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boca de pozo

Oscar Parrilli: «No podemos llegar a las elecciones de 2027 con una proscripción»

En una entrevista sin filtros, el referente neuquino del kirchnerismo cuestionó el estado actual de la democracia argentina, reconoció los errores del gobierno de Alberto Fernández y defendió a Cristina como la única dirigente que está pensando en soluciones reales.

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Oscar Parrilli se sentó en el piso de Gente de Bien, el programa que se emite por En Loop, y no dejó ningún tema sin tocar. Con la tranquilidad de quien lleva décadas en la política y ya no tiene mucho que perder diciendo lo que piensa, el histórico dirigente peronista neuquino habló de todo: de la proscripción de Cristina Fernández de Kirchner, de los errores que el propio kirchnerismo cometió durante el gobierno de Alberto Fernández, del futuro electoral del peronismo y de por qué, a su juicio, la democracia argentina llega coja a 2027.

No hubo evasivas ni medias tintas. Cuando le preguntaron por la renovación dentro del peronismo —ese debate que reaparece cada vez que hay una interna—, Parrilli fue directo: «Los espacios en política hay que pelearlos, discutirlos. Nadie te regala nada». Y citó casi de memoria una frase que atribuye a Balbín: el político termina su vida política cuando lo ponen en un cajón con los pies para adelante. No antes. Para él, la trayectoria no es una contradicción con la renovación. Es, simplemente, parte del juego.

La proscripción que define el estado de la democracia

Si hay un tema que Parrilli siente con verdadera urgencia, es la situación judicial de Cristina. Y lo plantea con una lógica que va más allá de la defensa partidaria: no la persiguen por sus errores, la persiguen por sus aciertos. «La quieren sacar de la cancha. Intentaron matarla físicamente, por suerte no lo lograron. Entonces van por la muerte civil: proscribirla, sacarle los bienes, aislarla, dejarla sola».

Detalla lo que entiende por esa «muerte civil» con una precisión que incomoda: primero, impedirle ser elegida. Segundo, despojarla de sus bienes, incluyendo la pensión que le correspondía como expresidenta y la de Néstor, y avanzar incluso sobre lo que sus hijos heredaron antes de que él llegara a la presidencia. Tercero, controlarle las visitas, aislarla. «La quieren fea, sucia y derrotada. Y lamentablemente para ellos, Cristina está hermosa, está brillante y sigue siendo una gran esperanza para una parte enorme de la sociedad argentina».

Para Parrilli, esto no es solo un problema del peronismo ni del kirchnerismo. Es un problema de la democracia en su conjunto. «No podemos llegar a las elecciones de 2027 con una proscripción vigente. La democracia que tenemos hoy es una democracia renga, no la que recuperamos en el 83». Junto a otros dirigentes —mencionó a Wado de Pedro, Florencia Saintout, Teresa García y Carlos Castagneto— viene recorriendo provincias y el conurbano dando charlas bajo la consigna «Cristina Libre», con el argumento de que la condena fue construida para eliminarla políticamente. Llevan diez charlas dadas en distintos puntos del país.

La pregunta que surge sola es: ¿y si se anula la condena y Cristina decide no ser candidata? Parrilli no la esquiva del todo, aunque tampoco la cierra. Lo que sí deja en claro es que el primer paso es restituirle el derecho. Que ella decida después. «Queremos que este fallo se anule y que Cristina decida si quiere ser candidata o no. Pero que vayamos a elecciones sin ningún dirigente con posibilidad de ser presidente proscripto».

La autocrítica que el peronismo le debe a la gente

Hay algo que no se ve seguido en la política argentina: un dirigente que reconoce abiertamente que su propio espacio los decepcionó. Parrilli lo hace, y sin demasiados eufemismos. «Con el gobierno de Alberto cometimos muchos errores. Decepcionamos, desilusionamos. Y eso llevó a que en 2023 la gente optara por algo que parecía mágico, con grandes promesas que hoy se está demostrando que eran falsas».

Los errores que señala son concretos. El acuerdo con el FMI encabeza la lista —»yo no lo voté, a pesar de ser parte del gobierno, porque creo que fue un error»—. Después vienen la falta de aumentos salariales acordes, una política exterior que según él iba para un lado y para el otro, y un manejo deficiente de importaciones y exportaciones. También recuerda el discurso de Cristina en La Plata en diciembre de 2020, cuando advirtió públicamente que el crecimiento tenía que ser para todos y no para cuatro vivos. «Lamentablemente, fue para cuatro vivos. Terminamos la gestión con trabajadores en relación de dependencia bajo la línea de pobreza».

Trae una anécdota que pinta sola el clima de ese momento. El día de las PASO de 2023, una militante fue a llevarle la boleta a una familia peronista de toda la vida. Los hijos preguntaron si Cristina era candidata. Cuando les dijeron que no, la respuesta fue inmediata: «Entonces lo votamos a Milei». Parrilli lo cuenta sin cinismo, sin buscar excusa. Lo cuenta como lo que es: una señal que tenían que haber leído antes y que el peronismo todavía está procesando. «Claro que hubo frustraciones. Claro que sí. Y tenemos que hacer la autocrítica».

El camino de vuelta: programa antes que candidato

¿Cómo se recupera la confianza de la gente que se fue? Parrilli tiene una hoja de ruta clara, aunque no sencilla. Tres pasos en orden, sin saltear ninguno. Primero, garantizar democracia plena. Sin proscripciones, sin dirigentes inhabilitados arbitrariamente. Eso es, para él, el punto de partida ineludible. Segundo, discutir el programa. Y acá es donde se pone más específico: qué hacer con el FMI, con las tarifas de los servicios públicos, con la apertura económica que según él está aplastando salarios y jubilaciones, con una Corte Suprema que considera funcional al poder de turno. Menciona números que, dice, casi nadie está poniendo sobre la mesa: desde 2018 hasta hoy, Argentina pagó 15.000 millones de dólares solo en intereses al Fondo Monetario. «Los medios hablan del FMI como si te fuera a ayudar. Nos están esquilmando».

También apunta a las tarifas energéticas. Señala que las empresas de energías renovables denuncian ante la Bolsa de Valores de Estados Unidos que les cuesta producir 22 dólares el megavatio, y que en Argentina lo venden a 120. Cinco veces más. Y agrega el caso de las represas del Comahue —sobre los ríos Limay y Neuquén— que, según denuncia, se están entregando por 600 millones de dólares con tarifas reguladas por dos años y tarifa libre después.

El tercer paso, recién después de los dos anteriores, es elegir el candidato. «No podemos repetir el error de 2019, donde pusimos un candidato sin programa. No nos fue bien, claramente».

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Cristina, la única que está pensando en lo que viene

Sobre el final de la conversación en Gente de Bien, Parrilli volvió a Cristina, pero desde un ángulo diferente. No el de la víctima ni el del símbolo histórico, sino el de la dirigente que, a su juicio, es la única que está planteando soluciones concretas a los problemas que se vienen.

Habló del concepto de «nueva estatalidad» que ella viene desarrollando: no un Estado grande e ineficiente, sino uno presente y eficaz. La necesidad de incorporar capital privado en empresas públicas —como ocurrió con YPF, donde se nacionalizó el 51% dejando el 49% en manos privadas, precisamente para mejorar la gestión—. Y una revisión profunda de los planes sociales, recuperando la máxima peronista de que cada uno debe producir al menos lo que consume. «En 2015, cuando Cristina terminó su mandato, habíamos reducido de un millón y medio de planes jefes y jefas a 220 mil. Y esos planes tenían obligación de trabajar, premio por presentismo y premio por productividad. Hacían obras, producían. Después vino Macri, creó el plan Potencial, y nosotros lamentablemente lo seguimos».

Sobre Vaca Muerta —el tema que hoy domina la agenda económica de Neuquén y del país— fue contundente: «Hoy se llenan la boca Milei, Macri, los empresarios. ¿Y quién hizo Vaca Muerta? Fue Cristina, que nacionalizó YPF, trajo a Galuccio e hizo el acuerdo con Chevron. Sin eso, nada de lo que hoy están gozando existiría».

Para Parrilli, Cristina sigue siendo la mejor candidata posible para 2027. No por nostalgia de los años 2003-2015, sino porque es la que está mirando hacia adelante. «No solamente por el recuerdo de lo que se hizo, sino porque está planteando nuevas soluciones a los nuevos problemas. Es la dirigente con mayor reconocimiento y la que más claridad tiene sobre lo que hay que hacer».

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