boca de pozo
Murió Norberto Galasso, el contador que eligió reconstruir la historia de los perdedores
Tenía 90 años y hasta pocas semanas antes de morir seguía escribiendo.
En el estudio de Norberto Galasso había libros por todos lados. No de manera decorativa, pulcra ni ordenada como en las oficinas donde los libros están para suavizar el aspecto embrutecido de los que quieren mandar pero no los conocen por dentro. En lo de Galasso, las pilas de libros y papeles tenían una función práctica. Estaban ahí para ser revisados constantemente, de manera casi peligrosa, como si en cualquier momento una pila pudiera venirse encima de ese viejito pequeño, de sweter rojo, camisa blanca y pantalón de vestir.

El hombre había pasado más de medio siglo acumulando ese material con un propósito preciso: entender cómo la Argentina llegó a ser lo que es, en su grandeza y en su más reciente decadencia, y por qué el relato oficial pareciera contar la historia con el desatino propio de los que cuentan el pronóstico meteorológico.
Norberto Félix Galasso nació el 28 de julio de 1936 en Buenos Aires y murió este lunes por la mañana a los 90 años. Era contador de profesión — egresado de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA en 1961 — e historiador por vocación, por terquedad y, en el mejor sentido de la palabra, por convicción política. Publicó más de cincuenta libros. Ninguno lo hizo rico.
El camino que lo trajo al peronismo
Su primer contacto con la política fue desde la izquierda. En 1964 se incorporó al Partido Socialista de la Izquierda Nacional de Jorge Abelardo Ramos, donde empezó a leer a Marx con los ojos puestos en la Argentina. Pero fue el encuentro con los «malditos de la historia argentina» — Scalabrini Ortiz, Jauretche, Manuel Ugarte, Juan José Hernández Arregui — lo que lo llevó a una síntesis que en los setenta era heterodoxa y hoy es casi un género propio: la izquierda nacional.
En 1973 trabajó como síndico en Eudeba, dirigida por Arturo Jauretche, sobre quien escribiría una de sus biografías más celebradas. Galasso, como tantos otros de su crew, militó el peronismo, pero cuando a éste le tocó el poder, decidieron pertenecer desde una posición incómoda: la del intelectual que acompaña sin disolverse, que valida sin volverse escriba y que discute el presente sin importar demasiado las consecuencias personales.
La relación con el peronismo fue siempre así: cercana y tensa a la vez. No fue un orgánico ni un cuadro del peronismo tradicional. Fue alguien que creía que el movimiento expresaba algo verdadero y auténtico del pueblo argentino. Aunque esa amalgama sea frágil y no siempre sea de lo más fructífera.
De Perón a Cristina, siempre afuera
Cuando el kirchnerismo llegó al poder, Galasso fue una de las voces del campo intelectual nacional que acompañó con entusiasmo y con matices. En 2014, Cristina Kirchner lo designó «Embajador de la Cultura Popular Argentina», el único cargo que tuvo en su vida. No era un cargo de poder: era un reconocimiento.
Cristina Kirchner lo despidió hoy en redes: «Despedimos con mucha tristeza a Norberto Galasso. Gran compañero. Historiador imprescindible de la Argentina». Felipe Pigna escribió: «Hasta siempre maestro». Daniel Filmus pidió que el mejor homenaje sea seguir leyendo y difundiendo su pensamiento.
Si bien «el viejo», como decían con cariño algunos para referirse a él en su ausencia, no era de andar mostrándose y en su estudio casi no había fotos suyas, guardaba en un sencillo marco colgado de la pared una escueta carta escrita de puño y letra por Juan Perón. Ese hombre de memoria prodigiosa, voz pausada y andar algo canchero, se codeó poco y nada con el establishment político, mucho menos con el académico (era contador!!), pero lo suficiente con los intelectuales malditos del siglo XX. Con él se fue la memoria viva de aquel país al que este país decidió darle la espalda. Pero ya se sabe lo que ocurre con el pasado cuando se le da mucho la espalda.






