boca de pozo
Adorni, eliminado
Con el boleto picado hace meses y en medio del Mundial, Mieli se quedó sin Jefe de Gabinete.
La renuncia de Manuel Adorni llegó después de meses de erosión ante la opinión pública y de un Presidente como Javier Milei que, pese a defenderlo en cámaras y estudios amigos, terminó admitiendo que no podía sostenerlo más en el cargo.
Ni las entrevistas con comunicadores cercanos al oficialismo ni los ataques al resto del periodismo —al que había acusado de “inventar denuncias” por falta de pauta— alcanzaron para frenar la percepción de un jefe de Gabinete desbordado por sus propios escándalos y convertido en problema político y económico para la gestión libertaria.
El principio del fin se remonta al viaje de Milei a Nueva York, en marzo de 2026, cuando una foto en el cementerio de Queens reveló la presencia de Bettina Angeletti, esposa de Adorni, en la comitiva oficial.

Suena Santilli como reemplazo de Adorni.

La imagen, tomada durante uno de los homenajes del Presidente ante la tumba del Rebe de Lubavitch, destapó que la pareja había volado en el avión presidencial, en abierta contradicción con el decreto 712/2024 que el propio Adorni exhibía como símbolo del fin de los “privilegios de la política”.
Manuel Adorni: «Apenas un periodista»
La cascada de críticas fue inmediata: quienes habían denunciado el uso de recursos estatales para fines personales eran descalificados como “apenas periodistas”, pero la contradicción entre el discurso moralizador y la práctica quedó instalada.
Sobre ese telón de fondo se fueron acumulando otras promesas quebradas. Milei había asegurado en público que “ni en pedo se va Adorni” y que prefería perder una elección antes que echar a un inocente, compromiso que ahora queda archivado junto a otros virajes ya convertidos en memes, como aquel video en el que decía que se “cortaría un brazo antes que subir un impuesto”, contraste brutal con la reposición del impuesto a las Ganancias para trabajadores apenas asumió la Presidencia.
La salida de Adorni se inscribe así en una narrativa más amplia de promesas incumplidas y un oficialismo obligado a recalcular por la presión social y el costo reputacional.
El desgaste mayor llegó cuando empezaron a conocerse los inmuebles adquiridos por el jefe de Gabinete y el caso quedó en manos de la Justicia federal.
El fiscal Gerardo Pollicita abrió una investigación por presunto enriquecimiento ilícito al detectar un salto patrimonial difícil de justificar, entre ellos la compra de una casa en el country Indio Cuá Golf Club por unos 245 mil dólares, identificada en el lote 380, y el alquiler de otra propiedad en el mismo lugar, pagada en efectivo y en moneda extranjera. A eso se sumó el llamado “préstamo de dos jubiladas” usado para explicar la adquisición de un departamento en Caballito, operación que quedó bajo sospecha cuando esas mujeres negaron conocerlo.
El fiscal, además, ordenó revisar los antecedentes laborales de Adorni y de su esposa en los años previos, y pidió información de una causa por enriquecimiento ilícito contra Francisco Adorni, hermano del funcionario, para trazar un mapa completo del patrimonio familiar.
Explicar en política es un error
Las explicaciones oficiales no lograron revertir el daño. En su declaración jurada y en entrevistas televisivas, Adorni atribuyó sus inversiones y gastos a ahorros no declarados del sector privado sobre los que admitió no haber pagado impuestos, ganancias con criptomonedas nunca registradas y dinero heredado de su padre, finalmente blanqueado. La combinación de “pendrive, bitcoins y 500 mil dólares” pasó de relato defensivo a material para críticas técnicas, chistes y memes, alimentando la percepción de opacidad y privilegio en un gobierno que se presentaba como abanderado de la austeridad.

El exjefe de Gabinete, Manuel Adorni.
Paralelamente, seguían apareciendo gastos millonarios en consumo cotidiano —desde artículos gamer hasta compras de hogar y abultadas cuentas de tarjetas— mientras la causa avanzaba sin resolución definitiva y se esperaba que Pollicita definiera si llamaba o no a indagatoria.
El sueño de convertir la Jefatura de Gabinete en catapulta a la política grande terminó para Adorni en la peor pesadilla: irse por la puerta de atrás, bajo sospecha y sin épica.
Un paladín de la austeridad
El funcionario que se vendía como paladín de la austeridad quedó asociado a vuelos oficiales, countries en dólares y explicaciones que hicieron más ruido que sus propias denuncias.
En un gobierno que prometía “dinamitar la casta”, su caída no solo deja un agujero en el tablero, también exhibe que, cuando los privilegios se parecen demasiado a los de siempre, el fusible que salta nunca es el sistema, sino el vocero que se creyó intocable.




