Tener empleo ya no garantiza salir de la pobreza debido a la suba de precios y la caída consecutiva de los salarios reales.
El fenómeno alcanza niveles históricos ante la pérdida del poder adquisitivo y la insuficiencia de los salarios individuales.
Un informe del CEPA revela un retroceso estructural del trabajo formal y un deterioro del tejido productivo.