Política
COP30 en Belém: la cumbre climática arranca sin Trump y con la Amazonía en emergencia
Lula busca impulsar un fondo global para proteger los bosques tropicales en medio del caos logístico y las críticas ambientales.
La COP30, la cumbre anual sobre el clima de Naciones Unidas, comenzó este jueves en Belém, Brasil, en el corazón de la Amazonía, con la promesa de “implementar” acuerdos previos para salvar los bosques tropicales. Sin embargo, la conferencia encabezada por Luiz Inácio Lula da Silva arrancó marcada por ausencias de peso: los líderes de los tres mayores emisores del mundo —Estados Unidos, China e India— no estarán presentes. La ausencia más notoria es la del presidente estadounidense Donald Trump, cuya gestión ya se había distanciado de los compromisos climáticos al retirar al país de los Acuerdos de París.
La falta de Washington en la cumbre de líderes encendió alarmas entre activistas y diplomáticos, que temen un “retroceso global en política climática”. Para muchos, la retirada de Trump no solo debilita la presión histórica de Estados Unidos sobre China, sino que además estimula discursos negacionistas en otros gobiernos. “La postura de Trump afecta a todo el equilibrio global. Empuja a los gobiernos aún más hacia la negación y la desregulación”, advirtió Nadino Kalapucha, del pueblo kichwa amazónico. En ese clima, el presidente argentino Javier Milei —aliado ideológico del mandatario republicano— volvió a cuestionar el cambio climático, al que define como un “engaño socialista”.

Pese al vacío que dejan los principales emisores, la cumbre contará con la presencia de líderes europeos, entre ellos el canciller alemán Friedrich Merz, el primer ministro británico Keir Starmer y el presidente francés Emmanuel Macron. Sus delegaciones buscarán impulsar compromisos concretos en un escenario donde la cooperación internacional se encuentra debilitada y marcada por tensiones geopolíticas.
Lula, anfitrión del encuentro, quiere capitalizar la realización de la COP30 en la Amazonía —una selva que ha perdido el 17% de su cobertura en apenas medio siglo— para lanzar el ambicioso “Fondo Bosques Tropicales para Siempre”, destinado a financiar acciones climáticas en 70 países en desarrollo. Pero su liderazgo ambiental llega atravesado por contradicciones. Aunque redujo la deforestación, también autorizó a Petrobras a explorar petróleo cerca de la desembocadura del Amazonas, una decisión que generó fuertes críticas. “No quiero ser un líder medioambiental. Nunca he afirmado serlo”, respondió Lula esta semana.
Mientras tanto, Belém enfrenta un caos logístico que expone los desafíos de organizar un evento global en una ciudad de 1,3 millones de habitantes con apenas 18.000 camas de hotel. Los precios de alojamiento se dispararon a niveles inéditos, y hasta los tradicionales “moteles del amor”, que suelen alquilarse por horas a unos 10 dólares, cobran ahora 200 dólares la noche para funcionarios y científicos que buscan hospedaje. A diferencia de las últimas COPs realizadas en países con restricciones a la protesta, Brasil permitirá manifestaciones, y ya comenzaron las primeras acciones de activistas e indígenas que navegan en barcos por el río Amazonas para exigir compromisos climáticos reales.



