Política
La industria creció en agosto pero no logró revertir el desplome de julio
La actividad manufacturera continuó en terreno negativo en la comparación interanual.
De acuerdo con los datos oficiales difundidos por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) a través del Índice de Producción Industrial (IPI) manufacturero, la actividad fabril registró en agosto un leve rebote del 0,8% en su medición desestacionalizada respecto al mes previo, una variación insuficiente para compensar el abrupto derrumbe anotado en julio.

El dato mensual positivo aportó una pausa técnica en la serie estadística, pero no alcanzó para modificar la tendencia contractiva de fondo que arrastra el sector. En el cotejo interanual, la producción manufacturera volvió a exhibir un retroceso pronunciado en relación con el mismo período del año anterior, camino que consolida una baja acumulada de dos dígitos en lo que va de 2026.
Las ramas ligadas a la industria textil, la metalmecánica, los minerales no metálicos y la producción de insumos para la construcción sufrieron las mayores contracciones, arrastradas por el freno de la obra pública y la parálisis de proyectos privados. La refinación de petróleo, los agroquímicos y ciertos segmentos vinculados a la molienda de oleaginosas amortiguaron la caída general, aunque sin capacidad de traccionar al resto de la cadena productiva.
Además, la utilización de plantas industriales continúa operando en pisos históricos, dejando a cientos de establecimientos con líneas de producción inactivas ante la falta de pedidos de reposición.
La asfixia del consumo y la apertura importadora
La persistencia de la debilidad manufacturera obedece de manera directa a la retracción de la demanda doméstica provocada por el deterioro del poder adquisitivo de los salarios. Sin un repunte genuino en los ingresos de los hogares, los canales minoristas redujeron sus compras mayoristas a niveles mínimos de subsistencia, impidiendo que el leve movimiento de agosto configure un cambio de tendencia sostenible.
A este enfriamiento se sumó el impacto de los reajustes tarifarios en energía eléctrica y gas, junto con las subas en los combustibles y la logística de transporte. Para las pequeñas y medianas industrias, la imposibilidad de trasladar estos incrementos a los precios de lista sin resignar cuota de mercado derivó en una severa compresión de márgenes operativos, forzando suspensiones de personal y recortes de turnos en los principales cordones fabriles del Gran Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe.
El informe sectorial profundizó las alarmas en las cámaras empresarias agrupadas en la Unión Industrial Argentina (UIA), donde reiteran su preocupación por la desregulación comercial y la facilitación para el ingreso de bienes terminados del exterior. Los dirigentes industriales advierten que la apreciación del tipo de cambio oficial, combinada con una elevada carga tributaria local y la falta de crédito productivo accesible, coloca a las plantas nacionales en una situación de extrema asimetría competitiva frente a manufacturas foráneas con menores costos de origen.
Desde la conducción económica encabezada por Luis Caputo, en contraste, interpretan la variación positiva de agosto como una señal incipiente de ordenamiento que preludia una reactivación paulatina a medida que se consolide la baja de la inflación y mejoren las condiciones crediticias. Sin embargo, analistas privados advierten que la volatilidad entre subas marginales y caídas pronunciadas mantiene al sector fabril en el umbral técnico de la recesión prolongada.





