boca de pozo
Neuquen tiene ley de GNL.
La Legislatura de Neuquén convirtió en ley el proyecto enviado por el gobernador Rolando Figueroa que ratifica el acuerdo con YPF para impulsar el desarrollo de Gas Natural Licuado (GNL) a partir del gas de Vaca Muerta, con 27 votos a favor y 8 en contra. La norma consolida un marco promocional específico para el proyecto Argentina LNG, al que se vinculan cinco áreas de la cuenca neuquina, y es presentada por el gobierno provincial y el sector empresario como una oportunidad histórica para incrementar actividad económica, empleo e infraestructura energética. En paralelo, la sanción se dio en un clima de fuerte debate político y social, con gremios como ATE y ATEN que llamaron a paro y movilización en rechazo al acuerdo.

El eje central de la ley es un nuevo esquema de regalías móviles para el gas destinado a GNL, atado al índice internacional JKM (Japan Korea Marker), referencia del mercado asiático. La provincia y YPF fijaron tres bandas: 7,5% de regalías si el precio promedio del GNL se ubica por debajo de 16 USD/MMBtu; 10% si oscila entre 16 y 20 USD/MMBtu; y 12% cuando la cotización alcance o supere los 20 USD/MMBtu. De este modo, Neuquén cobrará menos regalías cuando los valores internacionales sean bajos, para sostener la rentabilidad y atraer inversión, y aumentará su participación cuando el mercado global opere al alza. El acuerdo también distingue el gas para el mercado interno, que seguirá tributando sobre el precio del gas firme local, del que se destine a licuefacción y exportación bajo el régimen JKM.
Junto al esquema de regalías, la provincia otorga beneficios fiscales de largo plazo: estabilidad tributaria por 30 años y exención del impuesto a los Ingresos Brutos para determinadas operaciones relacionadas con la cadena exportadora del GNL. Neuquén se compromete además a no crear nuevos tributos, cánones o cargos que afecten económicamente al proyecto ni a endurecer la carga de los impuestos vigentes durante ese período. Como contraprestación visible, el acuerdo prevé un bono de 175 millones de dólares para obras de infraestructura, ligado a la adjudicación de áreas y a la firma de la decisión final de inversión (FID) por parte de YPF y sus socios. Desde el oficialismo se subraya que estas inversiones en ductos, planta y equipamiento quedarán radicadas en la provincia y permitirán “llenar los ductos” y superar el actual techo de transporte de la cuenca.
Los defensores de la ley, entre ellos diputados del PRO y de Avanzar, remarcaron que las inversiones “no llueven por un fenómeno de la naturaleza” y requieren condiciones de previsibilidad, estabilidad fiscal y reglas claras para un proyecto que se estima en decenas de miles de millones de dólares. Sostienen que el GNL permite “romper el techo” del transporte al extraer el gas, trasladarlo por un ducto propio, licuarlo y embarcarlo hacia cualquier país del mundo, vinculando directamente a Neuquén con la demanda global. También destacan que la alícuota mínima de 7,5% representa, en el esquema técnico que defienden, una mejora respecto de regímenes históricos más bajos en proyectos exportadores específicos y que las bandas atadas al JKM capturan mejor las rentas extraordinarias de ciclos alcistas.
Desde la oposición, en cambio, se cuestiona que la ley baja de hecho el piso tradicional de regalías del 12% y consolida un modelo extractivo alineado con el RIGI, con libre disponibilidad de divisas y amplias exenciones impositivas. Diputados del Frente de Izquierda y de Unión por la Patria calificaron el acuerdo como “entrega” y advirtieron que la estabilidad fiscal por 30 años y la prohibición de crear nuevos cánones o tributos blindan al proyecto frente a futuras decisiones soberanas de la provincia. Señalaron además que en experiencias previas –como el Plan Gas, el gasoducto Néstor Kirchner o los desarrollos de GNL con otras empresas– se lograron aumentos significativos de producción y exportaciones sin discutir la baja de regalías, por lo que consideran innecesario el sacrificio fiscal. En este contexto, la nueva ley de GNL se instala como un punto de inflexión para Neuquén, entre la promesa de transformar su rol en el mapa energético global y el debate sobre cómo se reparte la renta de ese salto.



