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Río de Janeiro: El Exterminio Como Seguridad Pública
La masacre policial en Río de Janeiro es la manifestación de una necropolítica sistémica que, bajo la coartada de la «guerra contra las drogas», usa la violencia y el «hacer morir» a los marginados como instrumento político. El Estado neoliberal se retira de lo social y solo es visible en la represión.
La masacre policial en Río de Janeiro contra el Comando Vermelho (CV) trasciende el concepto de un mero fracaso de seguridad. Es la manifestación más cruda de un modelo sistémico de necropolítica que opera sin pudor bajo la fachada de la democracia electoral.
El gobernador ultrabolsonarista Cláudio Castro no solo permite esta violencia, sino que convierte la vida de los cariocas en «carroña política”, mientras que la «guerra contra las drogas» se consolida como un dispositivo anacrónico para gestionar la muerte y la exclusión social.
La Justificación de la Crueldad
La violencia crónica en Río debe entenderse como la peligrosa convergencia entre una soberanía letal y la lógica de un Estado neoliberal funcionalmente ausente en las esferas sociales.
El neoliberalismo, centrado en la economía de mercado y la reducción del gasto estatal en funciones sociales (educación, salud, trabajo digno), es el factor estructural que permite la crueldad necropolítica:
- Estado Ausente en la Vida, Presente en la Muerte: La biopolítica de Foucault, enfocada en la gestión y aumento de la vida, es revertida. En el contexto neoliberal, el Estado se retira de la provisión de dignidad y oportunidades en las periferias. La violencia institucional inusitada y las políticas de «mano dura» se convierten en el único rostro estatal visible y contundente en las favelas. El poder ya no es tanto «hacer vivir» sino «hacer morir» a quienes el sistema económico ha marginado.
- La «Guerra contra las Drogas» como Cobertura Ideológica: La supuesta lucha contra el narcotráfico es la coartada perfecta que permite al Estado justificar su crueldad y su abstención social. Al encuadrar la violencia como una lucha contra un «enemigo» (el CV, el narco), se institucionaliza el estado de excepción y se legitima la suspensión de derechos en territorios específicos.
- Dispositivo del Terror: La masacre y el terror actúan como un dispositivo para «marcar la aberración en el seno del cuerpo político» y eliminar al «enemigo”. Esta narrativa bélica desvía la atención de la responsabilidad estatal en la creación de las condiciones de precariedad y desigualdad que nutren al crimen.
- La Necesidad de la Nuda Vida Matable: En un sistema que reduce al ciudadano a un actor económico, la «nuda vida» (el joven negro de la periferia) se convierte en el eslabón más expuesto y fácilmente sustituible. El juvenicidio y las muertes en operativos policiales se toleran porque el sistema ya los había excluido del contrato social. Esta selectividad represiva garantiza que el peso de la «guerra» recaiga solo en aquellos cuerpos que el modelo económico considera desechables.
Gobernanza Territorial del Crimen
El trasfondo histórico revela que el problema es una falla crónica del Estado brasileño. El Comando Vermelho nació en la cárcel de Ilha Grande a partir de la mezcla de presos comunes y presos políticos, forjada inadvertidamente por la dictadura.
Hoy, el problema es de gobernanza territorial: más del 60% del territorio de Río de Janeiro está controlado por organizaciones criminales (el CV, fuerzas policiales paraestatales y cárteles paramilitares bolsonaristas). El CV ha llegado a sustituir al Estado en los territorios, administrando justicia y proveyendo servicios.
La Violencia como Instrumento Político y Estructural
El megaoperativo es una clara herramienta política. El gobernador Castro, ultrabolsonarista, utiliza la política de «mano dura» como instrumento de confrontación con el gobierno federal de Lula, transformando la tragedia humana en una puja política donde la vida es moneda de cambio para obtener rédito electoral.
A nivel estructural, la violencia narco es un fenómeno complejo que evidencia la conexión entre el Delito de Débiles y Poderosos :
- El crimen organizado se desarrolla en el mercado formal y se alimenta de actores de cuello blanco (funcionarios en aduana, intermediación financiera), lo que demuestra la retroalimentación entre los mercados ilícitos y lícitos.
- Los jóvenes de las periferias arriesgan sus vidas no por falta de proyectos, sino por la búsqueda de una existencia con dignidad que les es negada por la desigualdad y la falta de oportunidades.
Desmantelar la Necropolítica
La tragedia de Río de Janeiro es la punta del iceberg de un problema estructural de desigualdad, corrupción y violencia estatal desmedida. Río de Janeiro, con su mezcla de urnas y fosas comunes de facto, demuestra cómo las democracias pueden tolerar la crueldad masiva mientras el Estado se retira de sus funciones sociales.
El desafío no es ganar la «guerra contra las drogas», sino desmantelar la necropolítica que la justifica, redirigiendo el foco al combate real contra las raíces económicas y sociales del crimen , y reconstruyendo un Estado que se enfoca en «hacer vivir» en lugar de solo «dejar morir» o «hacer morir».







