Política
Hubo récord de patentamiento de motos pero aseguran que es por la precarización laboral
La moto como reflejo de un modelo que deja a los trabajadores a la intemperie.
La transformación del mercado laboral ya empezó a verse con claridad en otro terreno: el consumo. Y uno de los síntomas más nítidos aparece en el boom de patentamientos de motos, un mercado que en marzo alcanzó su mejor marca de lo que va de 2026 en medio del crecimiento del trabajo independiente y de reparto.
Según el informe de la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (Acara), durante marzo se patentaron 79.115 motovehículos, una suba interanual del 54,8% frente a las 51.117 unidades registradas en el mismo mes de 2025.
Si la comparación se hace contra febrero de este año, el aumento también fue fuerte: 11,6%, ya que el mes pasado se habían registrado 70.914 unidades.
Con esos números, el acumulado del primer trimestre llegó a 218.772 patentamientos, un 44,4% más que en igual período del año pasado, cuando se habían contabilizado 151.456 unidades.
La moto como herramienta de trabajo
El dato económico tiene una lectura social bastante más profunda. Detrás del salto no aparece sólo una mejora del consumo, sino un cambio en la forma en que miles de personas intentan ganarse la vida.
El presidente de Acara, Sebastián Beato, explicó en una nota publicada en El Cronista que el crecimiento se sostiene principalmente sobre dos factores: el avance del trabajo independiente y una mejora en las condiciones de financiamiento.
“Hay mucha gente que se está incorporando al mercado de la movilidad para trabajar de forma autónoma. La moto pasa a ser una herramienta de trabajo y una salida laboral independiente”, señaló.
Ahí está el punto más importante del fenómeno: la moto ya no es sólo un bien de consumo o movilidad personal; cada vez más se convierte en activo de supervivencia laboral, especialmente para quienes salen del empleo formal, no consiguen insertarse en un mercado de trabajo cada vez más precario, o bien, perciben salarios que no alcanzan a cubrir las necesidades del mes y completan ingresos con el trabajo de plataformas.
El reparto como refugio de la precarización
En los hechos, el crecimiento del patentamiento de motos dialoga con otra tendencia que atraviesa la economía argentina: el avance del empleo por aplicación como refugio frente a la pérdida de puestos registrados.
La secuencia se repite cada vez más. Se cae un empleo formal, se achican las oportunidades estables, y la salida aparece en las plataformas de reparto o movilidad. En ese esquema, la moto deja de ser un gasto y pasa a ser una inversión mínima para entrar a un circuito laboral sin convenio, sin estabilidad y sin derechos claros.
Es decir: el boom de motos también puede leerse como un indicador indirecto del deterioro del mercado de trabajo.
A su vez, como los algoritmos de las apps de movilidad establecen los precios ponderando la oferta y la demanda del servicio en tiempo real, la sobreoferta empuja los precios hacia abajo y obliga a trabajar más horas por la misma cantidad de dinero.
El peso del interior y el costo del transporte
Otro de los factores que empuja esta suba en el patentamiento de motos tiene que ver con el costo del transporte público, sobre todo fuera del AMBA.
En muchas provincias, la comparación entre el valor de un boleto y la cuota de una moto empieza a inclinar la balanza. En ese contexto, el fenómeno gana más fuerza en el interior del país, donde la movilidad cotidiana muchas veces depende menos de grandes redes de transporte y más del vehículo propio.
Según Acara, aunque Buenos Aires sigue liderando en volumen con el 32,6% de los patentamientos, el crecimiento más dinámico se registra fuera del área metropolitana.
Provincias como Chaco, Tucumán, Salta y Santiago del Estero muestran subas interanuales de hasta tres dígitos en algunos casos.
Un consumo que no habla de bienestar
La lectura más superficial podría presentar este dato como una recuperación del consumo o una señal positiva del mercado. Pero el trasfondo muestra algo más complejo.
Mientras en los primeros dos mil se hacía visible como los trabajadores de la construcción se pasan masivamente de la tracción a sangre a la moto, ahora emerge un indicador que no es necesariamente refleja una mejora del nivel de vida, sino una adaptación del consumo a la precarización laboral.
La moto, se vuelve el mejor reflejo de una economía que deja a los trabajadores a la intemperie.




