boca de pozo
Los datos de industria y la construcción sacuden al Gobierno y hasta los propios piden cambios
El INDEC confirmó que la industria cayó 5% en julio y la construcción, 4,6%.
El martes el INDEC publicó dos de los indicadores más relevantes de la economía real y los dos llegaron en rojo. La industria manufacturera cayó 5% mensual en julio —según la serie desestacionalizada del Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI)— y 4,9% en la comparación interanual. La construcción no fue distinta: el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) retrocedió 4,6% mensual y quedó 4,5% por debajo de julio de 2025. En ambos casos, los datos borraron de un golpe las leves recuperaciones intermensuales que habían mostrado mayo y junio.
Doce de dieciséis divisiones en caída
El deterioro industrial fue extendido. Doce de las 16 divisiones manufactureras relevadas por el INDEC tuvieron caídas interanuales. Los sectores más golpeados fueron equipos de informática, televisión y componentes electrónicos, con un desplome de 49,8% interanual; maquinaria agropecuaria, 46,6%; otros equipos, aparatos e instrumentos, 31,4%; y maquinaria y equipo en general, 26,7%. También cayeron prendas de vestir, cuero y calzado, con 15,9%, y vehículos automotores, carrocerías y autopartes, 5,4%.
En la construcción, el consumo de insumos también mostró rojo en casi toda la línea: asfalto cayó 23,1% interanual; yeso, 21,2%; ladrillos huecos, 12,9%; cales, 9,8%; hormigón elaborado, 9,5%; cemento Portland, 8,1%.
En el acumulado de los primeros siete meses del año, la producción manufacturera ya acumula una caída de 2,6% frente al mismo período del año pasado. La construcción todavía conserva un crecimiento acumulado de 1,7%, pero el fuerte retroceso de julio volvió a encender las alarmas.
«Algo hay que cambiar»
La reacción más resonante no provino de la oposición. Lucas Llach, economista y exvicepresidente del Banco Central, resumió su lectura en apenas cuatro palabras: «Algo hay que cambiar.» La frase adquirió otra dimensión por la cercanía intelectual de Llach con Federico Sturzenegger, uno de los principales artífices de las reformas económicas del Gobierno.
Gabriel Caamaño Gómez fue contundente: «Muy feos», definió los números, y advirtió que «se sigue confirmando que los datos de actividad económica de julio 2026 vienen bastante feos».
La reacción más explícita llegó de Julián Yosovitch, cercano a LLA. «Muy malos números. El Gobierno debe tornarse más laxo para incentivar la macro», afirmó, y advirtió que si esta dinámica se sostiene tendrá un impacto negativo en la recaudación y «amenaza luego el equilibrio fiscal, además de que empeora el humor social rumbo a elecciones». La advertencia encierra una paradoja: una economía demasiado débil puede terminar complicando el mismo equilibrio fiscal que el Gobierno busca proteger.
En un registro más ácido, el economista Nicolás Cachanosky apuntó directo a una promesa oficial: «Fuertes caídas de la actividad industrial y la construcción. ¿Estos eran los mejores 18 meses que íbamos a ver?«, escribió, en referencia a las declaraciones de Caputo en el AmCham Summit de abril.
«No vemos drivers»
Desde la consultora LCG, el diagnóstico sobre lo que viene no fue más alentador. «No vemos drivers que empujen la recuperación. En el caso de la construcción, las expectativas de mayores obras están bastante acotadas y el programa de préstamos hipotecarios a UVA +7% que recientemente ofreció el Gobierno no moverán la aguja. En el caso de la industria, los crecientes ratios de mora del sector, la demanda interna deprimida, la competencia de las importaciones y la inflación en dólares son todas cuestiones que actúan como lastres.»
Los datos privados de agosto no llegaron a mejorar el cuadro. El índice Construya registró un descenso de 3,46% mensual y una baja de 5,3% interanual en agosto.
El talón de Aquiles: el empleo
Los números de julio adquieren otra dimensión cuando se cruzan con el mercado laboral. Desde diciembre de 2023 hasta mayo de 2026, la industria perdió unos 84.000 empleos privados registrados y la construcción, alrededor de 49.000.
El empleo asalariado privado registrado acumuló doce meses consecutivos de caída y perdió unos 241.000 puestos, regresando a niveles similares a los de una década atrás. El Gobierno sostiene que en ese período se crearon alrededor de 500.000 puestos considerando todas las modalidades laborales, pero detrás de esa cifra hay una transformación menos auspiciosa: crece el cuentapropismo mientras cae el empleo asalariado formal, con menor protección y mayor volatilidad de ingresos.
La paradoja del viento a favor
Lo que vuelve particularmente incómoda la situación es que Argentina no está atravesando un shock externo. En 2026 exportaría más de US$ 100.000 millones, con un saldo comercial enorme, y algunos de sus principales sectores exportadores atraviesan un momento extraordinariamente favorable. Vaca Muerta y la minería crecen; los dólares entran. Pero el crecimiento de esos sectores está lejos de compensar la destrucción de puestos que se produjo en actividades como industria y construcción.





