boca de pozo
Villarruel vuelve a buscar el contrapunto con Milei y ahora se mete con el salario docente
Dijo que los trabajadores de la educación «merecen reconocimiento, respeto y retribución acordes a la importancia de la tarea que realizan».
La vicepresidenta Victoria Villarruel afirmó este domingo que los trabajadores de la educación «merecen reconocimiento, respeto y retribución acordes a la importancia de la tarea que realizan«. El posicionamiento — hecho a través de su cuenta de twitter — llega apenas semanas después de que la Corte Suprema rechazara un recurso del Poder Ejecutivo y dejara firme la medida cautelar que ordenaba aplicar la Ley de Financiamiento Universitario, y días después de la cumbre que Villarruel mantuvo con el dirigente sindical Rubén «Pollo» Sobrero.

Es la enésima demostración de que la titular del Senado ya no juega el partido de Casa Rosada.
El saludo con destinatarios múltiples
El texto de Villarruel apareció envuelto en una publicación por el aniversario del Instituto Social Militar Dámaso Centeno, del cual es exalumna. «Como egresada del Dámaso, guardo un enorme cariño por una institución que forma parte de mi historia personal. En sus pasillos aprendí lecciones que iban mucho más allá de los libros», escribió. «Nada de eso sería posible sin generaciones de docentes que dedicaron su vida a enseñar. Quienes eligen la educación cumplen una misión fundamental para el futuro de la Nación».
Aunque el envoltorio institucional que supone el aniversario de la institución en la que estudió le permite simular un sentido distinto, ya es visible que la Vice busca cruzar a Milei en cualquier esquina.
Un desmarque que ya es rutina
La lista de posicionamientos de Villarruel que no responden a la línea de Casa Rosada se viene acumulando. Su vínculo cada vez más distante con Karina Milei, sus gestos hacia sectores sindicales, sus críticas veladas al estilo de gestión del oficialismo y su reciente cumbre con Sobrero — dirigente ferroviario opositor al Gobierno — dibujan un mapa que no deja mucho margen para la interpretación.
La vicepresidenta ejerce en los hechos una autonomía política que la administración central no logra contener. Y lo hace desde el lugar institucional más incómodo posible: la presidencia del Senado, donde Casa Rosada necesita construir mayorías para aprobar sus proyectos prioritarios.
Por otra parte, Villarruel está jugada: es evidente que cuando termine su mandato el triángulo de hierro sólo le ofrecerá el llano, y por ahora no exhibe capital político para ser una jugadora relevante en el ciclo que viene. Con poco que perder, la Vicepresidenta podría convertirse en una enemiga indeseable en la Cámara Alta.



