boca de pozo
El precio (y el costo) del voto: el recuerdo de Chani Sapag
Reforma laboral y Glaciares. Los legisladores se inmolan en cada gestión por los gobernadores.
Entrar en política siempre tiene costos. Pero no todos los costos se pagan en el momento. Algunos se diluyen en el tiempo, en el vértigo de la agenda pública, y en la memoria corta del electorado. El escándalo, el enojo y la indignación suelen durar lo que dura el trending topic. Después, todo sigue.
En Neuquén, hubo un sacudón de un sector tras la votación de la reforma laboral en el Congreso. La diputada provincial por La Neuquinidad, Karina Maureira, fue amenazada de muerte luego de acompañar con su voto positivo la iniciativa nacional. El servicio de justicia se movió como una, como no lo hace con ningún parroquiano que espera. La justicia no es para pobres y ausentes.
La postura de Maureira incluyó objeciones a determinados artículos —como lo referido al estatuto del periodista—, pero el voto afirmativo fue lo que quedó grabado en una parte del electorado que se sintió traicionado.
Lo de Maureira no es ninguna novedad. En 2017, la exdiputado del MPN, Alma «Chani» Sapag recibió «300 mensajes de advertencia» antes de su voto a la reforma provisional, que impactaría en los jubilados. Después del voto positivo, se cavó sola la fosa de la política, pero había un gobernador apalancando atrás ese voto.

Alma «Chani» Sapag votó en contra de los jubilados en 2017 y pagó un costo político.
Hay un estado de sensibilidad extrema, la sociedad está tensa y la economía ajusta, más ala ese los indicadores felices que diluente del gobierno de Javier Milei. El empleo es frágil y cuando las decisiones políticas impactan en derechos laborales, la reacción es inmediata. Sin embargo, la historia demuestra que el enojo social, salvo excepciones, se disipa.
Gobernadores condicionados
La discusión de fondo es mucho más grande, que es el margen de maniobra real de las provincias frente al Gobierno Nacional, que se erige como una suerte de «Partido Único». No es un fenómeno nuevo.
Durante la gestión de Jorge Sapag, la relación con Cristina Fernández de Kirchner fue conflictiva, pero enloqueció MPN en se momento tomó la decisión de ir pegado en una boleta larga, apoyando la reelección kirchnerista. Neuquén necesitaba recursos. y Nación tenía la caja.
Antes, Jorge Sobisch optó por un enfrentamiento abierto con Néstor Kirchner. La confrontación tuvo costos políticos y terminó debilitando su proyección nacional. Plantarse tiene consecuencias.
Hoy el escenario parece repetirse con otros actores y otras leyes.
En el Senado, Julieta Corroza se abstuvo en la Ley de Glaciares, una norma muy sensible, pero acompañó la reforma laboral. El discurso público habla de defensa de los intereses provinciales, como siempre se hizo.
En el trasfondo aparece la relación del gobernador Rolando Figueroa con la administración nacional. Hay quienes señalan un esquema de compensaciones implícitas: acompañamiento legislativo a cambio de acuerdos financieros o alivios institucionales, como la situación de la deuda vinculada al Instituto de Seguridad Social del Neuquén frente a Nación.
Todo es político.
El problema no es que exista negociación. La política es negociación. El problema es cuando el ciudadano no logra comprender qué se gana y qué se pierde.
La llamada “corporación política” funciona con códigos internos que muchas veces exceden la lógica del votante. Diputados, senadores, intendentes y gobernadores operan dentro de un sistema donde la gobernabilidad y la caja pesan tanto como la coherencia discursiva.
Y sin embargo, el ciclo se repite: escándalo, indignación, amenazas, debate encendido y luego silencio y olvido.




