boca de pozo
La metalurgia usó solo 4 de cada 10 máquinas en septiembre, el peor registro desde 2016
La actividad del sector cayó 3,3% interanual y acumula -5,3% en el año, según ADIMRA.
El 40,2% de la capacidad instalada de la industria metalúrgica estuvo en uso en septiembre. El resto, ocioso. Es el registro más bajo para ese mes desde que la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA) lleva la serie, en 2016, y representa una caída de 4,3 puntos porcentuales respecto del mismo período del año anterior. La actividad del sector retrocedió 3,3% interanual y acumula en lo que va de 2026 una caída de 5,3%. El único dato que no va hacia abajo es la comparación con agosto: un rebote de 2,5% que la propia asociación encuadra sin optimismo: “el escenario actual no muestra recuperación”, indica el informe.

Todos los subsectores, todas las provincias
El retroceso no tuvo excepciones. Fundición lideró las caídas con -8,8% interanual, seguido por Carrocerías y remolques (-7,6%), Bienes de capital (-4,4%), Equipamiento Médico (-3,3%), Maquinaria agrícola (-2,5%), Equipos y Aparatos Eléctricos (-2,3%), Autopartes (-1,9%) y Otros Productos de Metal (-1,3%).
El mapa provincial repite el patrón: Entre Ríos (-5,5%), Córdoba (-4,6%), Buenos Aires (-3,7%), Santa Fe (-2,3%) y Mendoza (-1,1%). Cinco provincias, cinco caídas.
El empleo del sector acompaña la tendencia: una disminución interanual de 1,9%, en línea con la destrucción de puestos industriales registrados que viene acumulándose desde 2023. Para el próximo trimestre, el 45,2% de las empresas del sector no espera incrementar su producción.
La apuesta a Vaca Muerta que no llega
El presidente de ADIMRA, Elio Del Re, eligió las declaraciones para marcar la paradoja central del sector: una industria con capacidad ociosa masiva en el momento en que el gobierno anuncia grandes proyectos de inversión en energía y minería. “Sería un desperdicio no aprovechar estas capacidades para potenciar su desarrollo”, dijo, y añadió que el sector tiene “empresas, tecnología y recursos humanos preparados para integrarse a esas cadenas de valor”. El desafío, según Del Re, es que las nuevas inversiones “traccionen a la industria nacional” y “generen empleo de calidad en todo el país”, pero el encadenamiento productivo no forma parte del programa económico y el RIGI no contempla ningún incentivo en esa dirección.
Es una apuesta conocida y hasta ahora no saldada: la expansión de Vaca Muerta no se tradujo en demanda sostenida de equipamiento metalúrgico local. La capacidad instalada al 40% en septiembre es la fotografía de esa brecha.





