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boca de pozo

Qué hay detrás de la pelea Sobisch-Figueroa

El relato de «tirar a los viejos por la ventana» es complicado para un MPN huérfano.

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Hay que mirar el cruce de esta semana entre Rolando Figueroa y Jorge Sobisch por lo de «los viejos» con un poco más de distancia, porque hay una pregunta que se está esquivando y que es, en el fondo, la única que importa: ¿contra quién pelea Sobisch? ¿Le está peleando a Figueroa, por manejar el relato político de la provincia? ¿O pelea por recuperar el control de un MPN que, según trascendió de fuentes partidarias, ni siquiera va a presentarse a las elecciones de 2027?

Esa segunda posibilidad viene tomando fuerza puertas adentro del partido (todavía sin confirmación oficial) que recién llegaría cerca de fin de año, pero con varios dirigentes dándola por hecha en privado— y le cambia el precio a absolutamente todo lo demás.

Porque si el MPN no va a poner un solo candidato el año que viene, ni para gobernación, ni para diputados, ni para una sola intendencia, pelear por su conducción deja de ser una pelea por poder. Es pelear por una etiqueta. Por un cascarón. Es mantener una estructura inactiva, por las dudas de que cambie drásticamente el escenario.

En el MPN no hubo internas. Gabriel Álamo y Jorge Lara serán los que estén a cargo de la Junta de Gobierno y la Convención Partidaria, intentando convencer a parte de la militancia y afiliados «desencantado»,. de que no es hora de jugar. Salvo en Centenario donde ganó la lista Roja y fue la única de las 22 seccionales donde hubo interna (y donde el oficialismo perdió) no se quiso abrir esa puerta peligrosa a la discusión.

El semillero político del sobischismo

Y acá aparece algo que conviene no pasar por alto, porque explica por qué el cruce pica más de lo que parece a simple vista. Rolando Figueroa no es un rival cualquiera para Sobisch: es, ni más ni menos, uno de sus propios semilleros políticos.

En 1994, con Sobisch todavía como gobernador, Figueroa entró a la función pública como delegado de las Comisiones de Fomento del norte provincial. Años después, ya intendente de Huinganco (1999-2002), el propio Sobisch lo llevó a su gabinete como subsecretario de Juventud, cargo que más tarde elevó a Secretaría de Estado, un espaldarazo político nada habitual para un dirigente de esa edad.

Dicho de otro modo, Figueroa se formó, en términos políticos, adentro de la gestión de Sobisch pese a que cualquier afiliado al MPN admire a Felipe Sapag, que es el indiscutido prócer del partido provincial, de la creación del Neuquén y el Estado de bienestar.

No hay demasiadas dudas sobre esto, es historia conocida en el MPN de esos años. Que sea justamente Figueroa quien hoy salga a hablar de «no ponerle la pata encima a los jóvenes» y de dejar de «joder de viejo» no es un detalle de color. Es un golpe con nombre y apellido, dado por alguien que fue parte de su despegue política, más allá de los carismas personales. En política siempre alguien te abre la puerta, no se gana con la meritocracia.

«En Neuquén nunca te dejan ser gobernador» (por fuera del sistema)

Hay que decir otra cosa, y esto es a favor de la valentía de Figueroa. Ser gobernador en Neuquen es casi imposible. «No te dejan nunca», dijo una avezada fuente a Política Virtal, que conoce los armados. A Figueroa le cerraron la puerta cuando intentó ser prsidente del MPN (el ismo Jorge Sapag) y tampoco pudo competir para ser gobernador. El dice que la «faccion Azul! del sapagismo, devenida en Omar Gutiérrez y también en el fracaso de Marcos Koopmann, le puso un cerrojo a su crecimiento político.

Y la pandemia en este caso actuó como capitalizador de broncas. Figueroa se convirtió en un Javier Milei dentro del MPN, rompió y gano por afuera. Un verdadero salto parricida: el de matar a los padres para construir un camino propio. No es novedad, esto ya lo hizo Néstor Kirchner con Duhalde, la diferencia es que en esa ocasión, fue todo dentro del Partido Justicialista. Acá en el MPN, cambiaron las reglas para que el actual gobernador no pudiera crecer.

Pero volvamos a Sobisch. Pareciera como que tiene que elegir, aunque no lo diga en voz alta y aunque probablemente prefiera no elegir y jugar las dos cartas al mismo tiempo.

Si pelea por recuperar el MPN tal como era —el partido de la Convención, la Junta, las seccionales con vida propia— pelea por algo que vale cada vez menos, porque ya está bajo el control del gobierno provincial. Y va a valer bastante menos todavía si se confirma que en 2027 el partido directamente no compite.

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Capitalizar el descontento: a dónde van los votos del MPN (malo)

Hay también otra cosa. ¿Quién capitaliza el descontento en el MPN? ¿Figueroa? ¿La Libertada Avanza? ¿O será el mismo Sobisch quien recorra con una ambulancia a recoger heridos, sin tener bien, por ahora, un plan.

Pero si en cambio pelea contra Figueroa, ahí sí hay premio, y es un premio inmediato: seguir siendo la voz crítica de un gobernador que puertas adentro casi no tiene resistencia, y que además —esto ya es más personal que político— fue su propio pupilo. Leído con esa lógica, lo de «los viejos» en la Expo Deportes no fue una escaramuza por el sello partidario. Fue otra cosa, mucho más redituable para Sobisch y con mucha más carga simbólica.

Es la disputa por quién se queda con el relato del recambio generacional en Neuquén, entre el que armó la cancha y el que aprendió a jugar en ella.

 

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