Neuquén
La provincia se agita ante un Gobierno que va a la zaga
El MPN pierde autoridad política y lo paga caro.
El riesgo electoral al que está sometido el MPN, apretado por dos frentes competitivos como son la candidatura de Pablo Cervi y de Rolando Figueroa, está generando un delicado deslizamiento del poder. Ante la debilidad del Gobierno, ya son cada vez más los actores que se animan a agarrar el mantel.
Tomá, se te cayó la gorra
La multiplicación de hechos violentos obliga a poner la lupa sobre la capacidad de la Policía en la administración del delito y la tensión con el poder político.
La degradación del Ministerio de Seguridad al rango de Secretaría es un un demérito por varios frentes: por una parte mutila al Gobierno en torno a la posiblidad de elaborar un discurso verosímil sobre su preocupación por la seguridad; por otra parte, es un mensaje inconveniente en su relación con la Policía.
La degradación de la máxima autoridad civil en materia de seguridad, no es tanto en relación a las organizaciones criminales, sino en relación a la institución policial. De esta manera, la degradación del Ministerio alienta el autogobierno de una institución que interpreta y se adapta mejor que nadie a cada clima político.
Por otra parte, las protestas que encuentran forma de bocinazos en los barrios más acomodados de la ciudad, en reclamo de más seguridad, aumenta la preocupación sobre el destino electoral del partido gobernante.
En las tiendas del MPN ven con preocupación cómo crece una demanda para la cual el estado municipal no tiene ventanilla, mientras en la administración provincial los funcionarios fatigan los pasillos de la Gobernación desprovistos de cualquier cosa parecida a una solución.
En la Justicia también juegan su partido
No son pocos los analistas, operadores y correveidiles que advierten una inusual preocupación de los funcionarios judiciales por la transparencia institucional y el apego a las normas de ética pública que debieran signar el comportamiento de los funcionarios de Gobierno.
Investigaciones que salen a la tapa de los diarios, pomposos allanamientos y una repentina preocupación por el destino de los fondos públicos también dan cuenta de un Gobierno que hasta ayer nomás, parecía tener el control de todos los resortes del poder.
Correr de atrás
Acostumbrados a la férrea administración de la agenda política por parte del Movimiento Popular Neuquino, nadie sale de su asombro al ver que el Gobierno ahora corre a la zaga de los problemas.
En el máximo nivel de decisión titubearon fuerte a la hora de definir el destino de dos funcionarios apuntados por delitos sexuales. No hicieron una defensa cerrada de sus subalternos, no los desplazaron inmediatamente ni se solidarizaron con sus víctimas. Corrieron atrás de la repercusión de los problemas, como un perro que persigue su propia sombra.
Con Urrutia y Seguel ya apartados, el Gobierno queda deudor a ambos lados del mostrador. No hay mérito, oportunidad ni convenciencia en las decisiones que se tomaron frente a una crisis para la que debiera haber protocolos de actuación muy precisos.
Si este derrotero de malas decisiones y pérdida de la autoridad política se proyecta al ritmo de la competencia electoral, la Provincia afrontará una crisis en cada nivel de negociación y en cada uno de los frentes que presenta una de las regiones más dinámicas de la Argentina.
El malestar va del palacio a la calle
En la gestión de la conflictividad gremial también hay sorpresas. El Gobierno firma acuerdos que después no ejecuta, los sindicatos responden con medidas de acción directa, los funcionarios de nivel intermedio no tienen respuesta y el conflicto escala.
Cuando las protestas llegan a su punto máximo, el Gobierno afloja y se compromete a cumplir lo que ya había acordado. Un derrotero disparatado que tendrá una nueva edición la semana próxima, debido al incumplimiento en el pase a planta de 250 trabajadores y trabajadoras.




