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Trump habló con el premier británico y aunque no mencionó a Malvinas, hay preocupación por un posible giro Americano
Qué hay detrás de la declaración de Trump sobre Malvinas y la llamada con Andy Burnham.
Donald Trump y el primer ministro británico Andy Burnham hablaron este lunes por teléfono. Hablaron de Ucrania, de Medio Oriente, del Estrecho de Ormuz y del crecimiento económico del Reino Unido. Malvinas no apareció en el comunicado de Downing Street. Tampoco en la versión de Washington, pero el giro que ya estaría dando Estados Unidos podría cambiarlo todo.

La llamada se produjo una semana después de que Trump declarara desde el Salón Oval que «siempre revisa todas las posiciones» cuando le preguntaron por la soberanía de las islas, una frase que Javier Milei convirtió en cadena nacional y en el mayor movimiento político de la semana. Lo que siguió fue el silencio del Departamento de Estado, la respuesta firme del secretario de Defensa británico Wes Streeting — «Las Malvinas son británicas» — y ahora una conversación entre los dos líderes en la que el tema directamente no existió.
El eje que Trump está construyendo
Para entender qué está pasando con Malvinas es posible que convenga leer el mapa más amplio de la política exterior de Trump. La Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 y la Estrategia de Defensa Nacional de 2026 establecen con claridad el nuevo centro de gravedad de Washington: la defensa del hemisferio americano como esfera de influencia exclusiva de Estados Unidos, con un cordón marítimo y aéreo en el Atlántico y el Pacífico. La administración Trump formalizó lo que llama el «Corolario Trump» a la Doctrina Monroe: la idea de que Estados Unidos debe controlar su hemisferio y expulsar de él la influencia china. El objetivo es consolidar aliados que operen dentro de esa lógica.
En ese esquema, según Leslie Vinjamuri, presidenta del Chicago Council on Global Affairs, esta administración quiere enlistar a sus amigos para asegurar su dominancia en el hemisferio occidental. Trump ha prometido reafirmar la dominancia estadounidense en la región y frenar lo que considera años de avance económico chino en el patio trasero de América. Argentina, bajo Milei, es uno de los aliados funcionales más útiles de ese proyecto. La base naval en Tierra del Fuego -que Milei presentó como un anuncio soberano- y que en realidad es una reedición de lo que ya anunció en 2024 junto a la generala Richardson- encaja perfectamente en esa lógica.
Los líderes mundiales están tratando cada vez más el manejo de las emociones de Trump como una prioridad estratégica. Burnham no es la excepción: en la llamada le deseó un feliz Día del Trabajo, (el Labor Day se celebra cada primer lunes de septiembre en Estados Unidos) destacó las estadísticas de empleo estadounidenses y subrayó los «signos positivos de crecimiento» de la economía británica. En definitiva, se trata del tono de quien necesita mantener el vínculo sin irritar al interlocutor.
Pero la tensión de fondo existe. Los primeros meses de 2026 expusieron una fractura creciente dentro de la alianza transatlántica, con Europa respondiendo con inusual contención a los pedidos estadounidenses de mayor involucramiento en el conflicto con Irán. Trump fortaleció y debilitó las alianzas estadounidenses simultáneamente: presionó a los aliados a gastar más en defensa, pero también los dejó cubriendo sus espaldas ante la imprevisibilidad de Washington.
En ese contexto, la declaración de Trump sobre Malvinas puede leerse de otra manera. Si el giro estratégico de Washington apunta a consolidar el hemisferio americano como esfera de influencia exclusiva — desplazando no solo a China sino también a otras presencias extracontinentales — entonces la insinuación sobre las islas no sería una palanca para obtener el apoyo británico sino una señal más ambigua: la de que el Reino Unido ya no puede dar por sentada la neutralidad estadounidense en el Atlántico Sur. No es una amenaza. Es una pregunta que Trump dejó flotando y que Burnham, en la llamada del lunes, prefirió no abrir. Tal vez, para no apresurar una respuesta que no quiere oír.






