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boca de pozo

La Neuquinidad, en un plebiscito encubierto

Neuquén critica a Nación, pero solo en campaña. ¿Hasta cuándo sostener la neutralidad?

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Axel Kicillof lo hizo, ganó en la provincia de Buenos Aires por más de 15 puntos de diferencia y consolidó a Unión por la Patria, y parte del peronismo que muchos daban en terapia intensiva, sobre todo, erróneamente, el 90% de las encuestadoras.

Tal fue la sorpresa, que el dato mantiene inquieto al gobierno de Javier Milei y La Libertad Avanza, también al peronismo de La Cámpora y el que está encolumnado detrás de Cristina Kirchner, que no quería desdoblar las elecciones en la provincia de Buenos Aires.

Pero el dato que empieza a reordenar el mapa político nacional. Y en Neuquén el resultado, dicen, tampoco cayó bien en las huestes de La Neuquinidad, donde conviven bajo una misma frazada, desde macristas (ahora puede decirse ex), mileistas (Arriba Neuquén, la colectora de Leandro López) y hasta las fuerzas de “centro”, que le hicieron campaña al extinguido jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta. ¿En qué lugar se para Rolando Figueroa?

Hasta ahora, Figueroa construyó un perfil a medida. Ni alineado con Javier Milei ni abrazado al kirchnerismo. Una suerte de neutralidad calculada, muy parecida a la que practicó durante décadas el MPN, el sello que hoy pretende mandar al freezer, par aparece con la construcción ideológica provincialista de La Neuquinidad.

Pero el triunfo de Kicillof le dio aire al peronismo, también en Neuquén, tanto a los que están con Unión por la Patria, como a los que se debaten internamente (que son pocos dirigentes) dentro del rolismo.

Kicillof emerge como figura fuerte del peronismo y Milei sigue marcando agenda desde la Casa Rosada. En el medio, Neuquén haciendo equilibrio, como una «tercera posición». ¿Va a seguir jugando la carta provincial pura o animarse a entrar en la pelea grande?

Un plebiscito que nadie pidió

Hay algo que Figueroa no puede evitar. La elección del 26 de octubre puede transformarse, quiera o no, en un plebiscito encubierto de su gestión, porque a decir verdad, el no tiene diputados y senadores propios. Tiene los heredados, como Osvaldo Llancafilo del MPN (ingresó cuando Figueroa asumió la gobernación) y con algún diálogo intermitente con otros partidos. También con un rol extraño de Tanya Bertoldi, funcionaria de su gestión, que tiene grandes desapariciones en la Cámara de Diputados, en leyes clave y que le costó el escrache de sus mismos compañeros y militantes de base.

Figueroa está decidido a ganar las elecciones, ya lo ha dicho, y se basa en la maña gestión económica que está haciendo Milei. Pero La Neuquinidad corre el riesgo de ser puesta a prueba demasiado pronto. Y la historia tampoco ayuda. A los provincialismos, con el MPN (y ahora el partido de Figueroa) nunca les fue demasiado bien en las elecciones de medio término.

El antecedente más es claro de la pelea con Nación, fue el de Jorge Sobisch, que fue el único que se animó a confrontar de lleno con el poder central, o «centralismo porteño», como lo llaman. En su caso con Néstor Kirchner.

Jorge Sapag, en cambio, terminó pegado a Cristina Kirchner en 2011 y compartió boleta, porque era imposible cortarse solo ante tan abrumadora victoria que logró el kirchnerismo en esa época. Le habrá hecho a Cristina algún berrinche con el precio del gas, pero juntos fundaron Vaca Muerta.

Omar Gutiérrez, en su momento después de 2015, parecía muy cómodo con Mauricio Macri, pero apenas asumió Alberto Fernández lo recibió en El Messidor y lo trató como «un amigo» de toda la vida. La tradición neuquina es esa. Criticar a Buenos Aires en campaña, pero pactar con Nación a la hora de gobernar.

Gaido, más expuesto; Figueroa, más cauto

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Dentro de Neuquén, los matices ya se notan. Mariano Gaido se animó a mostrarse más crítico frente a Milei. Rolando Figueroa, en cambio, prefirió un tono más bajo, más matizado. La duda es cuánto tiempo más podrá sostener esa postura en un escenario que empieza a polarizarse, con la aceleracón de los tiempos y con Kicillof creciendo como referencia nacional del peronismo y Milei exigiendo alineamientos.

Adentro de La Neuquinidad también hay ruido. Sectores como Arriba Neuquén nacieron al calor del mileísmo. ¿Qué pasa si Figueroa decide plantarse frente a la Casa Rosada? ¿Dónde quedan los libertarios dentro de un espacio que se vende como neutral pero que inevitablemente deberá tomar partido? Pese a ello, todos indican que no habrá confrontación.

Neutralidad o riesgo: las nuevas melodías

Por ahora, lo que se comenta en los pasillos de Gobierno es que no habrá grandes cambios. La idea es mantener La Neuquinidad como está, con una autonomía provincial, distancia de la pelea nacional, y con un estilo de “nuevo MPN”.

Es la fórmula que siempre funcionó en Neuquén, nada nuevo bajo el sol. Hablar de los porteños como un problema, pero negociar con ellos cuando la caja lo exige.

El problema es que la victoria de Kicillof alteró las coordenadas. El gobernador bonaerense revitalizó al peronismo y aclaró que hay futuro más allá de Cristina Kirchner. Hay «nuevas melodías». Milei sigue en el centro de la tormenta económica. Y en Neuquén, La Neuquinidad podría transformarse en un plebiscito adelantado de Figueroa.

Este será un mes intenso, y si el gobierno empieza a caerse, más de uno querrá´patearlo en el piso. Pero no será el gobierno provincial. También, y volviendo a las sorpresas y los encuestadores. Nada está dicho en la elección del 26 de octubre y darse vuelta en el aire, será el deporte que practicarán más de uno tras las elecciones.