boca de pozo
Acuerdo con EEUU: alta política entre selfies y alfajorcitos de maizena
La trastienda y las repercusiones del acuerdo celebrado por el canciller argentino Pablo Quirno.
El entendimiento sellado entre las administraciones de Javier Milei y Donald Trump y publicado en inglés por el gobierno estadounidense, profundiza la integración económica con Washington, pero también introduce compromisos regulatorios, tecnológicos y productivos que despiertan cuestionamientos por su impacto en la soberanía industrial y científica de la Argentina.
Un acuerdo presentado como alianza estratégica
La Argentina y los Estados Unidos firmaron este jueves un acuerdo comercial orientado a profundizar la cooperación bilateral en comercio e inversiones, bajo el paraguas de una “alianza estratégica basada en valores democráticos y mercados abiertos”.
El entendimiento fue impulsado por los gobiernos de Javier Milei y Donald Trump, y abarca desde reducción de aranceles hasta reformas regulatorias, laborales, ambientales y tecnológicas que reconfiguran la inserción internacional del país.
Entre los puntos centrales del acuerdo entre Argentina y Estados Unidos se destacan:
- Reducción y apertura recíproca de mercados para medicamentos, maquinaria, tecnología, autos y productos agrícolas
- Fortalecimiento del régimen de propiedad intelectual, con reformas profundas en patentes y marcas
- Reconocimiento automático de aprobaciones sanitarias estadounidenses para fármacos y dispositivos médicos
- Alineamiento en seguridad económica, control tecnológico e inversiones estratégicas
- Prioridad a Estados Unidos en minerales críticos como litio y cobre bajo el paraguas del RIGI
El discurso oficial habla de transparencia, crecimiento de largo plazo y ampliación de oportunidades comerciales. Sin embargo, el contenido fino del acuerdo muestra compromisos mucho más amplios para la Argentina que para su socio norteamericano.
Alfajorcitos de colores y corazones de maizena
Según relata la crónica del enviado del diario La Nación a la Oficina del Representante Comercial de Estados Unido, donde el Canciller Quirno firmó el acuerdo, la comitiva argentina se sorpendió al notar que al recibimiento habitual con bombones presentados como merchandising de la Casa Blanca, los anfitriones habían agregado alfajores industriales de una marca tradicional argentina, y otros de maizena rellenos con dulce de leche, pero con forma de corazón.
Pasado el tiempo, tal vez sea hora de concederle algún reconocimiento a Carlos Foradori. El vicecanciller de Mauricio Macri, que antes firmar el pacto conocido como Foradori – Duncan tuvo que ser «ablandado» con buenas cantidades del mejor vino argentino, según contó el propio ex ministro de Relaciones Exteriores del Reino Unido, Alan Duncan.
Si bien el texto contempla mejoras de acceso para productos argentinos como carne vacuna y recursos naturales, muy celebradas por el gobierno argentino, el corazón del acuerdo no está las vaquitas, en los alfajores de maizena ni en una liberalización comercial clásica.
La Argentina abre sectores sensibles a bienes industriales y tecnológicos estadounidenses, mientras Estados Unidos mantiene un esquema selectivo y reversible de reducciones arancelarias.
En paralelo, el país se compromete a modificar marcos legales completos:
- Ratificación de tratados internacionales de patentes
- Endurecimiento de sanciones por propiedad intelectual
- Limitaciones a subsidios y empresas estatales
- Cambios laborales alineados a estándares internacionales
- Reformas ambientales con control reforzado sobre recursos naturales
Según las autoridades locales, Estados Unidos no asume este tipo de compromisos ahora o posterga otros porque está en negociaciones permanentes con muchos otros países, «es una cuestión de timing», explican. Para sus detractores, se trata de una transformación estructural del rol del Estado argentino en la economía, mucho más profunda que un simple acuerdo de comercio.
La advertencia de Sabino Vaca Narvaja: un corset regulatorio
El exembajador argentino en China y especialista en geopolítica, Sabino Vaca Narvaja, fue uno de los primeros en formular una crítica integral al entendimiento.
Según su análisis publicado hoy en una columna de opinión en Página 12, no se trata de un tratado de libre comercio tradicional, sino de un esquema de subordinación normativa:
“Argentina asume compromisos extensos, detallados y verificables, mientras Estados Unidos conserva márgenes amplios, discrecionales y reversibles. No es integración, es alineamiento estratégico”.
Vaca Narvaja advierte que el núcleo del acuerdo está en la cesión de soberanía regulatoria: aceptación de estándares técnicos, sanitarios e industriales definidos por agencias estadounidenses que pasan a condicionar desde la política de salud hasta la producción tecnológica.
En los hechos, el Estado argentino deja de regular con criterios propios para convalidar marcos externos.
Riesgos para la salud, la industria y la economía del conocimiento
Uno de los puntos más sensibles es el reconocimiento automático de aprobaciones sanitarias de Estados Unidos para medicamentos y dispositivos médicos.
Esto debilita el rol de las agencias regulatorias nacionales y abre la puerta al ingreso de productos hoy restringidos por criterios locales de seguridad, eficacia o costo.
En materia industrial, el acuerdo limita herramientas históricas de desarrollo:
- Compras públicas estratégicas
- Promoción de proveedores locales
- Transferencia tecnológica
- Políticas de sustitución de importaciones
Para Vaca Narvaja, el riesgo es una “desindustrialización regulada”, donde las propias reglas impiden construir capacidades productivas nacionales.
En propiedad intelectual, el endurecimiento del sistema de patentes favorece a grandes corporaciones farmacéuticas y tecnológicas, encarece el acceso al conocimiento y limita la producción de genéricos y desarrollos científicos propios.
La pelea con China como telón de fondo
El acuerdo también introduce cláusulas de seguridad económica que exceden lo comercial.
La Argentina se compromete a alinear controles de exportación con Estados Unidos, restringir proveedores tecnológicos considerados “no seguros” y evitar compras nucleares a países no alineados.
Esto impacta directamente en proyectos estratégicos con China, especialmente en el sector nuclear, donde estaban previstas inversiones y transferencia tecnológica.
Para Vaca Narvaja, el acuerdo es parte de la doctrina de contención de China impulsada por Washington, que busca reordenar cadenas de valor y tecnología en terceros países bajo criterios de seguridad estadounidense.
No se trata solo de comercio, sino de una redefinición del posicionamiento internacional argentino.
Minerales críticos: proveedor sin industrialización garantizada
En litio, cobre y otros recursos estratégicos, el entendimiento prioriza a Estados Unidos como socio principal de inversión y abastecimiento.
La Argentina queda posicionada como proveedor confiable de insumos clave para la transición energética norteamericana, pero sin compromisos claros de agregado de valor local, transferencia tecnológica o desarrollo industrial asociado.
En la Casa Rosada reina el optimismo
Pese a lo que se relató, o tal vez justamente por ello, en el elenco que impera gobierna el optimismo. “Es el primer paso que nos va a llevar a discusiones para un Tratado de Libre Comercio (TLC) en el futuro, que va a ratificar y profundizar este acuerdo”, dijo el canciller argentino Pablo Quirno en declaraciones televisivas.




