boca de pozo
Interna abierta y fin de ciclo: el desafío del PJ neuquino
Con padrones publicados y plazos corriendo, el peronismo de Neuquén abre una etapa de definiciones marcada por el desgaste de sus viejas conducciones, la irrupción de intendentes y el debate sobre su relación con el gobierno provincial
El peronismo neuquino dejó atrás la quietud posterior a la derrota y activó formalmente su calendario interno. Con la publicación de los padrones y fechas clave ya definidas, el Partido Justicialista se encamina a las elecciones del 15 de marzo en un clima que combina urgencia política, revisión de liderazgos y una pregunta que atraviesa a toda la militancia: cómo volver a ser competitivo después del golpe electoral de 2025.
Los plazos no dan respiro. El 5 de febrero vence la reserva de colores y listas, una instancia que suele anticipar si habrá unidad o una competencia real. En paralelo, empiezan a ordenarse sectores que, desde distintos lugares, coinciden en un diagnóstico común: el esquema que dominó al PJ durante los últimos años muestra señales claras de agotamiento y necesita una redefinición profunda.

El trasfondo es conocido. La derrota en las legislativas nacionales dejó al peronismo neuquino sin representación en el Senado y con una influencia reducida en Diputados. Ese resultado no solo impactó en términos electorales, sino que abrió una discusión más amplia sobre el rumbo del partido, sus formas de conducción y su vínculo con el poder provincial.
Viejas referencias, ciclo cumplido y nuevas voces
Durante años, la vida interna del PJ estuvo atravesada por la tensión entre los espacios que respondían al senador Oscar Parrilli y al exdiputado Darío Martínez. Hoy, ambos sectores aparecen debilitados. La renuncia de Martínez a la presidencia partidaria, en medio de fuertes desacuerdos internos, dejó un vacío que aceleró el reordenamiento. En paralelo, dentro del propio parrillismo comenzaron a escucharse llamados a una “refundación” del peronismo provincial.
En ese contexto emergen nuevas figuras y armados. Uno de los movimientos que más atención genera es el de un grupo de intendentes que apuesta a construir desde la gestión territorial. José Asaad (Vista Alegre), Javier Huillipan (Mariano Moreno) y Gonzalo Núñez (San Patricio del Chañar) conformaron una suerte de “liga” que viene recolectando avales y fichas de afiliación con la mira puesta en disputar la conducción del partido.
Su planteo es directo: llevar al PJ una lógica más cercana a los vecinos, con intendentes que gobiernan y muestran resultados concretos. “El partido se quedó sin GPS”, repiten puertas adentro, en una frase que sintetiza el clima de época. Mantienen, además, un vínculo fluido con el gobernador Rolando Figueroa, al que consideran clave para sostener obras y programas en sus municipios, sin resignar identidad peronista.
Unidad buscada, interna latente
La actual presidenta del partido, María Elena Paladino, impulsa una lista de unidad para evitar una fractura que complique aún más el escenario. Sin embargo, el objetivo no aparece sencillo. Ya hay dirigentes que confirmaron su intención de competir, como César Godoy, referente de la UOCRA, quien sostiene que el ciclo actual del PJ “está agotado” y que la renovación no puede seguir postergándose.
A eso se suma una división que atraviesa a todo el peronismo neuquino: la que separa a quienes se posicionan como oposición al gobierno provincial y a quienes, desde distintos niveles, participan o acompañan su gestión. Esa grieta interna será uno de los ejes centrales de la discusión rumbo a marzo.
Según los registros partidarios, el PJ cuenta con cerca de 19.700 afiliados en la provincia. El 15 de marzo deberán elegir presidente, vicepresidentes, vocales del Consejo Provincial, congresales y autoridades locales en 36 localidades. No es un trámite menor: de esa elección surgirá la conducción que deberá ordenar al peronismo con la vista puesta en 2027.
El desafío es doble. Evitar una interna destructiva y, al mismo tiempo, canalizar una demanda de cambio que ya no se expresa en voz baja. Entre la nostalgia de viejas mayorías y la necesidad de reconstrucción, el peronismo neuquino inicia una etapa decisiva. La interna dirá si logra reinventarse o si las divisiones vuelven a pasarle factura.



