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boca de pozo

Los datos sobre industria que expuso Rocca y resuenan en todos lados menos en el Gobierno

El informe sobre el crecimiento exponencial de las importaciones que brindó el CEO de Techint todavía da que hablar entre los industriales.

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En la Conferencia Industrial de la UIA, Paolo Rocca aprovechó la atención para poner sobre la mesa lo que el Gobierno no quiere escuchar: sin política industrial, la apertura comercial empuja a la industria local contra la pared. Con el salto de las importaciones de electrodomésticos como ejemplo, el dueño de Techint pidió al Estado “volver a hacer política industrial” en un mundo donde hasta Estados Unidos y la Unión Europea ya abandonaron la neutralidad.

El mensaje de Rocca: producir o convertirse en importador

Durante la última Conferencia Industrial de la Unión Industrial Argentina (UIA), uno de los discursos más comentados no fue el de ningún funcionario, sino el de Paolo Rocca, CEO del Grupo Techint.

El empresario eligió un caso concreto para ilustrar su preocupación: el salto de las importaciones de electrodomésticos.
El año pasado se importaban 5.000 lavarropas por mes y este año el número creció a 85.000, mientras que en heladeras se pasó de 10.000 a 80.000”, advirtió desde el escenario.

Con ese dato sobre la mesa, lanzó un mensaje que resonó en la política y en el empresariado:

“Produce y da valor agregado o cierra y usa la cadena comercial para distribuir material importado”.

Más tarde, fue todavía más explícito sobre el rol del Estado frente a la avalancha de productos chinos:

“¿El Estado deja que las fuerzas presionen libremente por el exceso de capacidad en China y la dificultad de competir en nuestro país, o podemos tener un diálogo?”.

La pregunta, en un gobierno que reivindica la apertura casi sin restricciones, quedó flotando en el aire. Mientras tanto, las persianas bajan y los datos de empleo reflejan las consecuencias que tiene el modelo sobre quienes no pueden reconvertirse como reclaman desde el Ejecutivo.

Los números que inquietan a “la T”

En una nota publicada en Ámbito, la periodista Nazarena Lomagno dio a conocer algunos datos que están contenidos en el Excel que circula entre los despachos de Techint. Las cifras explican por qué el tema escaló en la cúpula industrial:

  • En 2024 se importaron 106.583 lavarropas.

  • Entre enero y agosto de 2025, el número saltó a 689.916 unidades.

La variación implica un incremento del 547%.

En términos de participación de mercado, la porción de los productos importados pasó del 8,8% al 49,5% en un año. Se trata de niveles cercanos a los de 2003 (50%), con el recuerdo todavía más extremo de 2001, cuando llegaron al 82%.

Importan hasta los galpones

Otro dato que no pasa desapercibido tiene que ver con el interés creciente de empresarios argentinos en las ferias chinas. No viajan para traer inversiones sino productos.

Semanas atrás, llamó la atención la importación de galpones terminados. Así, ya ni los galpones que suelen inundar los  parques industriales livianos o los centros logísticos que rodean a las ciudades que se nutren del comercio se hacen acá: se pueden traer de china y ensamblar en cuestión de horas.

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Qué pasa con el acero

China es el eje de la discusión de fondo. Según la Asociación Latinoamericana del Acero (Alacero), el gigante asiático produce más de 1.000 millones de toneladas de acero por año. Para 2025, las proyecciones indican que las importaciones cubrirán casi el 40% del acero utilizado en la región, mientras la producción latinoamericana vuelve a caer.

Rocca, que desde luego no es un actor desinteresado en todo esto, cerró su presentación con una frase que funcionó como consigna:

“Tenemos que volver a hacer política industrial, ver cómo Argentina se inserta en este nuevo mundo”.

Es el núcleo del reclamo: mientras Estados Unidos, Europa y hasta Brasil diseñan estrategias para sectores específicos, el Gobierno argentino insiste en una narrativa de neutralidad absoluta.

Un Gobierno que esquiva la palabra “industria”

Del lado oficial, la respuesta al planteo empresario fue, como mínimo, limitada. Pese a la expectativa por alguna definición sobre política productiva, los principales referentes del Gobierno evitaron entrar en el fondo del reclamo.

Ante la falta de señales claras, muchas firmas empiezan a diseñar estrategias defensivas: abandonar líneas de producción, buscar nichos donde aún puedan competir o reconvertirse en importadores selectivos.