boca de pozo
Crecen las dificultades para llegar a fin de mes y se desmorona la imagen de Milei
Un relevamiento de Zuban Córdoba muestra que el rechazo a la gestión de Javier Milei llegó al 65 por ciento.
Javier Milei recibió el otoño con 65% de desaprobación y apenas 33,9% de aprobación, en lo que aparece como el peor registro de la serie que muestra la consultora Zuban Córdoba en su último informe. El dato no sólo marca un deterioro de imagen, sino algo más profundo: empieza a consolidarse una mayoría social que no sólo rechaza al Presidente, sino que además cree que el país va en la dirección equivocada y que su situación económica personal empeoró.
La encuesta no muestra simplemente un mal mes, como ya hubo otros. Lo que empieza a verse es otra cosa: una curva de desgaste sostenido. En la serie evolutiva de aprobación y desaprobación Milei pasó de 49,6% de desaprobación en diciembre de 2025 a 65% en abril de 2026, después de varios meses de empeoramiento continuo. En paralelo, la aprobación cayó desde un pico relativo de 48,8% en diciembre hasta este piso de abril.


Crece la desaprobación de la gestión de Javier Milei.
El problema ya no es sólo la imagen, sino el rumbo
Si hay un dato políticamente todavía más serio para el oficialismo es el que mide percepción de rumbo. Según la encuesta, 63,6% cree que el país va en una dirección incorrecta con el gobierno de Milei, mientras que sólo 28,3% considera que va en la dirección correcta.
Ese número es especialmente relevante porque habla menos de simpatía personal y más de clima político general. El evolutivo de esa pregunta muestra que en marzo quienes veían correcto el rumbo eran 36,7% y en abril cayeron a 28,3%, mientras que quienes ven una dirección incorrecta saltaron de 49% a 63,6%. Es un movimiento brusco y difícil de relativizar: en apenas un mes se amplió con fuerza la sensación de que el Gobierno no está llevando al país adonde prometía.
Ahí aparece una señal que la Casa Rosada debería mirar con atención. Una cosa es conservar una base dura que apruebe la gestión aun en un contexto difícil; otra, bastante más grave, es empezar a perder también la batalla sobre el sentido del rumbo.
El bolsillo perfora el relato
La encuesta también muestra que el principal límite del discurso oficial sigue estando en la economía real. 55,2% de los encuestados respondió que su situación económica personal empeoró en los últimos 12 meses. Apenas 7,6% dijo que mejoró, mientras que 16% sostuvo que está igual de bien y 19,3% que está igual de mal. Cuando a la gente le va mal, no le gusta escuchar que los funcionarios digan que está todo bien. Esa disonancia genera un ruido político que no sólo provoca indignación en la gente de a pie, también inquieta a consultores y miembros del establishment.
Aunque el oficialismo insista con la baja de la inflación o con algunos indicadores de orden fiscal, la encuesta sugiere que en una parte muy importante de la sociedad la experiencia cotidiana sigue siendo de deterioro, no de mejora.
Y eso se ve todavía más claro cuando se pregunta por los principales problemas del país. El primer lugar del ranking de preocupaciones no lo ocupa ni la corrupción ni la inseguridad, sino “llegar a fin de mes / deudas”, con 22%. Detrás aparecen inflación / suba de precios con 16,9% y deterioro del sueldo con 16,3%. Recién después aparecen corrupción con 15,4% y desempleo con 14,5%.
Es decir: el malestar dominante sigue siendo económico, y bastante más concreto que ideológico. No se trata sólo de una crítica abstracta al Gobierno, sino de una percepción muy anclada en una vida diaria en la que el Gobierno no aparece.
Una mayoría crítica que empieza a ordenarse
La combinación de los tres indicadores principales —desaprobación, percepción de rumbo y empeoramiento económico personal— deja una conclusión política bastante clara: el desgaste de Milei ya no parece limitado a sectores opositores tradicionales. La encuesta sugiere que empieza a consolidarse una mayoría crítica más amplia, articulada alrededor de un mismo núcleo: el Gobierno no mejora la vida material y, además, no parece encaminar al país en la dirección correcta.
Ese es quizás el dato más inquietante para el oficialismo. Porque cuando el malhumor se concentra en el bolsillo, el salario y las deudas, el margen para sostener respaldo con el relato de la confrontación se estrecha.



