boca de pozo
El subsidio a la garrafa llegó al 6% de las personas que estaban cubiertas por el Programa Hogar
Una política de focalización de subsidios más fría que el patagónico.
A dos meses de abierta la convocatoria al nuevo registro de subsidios al gas licuado envasado, apenas 250.000 personas se anotaron. Es menos del 10% de los 3 millones de beneficiarios que la Secretaría de Energía dijo esperar cubrir con el esquema y equivale al 6% de los 3,9 millones de hogares que llegó a tener el ex Programa Hogar, cuyos pagos están discontinuados desde abril del año pasado.

Los datos, que la Secretaría de Energía confirmó a la periodista Natali Risso del sitio EconoJournal, dibujan un cuadro que va más allá de un problema técnico. La política de focalización que el Gobierno vendió como una herramienta para «cuidar la plata de los argentinos» está dejando afuera, hasta ahora, al 94% de los hogares que dependían del subsidio anterior para comprar la garrafa.
Un subsidio congelado
El nuevo esquema, formalizado por la Disposición 1/2026 que instrumentó el decreto 943 de Subsidios Energéticos Focalizados, fijó el monto del reintegro en $9.593 por cada garrafa de 10 kilos. El problema es que ese número no tiene relación con el precio real. Una garrafa de YPF Gas cuesta hoy entre 28 mil y 34 mil pesos en el Gran Buenos Aires. Es decir, el subsidio cubre cerca de un tercio del valor de mercado.
A eso se suma el esquema de cupos: dos garrafas mensuales de abril a septiembre, y una sola en el período estival de octubre a marzo. Para las regiones más frías del país, el tope está por debajo del consumo real. «Hay lugares donde tenés que utilizar tres o cuatro garrafas durante el mes. Si está a $35.000, son alrededor de $150.000 mensuales. El reintegro de menos de $20.000 del subsidio no es suficiente», graficó Ricardo Espinosa, de la Cámara de Consumidores y Usuarios de la Argentina (ACUDA).
El trámite y la brecha digital
La otra dificultad es estructural. La inscripción se hace exclusivamente en línea, a través del portal argentina.gob.ar/subsidios, con validación por Mi Argentina y notificaciones digitales. La compra debe realizarse obligatoriamente por las billeteras virtuales BNA+ y MODO, para que el reintegro opere como descuento en el momento de la operación. El sistema es transparente y eficiente sobre las pantallas que miran los funcionarios, pero se topa con la realidad del universo al que está dirigido.
Espinosa lo sintetizó así ante EconoJournal: «Cuando hablamos del usuario de garrafa, estamos hablando de sectores muy vulnerables, prácticamente inhóspitos, donde hay mucha gente que no está conectada, no tiene teléfono inteligente, no se entera de las cosas». Su propuesta fue directa: el Estado debería haber usado organismos con llegada territorial —ANSES o el Banco Nación— para acelerar la reinscripción, o directamente utilizar el padrón ya armado del Programa Hogar para incorporar de oficio a los beneficiarios existentes en lugar de exigirles un trámite digital nuevo.
La Secretaría de Energía, consultada por Risso, reconoció que está tardando 30 días en autorizar las solicitudes que sí ingresan, y atribuyó el bajo nivel de inscripción a la difusión: «Estamos haciendo notificaciones a usuarios de Mi Argentina», respondió el organismo.
El punto ciego de la focalización
Hay una tensión estructural que este tipo de política deja al descubierto. Los programas universales alcanzan a todos pero incluyen a quienes no lo necesitan. Contra los programas focalizados que apuntan solo a un segmento pero requieren, al menos en este caso, que desde ese grupo completen un trámite complejo para acceder. En ese requisito se juega la eficacia de un programa que parece ocultarse en la falta de infraestructura de conectividad o estar diseñado con la lógica de quienes no lo necesitan.
El Programa Hogar tenía una estructura administrativa vieja pero probada, contra un nuevo esquema que se autocelebra en el ahorro fiscal mientras naufraga en su verdadero propósito.



