exportaciones netas y, así, mayor o menor “crecimiento” de la economía… O… igual “crecimiento” de la economía (PBI, Y, DA) pero “un poco más” de I que de C, o “un poco menos” de G y “un poco menos” de C “pero algo bastante más” de Xn, y todas las variantes posibles.
Si los precios de la economía aumentan sostenida y generalizadamente (inflación), Ud. ya puede sospechar que el C (consumo privado) no va a ser tan “grande” como podría, salvo que todos los ingresos que perciben los “consumidores” (en su mayoría, trabajadores y trabajadoras, en relación de dependencia o cuentapropistas, “en blanco”, “en negro”, etc.), puedan tener incrementados sus ingresos de alguna manera: incrementos de salarios vía paritarias para los trabajadores y trabajadoras registrados/as (y “bajo convenio” de la actividad que desarrolla su empleador), aumentos de precios de los trabajos o mercaderías que ofrecen los y las trabajadores y trabajadoras cuentapropistas.
Pero si esto no ocurre, para seguir produciendo la misma cantidad de bienes y servicios en el país (lo cual implica que siga siendo rentable hacerlo para quienes los producen) debe ocurrir que: 1) o debe haber mayor G (gasto público), directa o indirectamente (comprando bienes para producir obra pública -por ejemplo-); o, indirectamente, incrementar recursos asignados a planes y programas sociales, que signifiquen ingresos de dinero para los hogares beneficiarios, los cuales terminan en la compra de bienes y servicios básicos para su día a día; o 2) deben poder ser “colocados” (vendidos) en el exterior, o sea, mayor X (exportaciones).
Si el gasto público se incrementa, sea para “compensar” el menor consumo con mayores (o para incrementarlo), el mismo, obviamente, debe “pagarse” (financiarse). ¿Cómo? 1) mayor emisión de pesos, o 2) toma de deuda en pesos (tomar deuda en dólares para financiar gasto en pesos es un completo sinsentido; se ha hecho, pero para otros propósitos y viene a cuento más adelante). En ambos casos, la mayor cantidad de dinero “circulando”, puede ser “absorbida” para (“terminar en”): 1) efectivamente, el consumo; 2) el ahorro en pesos, en caso que las tasas de interés ofrecidas por bancos y otras entidades, para distintos “instrumentos de ahorro” en pesos (desde plazos fijos hasta acciones, bonos, etc.); 3) la compra de moneda extranjera (dólares). La tercera de las opciones mencionadas, compra de moneda extranjera (dólares), produce “algunas cosas”.
El gasto público, en la medida que dicho gasto resulte superior a los ingresos por recaudación de impuestos y otros ingresos del Estado (es decir, en la medida en que derive en lo que Ud. suele escuchar como “déficit fiscal”), y en la medida en que se haga crónico, produce “otras cosas”. ¿Qué produce el déficit fiscal? En la medida en que se haga crónico y que la inflación deteriore sistemáticamente el poder de consumo y, a consecuencia de ello, también sistemáticamente la recaudación de impuestos, produce expectativas negativas respecto de que el Estado pueda seguir sosteniéndolo y, por ende, deba recurrir a cobrar más impuestos o a recortar gastos. En ambos casos, las expectativas negativas redundan en alzas de precios, ya sea para hacerse de los billetes circulantes que (estiman) van a escasear (los que ponen precios a los bienes y servicios; que son quienes los producen y/o comercializan), ya sea para adelantarse a mayores impuestos, ya sea para tener “mayor poder de fuego” para hacerse de dólares para atesorarlos como reserva de valor para sus gastos futuros (no perder frente al alza de los precios de sus proveedores).
Diversos análisis respecto de la relación entre gasto público y niveles de precios validan la postura de que no es el mayor gasto público lo que produce inflación, sino que esta última tiene mayor relación con la escasez de dólares. Y, por ende, es la naturaleza bimonetaria de la economía la que explica realmente el fenómeno inflacionario.
A cuento de esto último, la economía bimonetaria, en la que el circulante de pesos termina en la compra de moneda extranjera (dólares), produce (como se ha dicho más arriba) “algunas cosas”. Cuantos más dólares se demandan, aumenta el precio (cotización, tipo de cambio) de éste y, por ende, se necesitan mayores cantidades de pesos para comprar 1 (un) dólar, o 100 (cien), o 1000 (mil), etc.
Si a esto se le suma que la Argentina produce alimentos cada vez más demandados por el resto del mundo, aumentando el precio de los mismos, los cuales se compran en dólares (porque es la moneda con que se intercambian bienes y servicios en el mundo), cuanto mayor sea el precio del dólar quienes producen dichos alimentos más pesos van a demandar por vender los mismos acá, en Argentina, en cambio de destinarlos a venderlos en el mundo a precio dólar en el exterior (exportaciones, X).
Asimismo, a mayor valor del dólar, más incentivo para que quienes requieren importar diversos bienes y servicios del exterior (en los más de los casos, necesarios para producir acá, en el país), busquen importar todo lo que puedan lo más rápido posible, a los fines de pagarlos al dólar más barato al que puedan acceder, entendiendo que la cotización del dólar seguirá aumentando. Esto, obviamente, genera mayor presión al aumento del tipo de cambio (aumento de precio del dólar medido en pesos argentinos) y vuelve a incentivar la suba de los precios de los bienes y servicios que se venden en el país, a los fines de hacerse de la mayor cantidad de pesos posibles para afrontar más compras de dólares que, en el futuro, estiman seguirán costando cada vez más.
Este mecanismo, sumado a la imposibilidad de acceder a crédito internacional en dólares, debido a que en el período 2016-2019 se tomó todo el crédito posible, tanto de inversionistas privados como del prestamista de última instancia de países en “default” (o en vías de serlo), el FMI (y demás organismos de crédito internacional), “reseca” de dólares las reservas del Banco Central (BCRA).
Y de nuevo: a escasez de dólares, mayor su precios en pesos. Y la “rueda inflacionaria” sigue girando, alimentándose de cada vez mayores incentivos a “pasarse de pesos a dólares” (o hacerse de más pesos para cuando cada dólar valga aún más que hoy). El consumo, C, retraído por los mayores precios (pérdida del poder de compra de salarios y otros ingresos de los hogares). El gasto público, G, restringido por el cumplimiento del “sendero fiscal” (achicar el déficit fiscal; diferencia negativa entre gastos del Estado menos recaudación de impuestos) firmado con el FMI. En el campo de las exportaciones netas (Xn): con las reservas del BCRA al límite, porque las exportaciones, X, superan con creces a las importaciones, M, pero la diferencia positiva “se va” vía turismo, vía compra de dólares en pesos para su posterior venta en dólares, vía atesoramiento de personas físicas o humanas, vía sobrefacturación de importaciones y subfacturación de exportaciones, no-control (o descontrol) de los puertos y del comercio exterior en general, pagos de vencimientos de deuda en dólares (capital y/o intereses), etc., etc. etc. La inversión, I, manteniéndose… pero para vender bienes y servicios en el exterior (quienes exportan) o, los que se venden acá, remarcándose continuamente porque, a su vez, sus proveedores les remarcan continuamente; sumado esto a tasas de interés que tienden a ser positivas (por sobre la inflación), lo cual no está mal pero encarecen la posibilidad de comprar insumos a plazo para producir localmente. Complicado.
Ni C, ni G, ni Xn que se traduzca en mayores reservas internacionales sino en mayores precios locales… Y con I (inversión), no alcanza. Crecemos. Si. Pero, sin recomponer ingresos (los de los hogares), el crecimiento (más PBI; veremos hasta cuando…), si no se lo quedan las familias, se los quedan los que son propietarios del capital. Las empresas. Los costos (como habrán notado en todo lo descripto, la inflación es un fenómeno de costos) son trasladados a precios. La ganancia empresaria no se toca. Así que, lo que no soportan las empresas, lo soportan las familias… Además, muchos mercados de elementos básicos de consumo, se encuentran con grados de concentración “poco amigables”, con gran “poder de fuego” y “espaldas” para influir en los mercados reales y financieros en favor de sus intereses: mayores tasas de ganancia.
Todo esto, más un mundo sin energía; que la demanda y, por ello, incrementa su precio como los precios de todo aquellos que se produce con ella. Un mundo con una inflación global inédita.
Pero bueno… ¿Y? ¿Qué hacemos?
Bien. Estas líneas pretenden lo que las mismas desandaron, que son algunos conceptos sobre la economía de un país cualquiera, volcándolos (lo más sencilla y sucintamente) a nuestra situación particular como país.
Pero estamos llenos de diagnósticos. Brotan de los suelos. Entonces, urge una idea. Aunque sea una sola. Una idea que, seguramente, necesite de muchos instrumentos muchos mas “finos” de identificar, medir y aplicar. Pero, al menos una idea.
Bien. Hablamos de que el gasto público, G, “no debe” (acuerdo con FMI) expandirse más allá de ciertos y muy acotados márgenes. Vamos a suponer que esto “no puede” tocarse. Los niveles de inversión privada son buenos, más que buenos quizá. Las exportaciones netas, Xn, no están engrosando las reservas del BCRA y las obligaciones financieras en dólares (tanto del sector público como del privado) no dan mayor margen tampoco. Queda el consumo privado, C, el de las familias. Que no se recuperó nunca desde la caída del período 2016-2019 (o “corre detrás” de los precios, muy detrás).
¿La idea? Es el consumo.
Aumentos salariales de sumas fijas. Y de beneficios de planes y programas de planes sociales, pagados estos, con mayores anticipos de ganancias no solo de los gastos en dólares por servicios pagados en el exterior, sino de anticipos de impuesto a las ganancias aplicados a las liquidaciones de exportaciones. Temporariamente, mientras no se consigan gravar las “riquezas inesperadas” y, quizá, con posibilidad futura (en caso que se torne en ley) de ser compensable con este nuevo tributo o con el impuesto a las ganancias de lo cual constituye adelanto. A discrecionalidad del contribuyente, cuando debe liquida uno y otro tributo (repito, si el impuesto a la riqueza inesperada se torna ley).
Las sumas fijas impactan, porcentualmente, mucho más en quienes hoy tienen ingresos bajos que en los que ya tiene ingresos medianos a altos (siempre hablando de asalariado, cuentapropistas, o de beneficiarios de planes o programas sociales). $ 30.000.- para quien tiene ingresos de $ 300.000.- significan un 10% de incremento. Para quien tiene ingresos de $ 60.000.-, un incremento de un 50%. No es un porcentual “X” que ya da una pauta para “remarcar” precios. Esto ya no sería estrictamente consumo, C, sino gasto público, G, pero podría tener efecto nulo respecto del déficit (o reducirlo vía recaudación del anticipo mencionado, así como de IVA y demás tributos que correspondan).
Por otra parte, si bien la mayor cantidad de pesos que reciben quienes suelen dedicarlo casi en su totalidad a consumo, C, vuelven a los mismos empleadores (que luego pueden destinarlos a, por ejemplo, el mercado de cambios, para la compra de dólares), esos pesos destinados a pagar los incrementos son “desviados” del destino de compra de dólares, temporalmente, hasta tanto retornen a ellos por ser quienes, en definitiva, producen los bienes y servicios que consumen los que acceden a las sumas fijas. Puede descomprimir la demanda de dólares de corto plazo, con su efecto (nunca negativo) sobre el tipo de cambio y, luego, los precios. Sobre cómo obtener los dólares de los silos bolsas: en la próxima nota, quizá. Aunque ojalá no necesite escribirse.
Ahora. Recomponer ingresos.
Y, si la inflación es costos y, dentro de los costos, la puja distributiva (salarios vs. tasa de ganancia empresaria) es un elemento central: entonces, que sea puja. Y que el Estado puje del lado que le corresponda pujar (o que le corresponde pujar más).
“La teoría de la ganancia que marca las obras de Marx y de Kalecki está fundada en la idea de que siempre que los capitalistas gastan dinero en su propio consumo y en la inversión, el dinero que gastan vuelve a sus bolsillos bajo la forma de ganancias.”* El Estado tiene un papel que cumplir. Una responsabilidad.
“Es el consumo,…”.
* “Lecciones de Kalecki”, Daniel Finn, El Cohete a la Luna (17 de julio de 2022). https://www.elcohetealaluna.com/lecciones-de-kalecki/
Por: Javier Martínez
Cdor. Público FCE-UBA
(titulo en trámite)




