boca de pozo
Figueroa esquiva hablar sobre Milei (bien o mal) y se refugia en el “modelo Neuquén”
En TN, evitó criticarlo y defendió su estrategia: adaptarse sin confrontar y negociar para Neuquén.
En política, a veces lo más elocuente es lo que no se dice. Y eso fue exactamente lo que dejó la entrevista del gobernador de Neuquén, Rolando Figueroa, en TN, frente a las preguntas del periodista Diego Sehinkman, en el programa Una vuelta más.
Formó parte del raid del mandatario provincial por los medios de Buenos Aires en LN+, C5N y TN.
Lejos de cualquier definición tajante sobre el gobierno de Javier Milei, Figueroa eligió moverse en un terreno seguro: el de las generalidades institucionales, las abstracciones y, sobre todo, la defensa de un esquema propio. Un discurso que evita el choque directo, incluso cuando el contexto nacional invita a tomar posición.
“Somos un partido político que abrió los brazos… pero tenemos una mirada provincial”, planteó, marcando desde el inicio el eje de su relato: Neuquén como prioridad, por encima de cualquier alineamiento nacional.
Cuando Sehinkman, lo llevó al terreno más incómodo —la evaluación del gobierno libertario o si lo votaría a Mieli—, el gobernador no cayó en la trampa. En lugar de opinar, describió. Habló de “cambio de reglas de juego”, de un Estado nacional que decidió retirarse de la obra pública y enfocarse en el déficit cero, y de una provincia que decidió adaptarse sin confrontar.
Incluso dijo que ni sabe si el mismo busca la reelección (se descarta que al menos un gobernador hará un intento).
Ahí está el núcleo de su estrategia, que es no discutir el rumbo, sino adaptarse en función de ese rumbo.
Figueroa sobre el Gobierno: «No nos pusimos a cuestionar»
Figueroa contó que reunió a los 57 intendentes y firmó pactos de gobernanza para adecuar la estructura provincial al nuevo escenario. “No nos pusimos a cuestionar”, dijo, en una frase que resume toda una definición política.
La misma lógica se repite cuando habla de los beneficios concretos que Neuquén logró en esa relación con Nación. Destacó que el capítulo hidrocarburífero de la Ley Bases fue elaborado en gran parte por equipos técnicos provinciales, y que el esquema del RIGI aplicado al sector fue impulsado desde Neuquén ante el Ministerio de Economía.
No es una postura ideológica. Es, más bien, una negociación permanente.
Cuando finalmente llegó la pregunta más directa —si está conforme con el gobierno nacional—, otra vez esquivó el centro del ring: “Estoy conforme con el gobierno de la provincia de Neuquén y la manera en la cual se relacionó con el gobierno nacional”.
Ni sí ni no. Otra vez, la tercera vía.
En esa misma línea, marcó una diferencia conceptual sin confrontación: dijo no compartir la idea de un Estado ausente y reivindicó uno “ordenado pero presente, que redistribuya”. Pero incluso ahí eligió el equilibrio: dejó clara la diferencia, pero evitó convertirla en conflicto.
El cierre de la entrevista fue casi una síntesis del personaje político que intenta construir. Ante la consulta sobre una eventual reelección de Milei, Figueroa volvió a correrse: “Falta mucho para eso… ni siquiera sé si yo voy a ir a una reelección”.
Sin definiciones, sin confrontación, sin nombres propios más allá de lo inevitable.
En tiempos de grieta explícita, el gobernador de Neuquén parece apostar a otra cosa: una política de baja intensidad discursiva, alta adaptación y resultados concretos. Una especie de pragmatismo patagónico que no se casa con nadie, pero negocia con todos.
Y que, al menos por ahora, evita quedar atrapado en la lógica binaria que domina la escena nacional.




