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Internacionales

Venezuela: una dura advertencia para América Latina

El ataque a Venezuela y la captura de Maduro marcan el fin de la diplomacia regional. Bajo el «Corolario Trump», la fuerza militar sustituye al derecho internacional en Latinoamérica.

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El 2026 ha comenzado con un sismo geopolítico cuyas ondas de choque apenas empezamos a medir. La madrugada de este 3 de enero, el estruendo de los aviones sobre Caracas y las explosiones reportadas no solo marcaron un ataque a gran escala contra Venezuela; señalaron el acta de defunción de las formas diplomáticas tradicionales en el Hemisferio Occidental.

Con la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores por fuerzas especiales —un calco de la «Operación Causa Justa» que derrocó a Noriega en 1990—, Donald Trump ha pasado de la retórica del America First a una praxis de intervención directa que redefine la relación de Washington con América Latina.

La Doctrina Monroe en el Siglo XXI

El sustento de esta operación es la ejecución del llamado «Corolario Trump» a la Doctrina Monroe. Según la nueva Estrategia de Seguridad Nacional, el gobierno de EE.UU. ha abandonado la promoción de la democracia como eje central, reemplazándola por un nacionalismo económico y una seguridad fronteriza intransigente.

Para la Casa Blanca, América Latina ha dejado de ser un conjunto de socios soberanos para volver a ser, explícitamente, el «patio trasero» que debe ser «limpiado» de influencias externas (China y Rusia) y de gobiernos que fomenten la migración masiva. La detención de Maduro bajo cargos de «narcoterrorismo» es la herramienta jurídica para un fin estrictamente estratégico: el control total de su área de influencia.

La ONU: ¿Árbitro o Escribanía de Washington?

La solicitud de Venezuela ante el Consejo de Seguridad para una sesión de emergencia se choca contra una realidad histórica: el control estructural que Estados Unidos ejerce sobre las Naciones Unidas. Más allá de que la sede física esté en Nueva York —donde hoy, irónicamente, se pretende juzgar a Maduro—, el dominio estadounidense se manifiesta en el poder de veto y en la presión financiera.

La historia demuestra que, cuando Washington decide actuar, la ONU suele quedar reducida a dos roles:

  • Legitimizadora o Espectadora: Como en Irak (2003), donde EE. UU. ignoró al organismo para liderar una «coalición de voluntarios», o en Panamá (1989), donde vetó cualquier resolución condenatoria, la ONU termina administrando las cenizas de conflictos iniciados al margen de su legalidad.
  • El Doble Estándar: Mientras se aplican con celeridad resoluciones contra países del Sur Global (como Libia en 2011), las acciones directas de EE. UU. quedan archivadas en el laberinto burocrático de un Consejo de Seguridad paralizado.

El mapa de las lealtades y el impacto regional

La reacción regional ha dejado al descubierto una fractura profunda que redibuja el mapa político de América Latina:

  • El Eje Milei-Trump: Argentina, bajo el mando de Javier Milei, ha emergido como el aliado principal. Su respaldo («La libertad avanza, viva la libertad carajo») refleja un pragmatismo transaccional: apoyo financiero de Washington a cambio de alineación total.
  • La encrucijada de Brasil y Colombia: Para presidentes como Gustavo Petro o Lula da Silva, esta intervención es una pesadilla diplomática. Colombia ha reforzado fronteras ante el temor de una crisis humanitaria y militar sin precedentes. Estos países ven con alarma cómo la soberanía nacional pasa a ser un concepto opcional frente a las necesidades de seguridad de EE. UU.
  • El Caribe y Centroamérica: La campaña de bombardeos en el Caribe contra el narcotráfico y la presencia de acorazados frente a las costas venezolanas funcionan como una advertencia para toda la región. El mensaje es claro: cualquier gobierno que no garantice la «estabilidad» deseada por Washington será pasado por el tamiz de la fuerza.

La Instrumentalización del Derecho

El traslado de Maduro a Nueva York repite la fórmula de la judicialización de la política exterior. Al utilizar sus propios tribunales para procesar a líderes extranjeros, Estados Unidos anula de facto la justicia internacional y se posiciona como el juez, jurado y verdugo del planeta.

En este contexto, la apelación de la vicepresidenta Delcy Rodríguez al Consejo de Seguridad parece más un acto de resistencia simbólica que una vía de solución real. Si la estrategia de Trump ya advierte que apoyará a «partidos patrióticos» (extrema derecha) incluso en Europa, está claro que el multilateralismo ha sido sustituido por la política de los hechos consumados.

 Un nuevo orden unilateral

La captura de Maduro es una exhibición de fuerza que le dice al mundo que el Derecho Internacional es una sugerencia, no una norma. Al operar por fuera de los marcos multilaterales, el gobierno de Trump inaugura una era donde la única «ley» válida en el continente es la que se dicta desde el Despacho Oval y se ejecuta con la Delta Force. América Latina entra hoy en una fase de incertidumbre donde la estabilidad se impone y la soberanía se arrodilla ante el poder de fuego.

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