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Messi se va: el final de una historia que parecía imposible
Después de más de 20 años, derrotas, revancha y gloria, Lionel Messi cerró su historia con la Selección Argentina.
Después de más de 20 años con la camiseta argentina, Lionel Messi anunció su retiro de la Selección. Se va después de haber atravesado derrotas, críticas, renuncias, finales perdidas y una resurrección deportiva que terminó convirtiéndolo en campeón del mundo. La historia de un futbolista extraordinario que necesitó fracasar antes de conseguirlo todo.
Lionel Messi se retiró de la Selección Argentina. Esta vez de verdad. Después de 207 partidos, 125 goles y más de dos décadas vistiendo la camiseta que probablemente más le costó conquistar, el mejor futbolista argentino de su generación decidió que ya no queda nada más por hacer. “Me vacié, ya no tengo más para dar”, escribió para anunciar una decisión que había tomado después de la final del último Mundial.
Pero contar la historia de Messi en la Selección solamente a partir de sus números sería perderse lo más interesante. Porque su recorrido tiene algo de relato cinematográfico. Messi llegó siendo el chico destinado a convertirse en Maradona, pasó buena parte de su carrera intentando escapar de esa comparación y terminó construyendo algo que parecía imposible: una historia propia.
Todos los chicos argentinos quisieron alguna vez ser Maradona. Messi probablemente también, aunque nunca necesitó decirlo.

El chico que entró y duró segundos
Lo vimos antes de verlo.En 2005 apareció aquel adolescente de pelo largo que destrozaba rivales en el Mundial Sub 20 de Países Bajos. Le convirtió a España, marcó ante Brasil en semifinales y anotó los dos goles de la final contra Nigeria. Terminó con seis tantos, fue goleador, elegido mejor jugador y campeón del mundo.
Argentina entendió rápidamente que ahí había algo diferente.
El 17 de agosto de ese mismo año llegó el debut en la Selección mayor. Hungría, Budapest. Messi tenía 18 años, ingresó desde el banco y duró apenas unos segundos antes de ser expulsado. Una entrada absurda para una carrera todavía más absurda: uno de los futbolistas que más partidos jugaría en la historia del fútbol internacional comenzó su camino siendo echado prácticamente antes de tocar la pelota.
Un año después estaba en Alemania.
Lo vimos entrar contra Serbia y Montenegro, dar una asistencia y convertir su primer gol mundialista. Lo vimos participar de aquel equipo extraordinario de José Pekerman. Y también lo vimos sentado en el banco mientras Argentina quedaba eliminada ante Alemania.
Tenía apenas 19 años.
Parecía que habría tiempo de sobra.
Cuando ser Messi no alcanzaba
Después llegó la Copa América de Venezuela 2007. Messi ya no era una promesa. Argentina llegó jugando un fútbol extraordinario y perdió 3-0 la final frente a Brasil.
En Beijing 2008 consiguió el oro olímpico. Mientras tanto, en Barcelona comenzaba a transformarse en un futbolista directamente incomparable.
Y ahí apareció el problema que lo acompañaría durante años.
Messi hacía todo en Barcelona.
¿Por qué no hacía lo mismo en Argentina?
Las Eliminatorias hacia Sudáfrica 2010 fueron turbulentas, Argentina cambió de entrenador y llegó al Mundial con Diego Maradona en el banco. Messi jugó, generó, buscó, pero no convirtió. Alemania terminó con aquella ilusión con un brutal 4-0.
Después llegó la Copa América 2011 disputada en Argentina y otra decepción.
Parecía existir una contradicción imposible de resolver: el mejor jugador del mundo era argentino, pero Argentina no conseguía aprovechar al mejor jugador del mundo.
Hasta que algo empezó a cambiar.
Aprendimos a verlo disfrutar
Con Alejandro Sabella comenzó otra historia.
Durante las Eliminatorias rumbo a Brasil 2014 apareció quizás por primera vez de manera sostenida un Messi completamente cómodo con la camiseta argentina. Capitán, goleador, líder y figura.
Llegó Brasil.
Marcó contra Bosnia, Irán y Nigeria. Argentina atravesó cada instancia hasta encontrarse nuevamente con Alemania, esta vez en la final del Maracaná.
Perdimos.
Messi recibió el Balón de Oro como mejor futbolista del Mundial, aunque la imagen que quedó fue otra: caminando delante de la Copa del Mundo antes de subir a recibir la medalla del segundo puesto.
Parecía que había sido su oportunidad.
Después perdió la final de la Copa América 2015. Y volvió a perder contra Chile en 2016.
Falló su penal.
Y renunció.
“Para mí la Selección terminó”, dijo aquella noche.
Parecía el final más cruel posible para una historia que había comenzado once años antes.
Pero volvió.
Messi todavía tenía que perder un poco más
El Mundial de Rusia 2018 fue probablemente el último gran golpe.
Argentina fue un equipo roto. Pasó milagrosamente la primera ronda y Francia lo eliminó en octavos de final.
Messi tenía 31 años.
Entonces apareció Lionel Scaloni.
Y casi sin que nos diéramos cuenta comenzó el último acto.
La Copa América 2019 no terminó con un título, pero dejó algo quizás igual de importante: vimos un Messi diferente. Más involucrado, más vocal, más líder. Un Messi que discutía, protestaba, hablaba y se apropiaba definitivamente de la Selección.
El Messi más argentino.
Quizás, incluso, el Messi más maradoniano.
Y finalmente ganó
El 10 de julio de 2021 ocurrió lo que durante tantos años pareció imposible.
Argentina derrotó a Brasil en el Maracaná y Messi fue campeón de América.
No hizo el gol. Lo hizo Ángel Di María. Tampoco necesitaba hacerlo.
Cuando terminó el partido, todos sus compañeros corrieron hacia él.
Era la imagen perfecta.
Después llegó la Finalissima contra Italia en Wembley. Y después Qatar.
El 18 de diciembre de 2022 se terminó, en realidad, la historia de Lionel Messi.
Todo lo que vino después fue extraordinario, pero fue un agregado.
Porque aquel día en Lusail se completó el viaje del héroe.
Messi había empezado como el chico destinado a ser Maradona. Había sido expulsado en su debut, había perdido finales, había sido cuestionado, había escuchado que no cantaba el himno, que era español, que no sentía la camiseta, que en Barcelona jugaba mejor, que no tenía carácter y que nunca sería campeón del mundo.
Y terminó levantando la Copa. Argentina campeón del mundo. Messi campeón del mundo. Ya no había nada más que discutir.
Lo que vino después fue de regalo
Pensábamos que Qatar era el final.
Los más optimistas imaginaban algunos partidos más. Quizás una despedida. Algunas Eliminatorias.
Messi decidió seguir.
Jugó y ganó otra Copa América en 2024 aun atravesando problemas físicos. Y cuando parecía definitivamente imposible pedirle algo más, llegó al Mundial de 2026 con 39 años.
Y volvió a ser Messi.
Marcó ocho goles y repartió cuatro asistencias. Argentina llegó nuevamente hasta la final y Messi volvió a ser una de las grandes figuras del torneo. A una edad en la que no debería haber tenido que cargar con la Selección, volvió a hacerlo.
Como había hecho durante dos décadas.
Ahora sí terminó.
No habrá otro Messi
Messi deja la Selección con 207 partidos y 125 goles. Fue campeón mundial Sub 20, campeón olímpico, bicampeón de América, ganador de la Finalissima y campeón del mundo. Disputó seis Mundiales y jugó tres finales.
Los números son extraordinarios. Pero tampoco explican completamente lo que significó.
Porque Messi fue, fundamentalmente, una historia sobre el tiempo.
Sobre esperar.
Sobre fracasar.
Sobre volver.
Sobre perder otra vez.
Y volver otra vez.
Sobre mejorar incluso aquello que parecía inmejorable.
Durante buena parte de su carrera discutimos si podía ser Maradona. La pregunta envejeció. Messi terminó encontrando algo mucho más difícil: ser Messi.
En números superó prácticamente cualquier comparación. En títulos consiguió aquello que durante años pareció faltarle. Y en el imaginario argentino terminó sentado en esa mesa diminuta reservada para nuestros grandes mitos deportivos.
Argentina seguramente volverá a tener al mejor jugador del mundo.
Porque esta historia no empezó con Messi.
Antes estuvo Alfredo Di Stéfano. Después apareció Enrique Omar Sívori. Luego llegó Diego Armando Maradona. Y finalmente Lionel Andrés Messi.
Algún día aparecerá otro.
Será un chico que jugará en algún potrero, alguna cancha de baby o alguna inferior. Lo compararemos con Messi. Le pondremos sobre los hombros un peso absurdo y probablemente le pidamos que haga cosas imposibles.
Porque somos argentinos y hacemos eso.
Pero Messi habrá uno solo.
El chico que alguna vez quiso ser Maradona, como todos nosotros, terminó consiguiendo algo bastante más difícil.
Terminó siendo Messi.






