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Política

Patricia Bullrich amplía distancias con la Casa Rosada

La senadora rechazó el retiro de un pliego judicial enviado por el Ejecutivo y profundizó su autonomía.

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Bullrich

La senadora Patricia Bullrich viene ejecutando una serie de movimientos estratégicos que evidencian una búsqueda de mayor autonomía política dentro del ecosistema oficialista. La funcionaria comenzó a marcar una distancia respecto del núcleo de decisiones de la Casa Rosada. Este posicionamiento parece responder a la necesidad de preservar su capital político ante los vaivenes de la gestión económica y social del Gobierno nacional.

Esta semana, la ministra decidió no acompañar la orden del presidente Javier Milei de retirar el pliego de la jueza Verónica Michelli para integrar el Tribunal Oral Criminal Federal 3 de La Plata. La senadora comunicó su objeción, reveló que se la anticipó al jefe de Estado y advirtió que “una diferencia en un tema puntual no debilita el rumbo: lo fortalece”. Pero no es la primera diferencia: ya se había distanciado al exigir la declaración jurada de Manuel Adorni.

El pliego de Michelli había sido enviado por el Poder Ejecutivo, que evidentemente no analizó los nombres de manera exhaustiva. Tuvo su audiencia pública en el Senado, no recibió impugnaciones e incluso la comisión de Acuerdos firmó el despacho de mayoría con acompañamiento de Martín Goerling por el PRO, los radicales Carolina Losada, Mariana Juri y Maximiliano Abad, y bloques provinciales.

La estrategia de Bullrich parece apoyarse en la construcción de una estructura territorial que responda directamente a su liderazgo, diferenciándose de las directivas de la mesa chica gubernamental. Mediante recorridas, actos de impronta institucional y el tejido de lazos con legisladores e intendentes afines, la ministra busca consolidar una base de sustentación propia. Estos movimientos son leídos en el ambiente político como un intento de blindar su figura y garantizarse un margen de maniobra clave de cara a los futuros armados electorales.

Paralelamente, las distancias con la conducción central del oficialismo se hacen visibles en debates de agenda que exceden la seguridad estrictamente técnica. Al marcar matices discursivos y mostrarse receptiva a sectores políticos desplazados por el ala más dogmática de la Casa Rosada, Bullrich ensancha su perfil como una terminal de poder alternativa dentro del mismo universo de centroderecha. Esta diferenciación táctica genera roces con los sectores más puros del espacio del presidente, quienes observan con recelo la autonomía con la que se mueve la ministra en las provincias.

No obstante, esta búsqueda de perfil propio también representa un delicado equilibrio institucional. Si bien la ministra mantiene una alta efectividad y centralidad en sus funciones específicas de seguridad, la proyección de un proyecto político personal con tintes de independencia introduce tensiones en la mesa de enlace oficialista. Para los analistas, esta ambivalencia refleja una puja soterrada por el liderazgo del electorado no peronista, donde Bullrich intenta retener a sus votantes históricos sin romper los puentes de gobernabilidad que la atan al Ejecutivo nacional.

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Bullrich apuesta a que la fragmentación del escenario político premie a aquellos dirigentes con identidad propia, peso territorial y capacidad de diálogo transversal, pero la construcción de este polo interno tensiona la convivencia inmediata en el gabinete.