boca de pozo
El petróleo vuelve a acercarse a los US$100 y mete presión sobre los combustibles
El barril de Brent subió cerca de 2% y se ubicó en torno a los US$98 por la falta de resolución de la guerra en Medio Oriente.
El precio internacional del petróleo volvió a acercarse a los US$100 y encendió una nueva señal de alerta sobre los combustibles. El barril de Brent subió este miércoles cerca de 2% y osciló en torno a los US$98, en medio de la falta de resolución de la guerra en Medio Oriente y de nuevas declaraciones cruzadas entre los actores involucrados.
La escalada mantiene en tensión al mercado energético global. Cada vez que el conflicto en Medio Oriente se prolonga o suma nuevos episodios de incertidumbre, el crudo incorpora una prima de riesgo por la posibilidad de interrupciones en el suministro, problemas logísticos o restricciones en rutas estratégicas para el comercio internacional de petróleo.

Para Argentina, el movimiento no es neutro. Aunque Vaca Muerta viene ganando peso como motor exportador y el Gobierno presenta al sector energético como una de las “turbinas” de la economía, el precio internacional del crudo también funciona como referencia para las compañías que operan en el mercado local.
Presión sobre los surtidores
La suba del Brent vuelve a presionar sobre los precios de los combustibles. En el mercado local existe un «acuerdo» para sostener los valores en los surtidores, pero la continuidad del conflicto internacional puede alterar ese equilibrio. El Gobierno usa la compañía estatal YPF y su amplia red de estaciones de servicio para operar sobre el precio en el surtidor en toda la red, pero de todos modos, la nafta súper aumentó 24 por ciento desde el inicio del conflicto en medio oriente.
Si el crudo se mantiene cerca de los US$100 o continúa subiendo, las petroleras podrían volver a plantear la necesidad de trasladar parte de ese aumento a naftas y gasoil.
Ese eventual traslado tendría impacto directo sobre los consumidores y sobre la economía real. Los combustibles no sólo afectan el gasto cotidiano de quienes usan vehículos particulares, sino también los costos de transporte, logística, producción y distribución de alimentos, mercaderías e insumos.
El dilema para el Gobierno y las petroleras
El Gobierno de Javier Milei enfrenta un dilema conocido. Por un lado, busca sostener la desaceleración inflacionaria y evitar aumentos que puedan reactivar expectativas de suba de precios. Por otro, necesita mantener alineadas a las petroleras en un escenario internacional más caro y volátil y quiere sostener su discurso libertario y de no intervención sobre el mercado.
Para las compañías, el salto del crudo mejora la rentabilidad potencial de las exportaciones, pero también tensiona la política de precios internos. Si los valores locales quedan demasiado retrasados frente a la referencia internacional, las empresas presionan por recomposición. Si se trasladan de manera plena, el impacto se siente en inflación, consumo y actividad.
En ese punto, la situación vuelve a mostrar una tensión central del modelo argentino: el país busca convertirse en exportador fuerte de petróleo y gas, pero al mismo tiempo necesita que el precio de los combustibles no golpee todavía más sobre hogares, comercios y sectores productivos.



