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boca de pozo

En Vaca Muerta, toda muerte es política

Accidentes evitables, promesas repetidas y una autovía que llegará muy tarde a Añelo.

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Las rutas que conducen a Vaca Muerta están más cerca de un obituario que de un plan de infraestructura. Este viernes, dos empleados estatales murieron cuando viajaban a un acto oficial en Rincón de los Sauces. Un chofer y un empleado de Protocolo de Casa de Gobierno. Una verdadera tragedia.

El evento, encabezado por el gobernador Rolando Figueroa, tenía un tinte simbólico. Se empezaba a inaugurar la obra de la una ruta que financió YPF, (unos 100 kilómetros) parte del paquete de los que será el desarrollo de Vaca Muerta Norte, y la conexión con los pueblos del Norte neuquino.

Pero la triste y desafortunada contradicción no puede ser más elocuente: iban a celebrar una obra vial… y murieron en el camino.

Rolando Figueroa consiguió que el presidente de YPF, Horacio Marín, financie los 100 kilómetros de la Ruta 7 hasta el Norte neuquino.

El mismo día, una mujer fue atropellada en moto en la intersección de la Ruta 7 con el cementerio de Centenario. El miércoles también el gobernador Rolando Figueroa protagonizó un incidente, aunque menor, en una picada de acceso a El Mangrullo, también cuando iba a un acto oficial del EPAS.

Rutas de Vaca Muerta: una seguidilla que asusta

Y hace dos semanas, una combi petrolera dejó un saldo de víctimas fatales en otro punto del corredor petrolero en San Patricio del Chañar. El mapa de muertes sobre ruedas no para de ensancharse. El punto en común es siempre el mismo, con rutas colapsadas, sin mantenimiento (o el mínimo), sin autovía, y una planificación que llega sobre la emergencia.

Hace años que se sabe que se necesitaba una autovía entre Neuquén capital y Añelo, el corazón de la producción hidrocarburífera. Ese proyecto era urgente desde los primeros años de Vaca Muerta, cuando todavía gobernaba Jorge Sapag. Pero nadie lo vio venir, o al menos, nadie quiso mirar. Ni con la plata dulce del boom petrolero, cuando el barril estaba a 100 dólares se ejecutaron obras estructurales.

La última ruta “grande” que se hizo en Neuquén fue la Ruta 67, esos 22 kilómetros entre la Autovía Norte y la Ruta 51, hacia Loma La Lata. Pero tiene apenas dos carriles. Hoy se pretende transformarla en una autovía de cuatro, pero como todo en Neuquén, es lento, ineficiente y a destiempo.

La Ruta 67 fue la última que se hizo en Neuquén, y llevó años de burocracia.

Los famosos rulos del Cañón de las Cabras, en la Ruta 22 y 7, siguen siendo un proyecto fantasmal. Están anunciados desde antes de la pandemia, y si se ve alguna máquina es casi un milagro.

¿Hay alternativas más baratas? Claro, carriles de sobrepaso, ordenamiento de tránsito pesado, mejoras de señalización, controles a empresas de transporte. Pero parece que en Neuquén no hay margen para soluciones económicas. No por falta de propuestas, sino porque todo empezó tarde. Es imposible pedirle al actual gobierno que solucione las cosas en pocos meses.

Sin embargo, hay algo que ni los contratos millonarios ni las licitaciones maquilladas logran tapar: las rutas matan. Y el Estado trata de pasar el día sin sobresaltos, y esperar a que otra muerte olvide la anterior.

Gobierno de encuestas: la gente enojada no siempre tiene razón

El gobierno se ha hecho especialista en mirar encuestas de humor social, y repite lo que quiere la gente. Pero lo que dice la gente, no es necesariamente una política de estado. Decir, por ejemplo, como dijo Figueroa en un tuit, «se acabó el Neuquén de la puerta giratoria», es una frase de ñoño sentado en el sillón con Netflix. Es tan fácil como los comentarios de trolls sobre los políticos que no hacen nada. Todo al mismo nivel.

Como ironía final, vale recordar que la única autovía seria de la Ruta 7 —entre Centenario y Neuquén— fue hecha en los ’90, en la época del peaje a 75 centavos de dólar. Fue Jorge Sobisch el que la impulsó, cuando Vaca Muerta ni siquiera existía como concepto y el tránsito era menor.

Hoy, con miles de camiones circulando por día y obreros viajando desde localidades alejadas sin control de descanso, de rutas o de velocidad, la tragedia es una estadística repetida.

No se trata de corrupción, ni siquiera de presupuesto. Se trata de no hacer lo que hay que hacer, sin excusas, y aunque ya sea demasiado tarde.

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