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Análisis

Es la política…

La renuncia de Guzmán es la resultante tardía de decisiones demoradas en una coalición desarticulada.

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La renuncia del ministro Guzmán es la resultante tardía de decisiones demoradas, de un diálogo roto en una coalición desarticulada.

Lejos quedaron las reuniones políticas de los primeros meses, que tenían por protagonista al presidente Alberto Fernández, junto a Cristina Fernández de Kirchner, Sergio Massa, Axel Kicillof y Máximo Kirchner. Un quinteto, que representaba con precisión el capital político que sacó de Balcarce 50 a los actores neoliberales de la política argentina y su gabinete de gerentes empresariales que estrellaron un país que para el 2015 necesitaba ajustes en su dirección, pero no una conducción que se ponga a jugar a la ruleta rusa con el control del comercio exterior y las finanzas públicas y privadas.

La intempestiva y voluntaria salida de Guzmán, será materia de análisis en los próximos días, puesto a que lo más llamativo, es la ratificación previa del presidente durante la semana pasada. Lo que está claro, es que este procedimiento no fue bien visto por la plaza financiera capitalina, aficionada histórica a las corridas en momentos de tensión política.

Por si a este cuadro le faltara algo de desorbitante, el presidente sigue inmutable en su tesitura de no hablar con la socia que aportó a la coalición el mayor capital político-electoral. Mientras se escribe esta nota, se conoce la reunión del presidente con la vicepresidenta por intermediación de Estela de Carlotto.

Pero la falta mencionada falta de coordinación no permite que nos hagamos expectativas muy halagüeñas. Tampoco la cumbre con Massa el sábado por la tarde y los funcionarios de mayor confianza del Presidente sirvió para una salida ordenada, de esta nueva crisis en la crisis.

Para este observador, el Presidente se encuentra en su círculo de soledad, cercado (valga la redundancia) en su tesitura de no dar el brazo a torcer ante los requerimientos de restaurar el diálogo político con los actores principales y cambiar el rumbo de la política de gobierno.

¿Es el problema Guzmán? Si y no. Pero más no que sí. Empecemos por lo afirmativo: era evidente que Fernández no tenía más punto de apoyo del rumbo de su gestión, que su ministro de economía. El cual, por otro lado, siempre fue un interlocutor avalado por las autoridades del Fondo Monetario Internacional. Por ende, la decisión unilateral, decidida de antemano tal vez, pero anticipada en mal momento por Guzmán, no hizo más que lastimar un poco más a un Poder Ejecutivo muy necesitado de soluciones, acuerdos (en medio de una fuga de ministros hacia la estrategia de la vicepresidenta) y redefiniciones políticas para avanzar en lineamientos económicos que satisfagan mejor a las partes de la coalición.

Entonces, el problema no es Guzmán, el problema es político. Este cronista, sin saber lo que ocurriría el sábado por la tarde con la alocución de Cristina, observó azorado cómo Alberto Fernández hacía nuevamente alusión al tema de la lapicera: “el problema no es quién tiene la lapicera, sino la capacidad de convencer” citó de memoria. Pero no somos pocos los argentinos y las argentinas que pensamos que el problema no es ni la lapicera, ni la capacidad de convencimiento, sino la falta de diálogo, de unidad y de estrategia de conjunto en un gobierno que da preocupantes muestras de no tener ninguno de estos tres atributos.

Por lo tanto, si el problema fuera Guzmán, con la llegada de Silvina Batakis, esto se arreglaría. Pero no es así. Por que el problema no es un ministro, la salida de uno y la llegada de otro, sino que el problema es político. Es la falta de certidumbre en la política, lo que agita la incertidumbre económica.

Es bueno hilar algunos hechos previos para tratar de entender, al menos parcialmente, cómo se llega a este punto.

Partamos de la base de que Alberto Fernández llega al sillón de Rivadavia signado por un un saldo espeluznante de endeudamiento externo; con un país en llamas, al borde de un Default financiero; una deuda en pesos defaulteada; un dólar por las nubes y todos los condimentos típicos de la retirada de un gobierno neoliberal (fuga de divisas mediante), que instrumentó durante 4 años un capitalismo de pillaje, en el marco de una política caracterizada por una persecución judicial y mediática de todo lo que tuviera un leve síntoma de kirchnerismo o peronismo.

El tenue respaldo de un sector de la CGT en los primeros días de Macri, cayó en saco roto lo mismo que el salario de los trabajadores formales que pasó de más de 500 dólares promedio a poco más de la mitad. Sobre llovido mojado, a 100 días de asumir, se desata en el mundo una pandemia que se llevó de forma intempestiva la vida de más de 10 millones de habitantes en el planeta.

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Las naves de la estructura económica se centraron en la urgente recuperación de un sistema público de salud, que no estuvo exento de la pírrica campaña neoliberal, que no escatimó en recortar “gasto público” en salud y educación. El gobierno reaccionó de la mejor manera posible, en un contexto de incertidumbre global con respecto a cómo enfrentar este fenómeno inédito.

Los reflejos del gobierno y el sacrificio de los trabajadores de la salud (verdaderos héroes anónimos) hicieron que las consecuencias en pérdidas de vidas y abandono de la población, no fuera aún más dramática. Este contexto es necesario tenerlo en cuenta para entender la complejidad de un presente agravado por el descalabro económico al que abonó el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania.

En este marco, lejos quedaron las promesas Fernández acerca de una reforma del poder judicial, que se postergó hasta estos días; el desterramiento de “los sótanos de la democracia”, prometida por el presidente en su primera alocución en el Congreso de la Nación.

Y en medio de todo esto, las idas y vueltas en torno al quiebre de la empresa Vicentin luego de estafar en medio millón de dólares al Banco Nación Argentina, con una impresionante toma de préstamos sobre las últimas horas de gestión de Mauricio Macri. El gobierno no tuvo una estrategia acertada en sus intenciones de nacionalizar la compañía para contar con una empresa testigo en el mercado de commodities de cerealeras.

En la medida en que se fue corriendo el telón negro de la pandemia, aparecieron los desacuerdos del rumbo económico adoptado por el ejecutivo:

1) En diciembre del 2020 Cristina alertó sobre la necesidad de “alinear precios, tarifas y salarios” y acuñó en ese mismo marco, la frase de los “funcionarios que no funcionan”.

2) La decisión del ejecutivo de cancelar antes de las PASO la instrumentación del REPRO (Programa de Recuperación y Sostenimiento Productivo), destinado a resguardar los empleos en el sector privado, ahondaron más estas diferencias y muchos analistas coincidieron en señalar esto, como uno de las agravantes de la derrota del oficialismo en las primarias del 2021.

La recuperación en las generales no le alcanzó al gobierno para sostener el quórum propio en la Cámara Baja.

3) La decisión del gobierno de alcanzar rápidamente un acuerdo con el FMI hizo tronar las críticas en el kirchnersimo, aduciendo que se les dejaba al margen de las negociaciones y la elaboración de un borrador para acordar con el organismo internacional. Renuncia Maximo Kirchner a la presidencia del bloque oficialista, y desde entonces hasta ahora, se interrumpe el diálogo entre el presidente y la vicepresidenta.

Alberto Fernández se recostó en Matías Kulfas y Martín Guzmán y en un círculo pequeño que lo acompaña hasta la actualidad. Pero lo cierto es que no se vieron desde las elecciones del 2021 al presente los reflejos para afrontar los desafíos de la economía global.

Frente al crecimiento de los precios de la energía y las commodities, el gobierno decidió prescindir de una herramienta fundamental como las retenciones, ya sea porque se tienen que debatir en el Congreso, o por que no se quiera apelar al Código Aduanero, que habilita al ejecutivo a intervenir en el Comercio Exterior. Lo cierto es que pareciera que para el ejecutivo no hay necesidad y urgencia, que podría ser fundamento para imponer algunas medidas por decreto.

En definitiva, en materia estatal, la economía es política. Y el problema de fondo no es la economía, sino la política que la orienta. Y en ese punto, no se verifica una solución a esta crisis que tiene sus réplicas en una más que castigada economía doméstica.

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Gustavo Baeza es licenciado en Ciencias Políticas.

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