Cultura
Astor Piazzolla: REVIRADO.
Por Carlos Ceballos.

La Nave Argentina suele llevarnos por caminos extraños, desconocidos para nosotros, propios del Timonel desconcertante, paradójico y a veces insólito que la conduce. Él es todo Corazón y sabe hacer bueno lo malo y lo peor. Suele por esto “jugar” misteriosamente con la Historia, como “divirtiéndose” con los hombres, que en nuestra inocencia, creemos que hacemos todo por voluntad propia.
Esto explica (a medias) que un padre, admirador de Julio de Caro, estimulara y ayudara a su pibe a soñar y estudiar piano para tocar como Rubinstein en uno de larga cola y a componer clásico como Mozart, pero finalmente lograra que su hijo disfrutara acompañado por un loco con medio melón en la cabeza y una banderita de taxi libre levantada en cada mano, tocando un fuelle que cabe en algo poco más grande que una caja de zapatos.
Los sueños del padre _un tano nacido cerca de Nápoles_ tenían evidentemente otros acordes, y tal vez por ello, estando en Estados Unidos convirtió a su hijo en mensajero para alcanzarle un presente a Carlos Gardel.
El encontrarse con el “Zorzal”, que seguramente debe haberle sonreído como pocos supieron hacerlo, hablado con la melodía permanente de su voz, luego persuadirlo e incorporarlo a “El día que me quieras”, una de sus películas filmadas en Nueva York, y todo aquello que pueda imaginarse de un encuentro entre un pibe que sería un grande y un grande que de tan pibe no termina de morir, no lo hizo aflojar acerca de los sueños que había aprendido y tercamente se mantuvo en ellos.
Así es que _empecinado_ fue a buscar la perfección a Europa, que era el lugar donde estaban los que saben de todas las cosas, pero especialmente de las artes y más aún de esa música que él pretendía; y llegó a la casa de la señora Nadia Boulanger, reconocida profesora, compositora y directora de orquesta quien luego de mucho escuchar, leer su música y revisar ese extraño instrumento que a veces practicaba su joven alumno, le dijo terminante: “Ud. es ese 1Piazzolla, tango 1963 bandoneón con que toca esa música medio rara. Déjese de suites y sonatas y métale al tango nomás.”
A esta afirmación y a la desaparición física de su padre, Nonino, el pibe se rindió por primera vez; lloró y para él compuso una música maravillosa que desde la caja mágica de su fuelle derramó como un A-Dios sobre el mundo, y tal vez por ello los habitantes de una ciudad entera se apuraron a considerarla su himno alegando el providencial hecho de que su autor había nacido en Mar del Plata.
Para esos años aquella terquedad incansable, que el Timonel de la Nave Argentina iba convirtiendo en sabiduría y constancia apasionada, le permitió al adulto, que ya era aquel pibe, tocar y arreglar la música de ese exponente de la “raza de uno” que se llamó Aníbal, quien lo cuidó en su orquesta y seguramente le puso su sabia mano izquierda sobre el hombro para hablarle paternal cerca del oído, y llegado el tiempo, dejarlo partir libre como a un pájaro; de tal modo que el terco, que había sido y seguía siendo, pudo bajarse al “ring” de los escenarios desprotegido y pelearse con todos, discutir con muchos más, y penetrar esforzadamente en el corazón de una ciudad que escuchaba desconfiada la música que una vez había parido, pero a la que este revirado pretendía agregar sonidos nuevos, a veces estridentes para sus baqueanos oídos, y a veces melodiosos para la eterna melancolía que anida en sus bares y rincones.
Cuando el cabeza dura, siempre fiel a sí mismo, estuvo listo, casi completo, el Timonel lo mandó al mundo a predicar sus notas siguiendo la ruta del Zorzal y ocupar los espacios que aun otras notas de otros grandes no habían llenado; y así el Tango, “que salió del sórdido barrial buscando el cielo”, música de Dios para toda ciudad, avanza conquistando los endurecidos oídos-corazones de los hombres de un mundo sordo a las palabras del Timonel, todo Corazón.
Finalmente el pibe de la terquedad, después de crear más de tres mil obras, escribió su Ave María (plegaria en música) y se lo dio al canto de una mujer italiana que probablemente amó.
Hasta que un 4 de julio se rindió por segunda y última vez.



