Neuquén
Crexell votó con Milei, pero el Senado la hizo pasar de largo
El rechazo a los pliegos de Lijo y García Mansilla la dejó expuesta y sin premio político, por ahora.
Hay días que las cartas de la política se dan vuelta lentamente pero con mucho ruido. El rechazo a los pliegos de Ariel Lijo y Manuel García Mansilla para integrar la Corte Suprema, tuvo algo de esa escena, el jueves en el Senado de la Nación.
Pero entre los nombres que acompañaron con su voto esa estrategia fallida, sobresale uno que, una vez más, genera ruido en la política neuquina. Es el voto de Lucila Crexell.
La senadora por la provincia de Neuquén, ex aliada y sobrina del exgobernador Jorge Sapag, con fuerte vínculos con el círculo rojo y hábil para el camuflaje ideológico, votó afirmativamente a ambos pliegos.
Fue uno de los 27 votos positivos para Lijo y una de las 20 que apoyaron a García-Mansilla. Sin embargo, el resultado no fue el esperado, pese a que ya se sabía en la semana el revés para el gobierno nacional: fueron 43 y 51 votos en contra, respectivamente.
Lucila Crexell y la embajada de la UNESCO en París
La senadora neuquina quedó sola, y aún se desconoce cuál será el impacto del costo político concreto. En los pasillos del Congreso de la Nación se comenta que le habrían prometido la embajada ante la UNESCO, en París. Es lo que afirmó ayer la senadora peronista de Mendoza, Anabel Fernández Sagasti.
De hecho, Milei retiró del puesto mencionado al actual funcionario, Miguel Ángel Hildmann, el mismo día en el que el Senado votó los pliegos de Ariel Lijo y Manuel García Mansilla como jueces de la Corte Suprema.
Un destino diplomático elegante, alejado de los líos domésticos, como recompensa por acompañar al gobierno libertario en sus momentos más ásperos. Ya había sido una de las piezas fundamentales para que la maquinaria de Milei consiguiera la media sanción de la ley Bases en el Senado. El famoso “voto neuquino” tenía nombre y apellido, y también un futuro prometido.
Pero la jugada parece haberle salido mal, al menos por ahora Porque el rechazo del Senado a los pliegos de Lijo y García-Mansilla fue una cachetada política para quienes se encolumnaron detrás de esa decisión.

Lucila Crexell se había sumado al Frente Neuquinizate. Pero dicen que ya no responde a nadie más que a ella misma.
El voto de Crexell quedó más expuesto que nunca y fue parte de un operativo fallido. Acompañó un proyecto que ni siquiera el propio oficialismo logró sostener con fuerza. Ni siquiera con todos los recursos, que suelen ponerse en juego en esas ocasiones.
Sus pares de Neuquén, los senadores Oscar Parrilli y Silvia Sapag (Unión por la Patria), votaron en contra de los dos pliegos. La división fue total en Neuquén, como ya viene sucediendo,
Es una decisión que no sorprende para quien ha sabido oscilar entre alianzas con el Movimiento Popular Neuquino, la cercanía con Rolando Figueroa -hoy gobernador provincial- y los vínculos activos con la Casa Rosada.
Su historial es el de una política de perfil bajo, pero con buenos reflejos para acercarse al sol. Hasta ahora, le había funcionado.
Qué pasará con los jueces
Además, el caso García-Mansilla abre un nuevo capítulo institucional: fue nombrado “en comisión” por el Presidente, sin acuerdo del Senado. Ahora que su pliego fue rechazado, la oposición exige que abandone su cargo de inmediato.
El oficialismo, en cambio, sostiene que puede mantenerse hasta noviembre. El propio García-Mansilla declaró que solo un juicio político podría removerlo y hay un conflicto servido en puerta.
En medio de ese fuego cruzado, queda el voto de Crexell. En política, los aliados de la derrota (en algunas batallas) también pagan un costo. Un voto que sonó más fuerte por todo lo que no consiguió, al menos por ahora.




