boca de pozo
Milei, entre la lucha por la soberanía y el seguidismo a Donald Trump
El Presidente convocó a la unidad nacional en torno a la causa Malvinas, pero el giro abre demasiados interrogantes.
El mismo que junto a un retrato de Margaret Tatcher prometió desregularlo todo y cuestionó cada gesto de reivindicación de la soberanía argentina sobre las Islas, ahora propone impulsar todo el poder del Estado para sancionar empresas que inviertan en el petróleo de Malvinas, justo cuando Trump busca empujar al Reino Unido a que asuma un mayor compromiso en la OTAN.
«Podemos discutir sobre cualquier otra cosa, podemos discutir mis formas, podemos estar en desacuerdo sobre la política fiscal o cambiaria, pero este tema demanda una pausa, demanda que hagamos nuestras armas a un lado y mostremos un frente unido ante el mundo, como nación, y como sociedad. Porque hay causas que están por encima de cualquier diferencia política. Malvinas es una de ellas». Dijo anoche el Presidente en una cadena nacional en la que, con esas palabras, buscó suspender una discusión que viene perdiendo semana a semana.
La frase es reveladora no solo por lo que dice sino por lo que desplaza. Después de que la oposición acumuló 133 votos en Diputados para tratar los proyectos de endeudamiento familiar, en que la UIA advirtió que la industria perdió 52.000 empleos en el último año y en que la producción automotriz acumuló una caída del 17% en 2026, el Presidente encontró en Malvinas la agenda que la economía ya no le podía dar.
Milei venía enfrentando las críticas de la oposición por la situación económica, principalmente por la morosidad, por lo que buscó pasar de página recuperando la agenda con un nuevo asunto. El mecanismo no es nuevo en la política argentina, pero rara vez fue ejecutado con tanta velocidad y desde una posición tan alejada de la que el propio protagonista sostuvo durante años. Hasta se podría decir que en el tema Malvinas, el moroso es Milei.
En este sentido, la proactividad gubernamental en torno a la causa Malvinas es un asunto que ya venía siendo reclamada tanto desde sectores de la oposición como del propio gobernador de Tierra del Fuego e Islas del Atlántico Sur, Gustavo Melella.
El hombre que conoció el fervor malvinero tras escuchar a Donald Trump
El discurso de Javier Milei sobre la cuestión Malvinas dio un giro político, diplomático y discursivo de gran magnitud entre abril de 2025 y septiembre de 2026 como pocas veces se vio. El contraste con su trayectoria previa es difícil de ignorar. Milei construyó su identidad política sobre la crítica al nacionalismo económico, la apología del libre mercado y el alineamiento irrestricto con Israel y las potencias anglosajonas.
La causa Malvinas no figuraba entre sus banderas. Pero ahora en la Casa Rosada se despertó, sobre todo en Javier Milei, un repentino fervor por la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas. Coincidió, no casualmente, con la advertencia que Donald Trump le hizo al Reino Unido de cambiar su postura de neutralidad sobre la cuestión.
Fue Trump quien abrió la puerta con una declaración ambigua en el Salón Oval. Milei tomó esa declaración, la procesó con la SIDE y la Cancillería — una combinación sobreactuada para un discurso de política exterior — y la convirtió en cadena nacional.
Así y todo, se identifica velocidad de reflejos en la cúspide de un Gobierno que supo aprovechar una declaración de Trump cuyos alcances no habrían tenido tal extensión sin el giro de Javier Milei. Hay oportunidad, mérito y conveniencia en un giro diplomático que vuelve a poner al Gobierno argentino en torno a una causa que nunca debió dejar de ser política de Estado. Lo curioso, es que había dejado de serla por decisión de la misma gestión. Tal vez por eso y por las las inconsistencias de la nueva política malvinera, es que no es de zonzo desconfiar.
Hay contradicciones que el fervor no resuelve
El mismo Presidente que hizo de la libertad económica, la desregulación y la reducción del Estado sus principales banderas ahora propone utilizar el poder regulatorio, sancionatorio y económico del Estado para impedir que empresas privadas operen en proyectos petroleros vinculados con las Islas Malvinas.
Las contradicciones son múltiples. Milei anunció el endurecimiento de la Ley 26.659 —sancionada durante el kirchnerismo— y un decreto para acelerar las sanciones contra empresas vinculadas con la explotación de hidrocarburos en las Islas. Es decir: el antikirchnerismo más militante anunció como propia una herramienta legal del kirchnerismo.
Por otra parte, la base naval integrada que esta misma gestión anunció hace dos años, sin que aún se conozca un solo avance, no estaría desligada del vínculo con Estados Unidos. El 5 de abril de 2024 el propio Milei había anticipado que se haría junto con Washington, tras acompañar a Tierra del Fuego a la jefa del Comando Sur, la generala Laura Richardson.
El cambio discursivo alcanza incluso al llamado político: Milei convocó a la dirigencia política, social y económica a dejar de lado las diferencias y construir un «frente unido» alrededor de Malvinas. El mismo Presidente que llama «degenerados fiscales» a sus adversarios y acusa a la oposición de intentar golpes de Estado ahora convoca a la unidad nacional. La apelación no fue respondida con entusiasmo: la oposición recibió los anuncios con una mezcla de desconfianza y escepticismo, aunque sin dudas el motivo de la convocatoria todavía deja muchas preguntas abiertas.
Una pregunta que es conveniente hacerse, es si este giro es virtuoso en tanto el Gobierno retoma una política de Estado de la que no debió apartarse, o si en cambio, sólo está ayudando a Trump para presionar al Reino Unido a que asuma un mayor compromiso en con sus aventuras bélicas en medio oriente.





