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boca de pozo

La industria textil cayó a su peor nivel desde 2016

Ya se perdieron 20 mil empleos en el sector.

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La crisis de la industria textil siguió profundizándose y ya entró en una zona crítica. Según el último informe de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), la actividad del sector tocó en enero su nivel más bajo desde que comenzó a medirse la serie en 2016, incluso por debajo de los registros de la pandemia.

El dato no sólo expone la magnitud de la caída, sino también la velocidad del deterioro desde la llegada del gobierno de Javier Milei. En el primer mes de 2026, el índice de producción industrial textil mostró una contracción interanual del 23,9%, un descenso que desde la propia cámara empresaria definieron como casi ocho veces mayor al de la industria en general.

Un derrumbe mucho más profundo que el promedio industrial

Mientras la actividad industrial total cayó 3,2% interanual, el textil volvió a hundirse muy por debajo de ese promedio. La diferencia ya no aparece como un desajuste sectorial aislado, sino como la evidencia de un rubro que quedó especialmente expuesto al desplome del consumo, al avance importador y a la falta de protección frente a prácticas comerciales desleales.

En ese marco, la utilización de la capacidad instalada también tocó un piso histórico. En enero, la industria en general trabajó al 53,6% de su capacidad, pero el sector textil lo hizo apenas al 24%, es decir, 11,4 puntos menos que el mes anterior y 10,2 puntos menos que un año atrás.

La lectura es bastante directa: cada vez hay más máquinas paradas, más capacidad ociosa y menos volumen para sostener la estructura productiva.

Más de 20.000 empleos perdidos en la era libertaria

El otro dato que terminó de encender las alarmas fue el empleo. En diciembre de 2025, los sectores de textil, confección, cuero y calzado reunían unos 100.000 puestos formales, lo que implica una pérdida de 12.000 empleos frente al mismo mes del año anterior.

Pero el deterioro no empezó ahí. Desde febrero de 2024, el empleo de estos sectores cayó de manera interanual sin interrupciones, acumulando desde fines de 2023 una destrucción de más de 20.000 puestos de trabajo.

Ahí aparece uno de los puntos más delicados del cuadro actual: no se trata sólo de una baja de actividad, sino de una crisis que ya empezó a barrer empleo industrial en un sector históricamente intensivo en mano de obra y con fuerte presencia federal.

La denuncia por importaciones subfacturadas

Además del desplome interno, FITA puso el foco en otro fenómeno que agrava la situación: la subfacturación de importaciones textiles.

Según la entidad, más del 70% de los productos que ingresan al país lo hacen a valores significativamente inferiores a los antecedentes históricos, y en muchos casos ni siquiera cubren el costo de la principal materia prima.

Los ejemplos que dio la cámara son elocuentes: remeras de algodón importadas por menos de u$s0,01, toallas por debajo de u$s0,30 el kilo y pantalones de jean a menos de u$s1.

Para la industria, ese tipo de operaciones genera una competencia imposible de sostener para la producción local y termina consolidando un mercado distorsionado.

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Un reclamo al Gobierno que excede lo sectorial

La gerenta general de FITA, Celina Pena, sostuvo que en un escenario de caída de actividad y empleo, la repetición de importaciones a precios llamativamente bajos exige respuestas concretas del Estado.

Según planteó, la legislación argentina ya prevé herramientas para este tipo de situaciones y su correcta aplicación permitiría no sólo resguardar la recaudación, sino también recuperar valor agregado y empleo en un entramado productivo presente en todo el país.

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