Política
Siete de cada diez trabajadores son pobres: lo que reveló un estudio de la UBA
Tener empleo ya no garantiza salir de la pobreza debido a la suba de precios y la caída consecutiva de los salarios reales.
Un duro informe académico elaborado por la Universidad de Buenos Aires (UBA) encendió las alarmas sobre la profunda transformación estructural que atraviesa el panorama socioeconómico en Argentina. Según el documento, las políticas económicas implementadas por la gestión de Javier Milei provocaron una drástica «metamorfosis» en las dinámicas de empleo. El dato más alarmante del relevamiento indica que siete de cada diez personas ocupadas en el país hoy viven bajo la línea de pobreza, lo que refleja una precarización generalizada de los ingresos de la población activa.
El estudio pone el foco en la pérdida sistemática del poder adquisitivo frente a una dinámica inflacionaria que no da tregua a los bolsillos de los asalariados. Con los índices de precios mayoristas mostrando una suba extraordinaria del 5,2% en sus últimas mediciones —un indicador que anticipa una mayor presión sobre la inflación minorista—, la brecha entre los ingresos y el costo de vida se ensancha de forma alarmante. En este escenario, los salarios registrados acumulan ya siete meses consecutivos de caída real frente a la evolución de los precios de los bienes básicos.


A raíz de este diagnóstico, los investigadores de la casa de altos estudios concluyen que el mercado de trabajo en la Argentina sufrió una ruptura en su matriz histórica. El informe sostiene de manera tajante que el empleo ya no funciona como un canal tradicional de integración social ni como un mecanismo eficaz de movilidad ascendente para resguardar a las familias de la exclusión económica. La figura del «trabajador pobre», que antes se asociaba casi con exclusividad a la informalidad extrema, se extendió con fuerza hacia los sectores formales y registrados de la economía.
La insuficiencia de los ingresos laborales mensuales para cubrir el valor de la canasta básica total obligó a una reconfiguración de las estrategias de supervivencia de las familias. El fenómeno se complementa con mediciones previas que exponen cómo el pluriempleo y la búsqueda de una segunda o tercera ocupación se consolidaron como alternativas desesperadas para evitar caer en la indigencia. Esta degradación del tejido laboral convive además con un fuerte avance de la informalidad y la destrucción sostenida de puestos de trabajo específicos en el ámbito privado, científico y educativo.
La difusión de este preocupante reporte de la UBA coincide con un clima de creciente conflictividad gremial y protestas en distintos sectores productivos que denuncian la licuación de sus ingresos. El documento de la universidad pública deja en evidencia que el ordenamiento de las variables macroeconómicas perseguido por el Poder Ejecutivo está teniendo un correlato inmediato de fragilidad social, donde el esfuerzo de tener una ocupación regular ya no es condición suficiente para asegurar las condiciones mínimas de vida.



