Neuquén
Más de 200 mil personas quedarían expuestas ante una crecida extrema del Río Neuquén
Un proyecto presentado en la Legislatura encendió nuevamente la preocupación por el estado de las obras de seguridad sobre el río Neuquén. El planteo apunta a la falta de infraestructura, sistemas de alerta y planes de evacuación para ciudades del Alto Valle.
La posibilidad de una gran crecida del río Neuquén volvió a generar una preocupación que, cada tanto, reaparece en la región pero pocas veces logra sostenerse en agenda. Esta vez fue a partir de un proyecto ingresado en la Legislatura provincial por el diputado César Gass, quien pidió informes técnicos al Servicio Meteorológico Nacional y a la Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas (AIC) ante el riesgo de inundaciones en distintas ciudades del Alto Valle.
El dato que más impacto genera aparece casi al pasar dentro del expediente, pero es el que resume la dimensión del problema: más de 200 mil personas podrían verse afectadas si se produjera un evento hídrico extraordinario sobre la cuenca del río Neuquén. La advertencia no surge de una hipótesis aislada, sino de informes técnicos elaborados por la propia AIC, donde se menciona incluso la posibilidad de un escenario “catastrófico” en caso de registrarse una crecida extrema.
La iniciativa legislativa ingresó formalmente el 18 de mayo y pone el foco en varios puntos sensibles: obras pendientes desde hace años, ausencia de protocolos actualizados y falta de sistemas de alerta temprana para las poblaciones ubicadas cerca de la ribera.
Un antecedente que todavía genera inquietud
Dentro de los fundamentos del proyecto, Gass recordó un episodio que todavía permanece en la memoria de muchos vecinos del Alto Valle: la situación ocurrida en junio de 2006, cuando el sistema hidroeléctrico estuvo cerca de atravesar una instancia crítica por el riesgo de colapso del dique Portezuelo Grande.
Aquella situación derivó, tiempo después, en una intervención de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. En marzo de 2009, el máximo tribunal ordenó avanzar con obras de seguridad definitivas en el Complejo Cerros Colorados, considerado una pieza clave para el control hídrico de la región.
Sin embargo, según plantea el legislador provincial, gran parte de esas obras todavía no fueron ejecutadas. “Pasaron 17 años desde la sentencia y las obras estructurales siguen sin concretarse”, remarca el texto presentado en la Legislatura.
El informe técnico citado por el proyecto menciona que una crecida máxima probable podría alcanzar un caudal de 23 mil metros cúbicos por segundo. Se trata de un volumen que superaría ampliamente los niveles habituales del río y pondría bajo presión tanto a la infraestructura existente como a las zonas urbanas cercanas al cauce.
Entre las localidades potencialmente afectadas aparecen Centenario, Vista Alegre, Neuquén capital, Cipolletti, Fernández Oro y Allen, todas ciudades que crecieron fuertemente en las últimas décadas y donde muchas urbanizaciones avanzaron hacia sectores ribereños.
El temor por un escenario climático más inestable
La preocupación no se limita solamente al estado de las obras. Otro de los puntos que encendió las alertas tiene que ver con los pronósticos climáticos para el segundo semestre de 2026.
Según se menciona en la iniciativa, distintos organismos internacionales vienen advirtiendo sobre una probabilidad de entre el 60 y el 70 por ciento de desarrollo del fenómeno de El Niño, un evento climático que suele modificar el régimen de lluvias y nevadas en gran parte de la Patagonia.
En términos concretos, eso podría traducirse en mayores precipitaciones, acumulación de nieve en cordillera y un incremento considerable del caudal de los ríos durante determinados períodos del año.
El proyecto también cuestiona la falta de actualización de los protocolos de evacuación y la inexistencia de sistemas modernos de alerta temprana para informar rápidamente a la población ante una emergencia.
En ciudades atravesadas por el crecimiento urbano acelerado y la expansión hacia zonas cercanas al río, el tema empieza a generar nuevamente preocupación. Sobre todo porque, más allá de los informes técnicos y las advertencias periódicas, el debate sobre las obras de fondo parece reaparecer recién cuando surge alguna señal de alarma.
Por ahora, el pedido apunta a obtener información oficial actualizada sobre el estado del sistema de seguridad hídrica y los planes de contingencia existentes. Pero detrás del expediente aparece una discusión más profunda: cuánto está preparada hoy la región para responder ante un evento extremo que, aunque improbable, hace años figura dentro de los escenarios posibles.




