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Política

Ya no venden ni el cubo rubik y cerraron 200 jugueterías en un año

La caída de las ventas y los costos operativos asfixian a los locales físicos.

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Casi tres décadas de actividad y una liquidación en curso en su local de avenida Pueyrredón 1529. El cierre de Tío Mario, una de las cadenas de jugueterías más reconocidas de Buenos Aires, se convirtió en la imagen más visible de una crisis que el sector arrastra hace meses. Matías Furió, presidente de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete, la dimensionó con un número: «Se han cerrado más de doscientas jugueterías en el último año.»

El combo que ahoga a los locales físicos

Furió atribuyó la ola de cierres a la confluencia de tres presiones simultáneas: la caída del consumo, el aumento de los costos operativos —alquileres, servicios y salarios— y la competencia de productos importados que no afrontan los mismos costos que los comercios locales. «Lo principal es el puerta a puerta», señaló, en referencia a las compras en plataformas internacionales que evitan impuestos, aranceles y cargas que sí pagan quienes tienen un local con luz, gas, agua y empleados en blanco.

El diagnóstico no deja margen para la ambigüedad: los comercios físicos compiten en un mercado donde parte del stock rival no pasa por aduana, no paga impuestos y no cumple los mismos requisitos de calidad.

El contrabando y la subfacturación

Furió fue más lejos y apuntó a un problema estructural: «El 30% del mercado del juguete es de contrabando.» El dirigente vinculó esa cifra con el ingreso de mercadería por fronteras y aduanas y advirtió que la eliminación de tablas de valores facilitó la subfacturación. Un juguete valuado en cinco dólares puede declararse por uno. La diferencia la absorbe la competencia leal.

El riesgo para la salud de los chicos

La desregulación también tiene una dimensión sanitaria. Furió cuestionó la eliminación de controles sobre reglamentos técnicos para juguetes importados y mencionó el caso del Squishy Gamzee, un producto que contenía benceno. «Vos podés comprar un juguete tóxico», advirtió, y señaló que quien compra en un local físico tiene al menos un comercio al cual reclamar. Quien compra en una plataforma internacional sin controles, no.

Lo que todavía aguanta

A pesar del cuadro general, Furió identificó productos nacionales que resisten la competencia importada en precio: masas para moldear, camioncitos, muñecas sin mecanismo y juegos de mesa. «Un juguete va a estar más barato que una golosina o un alimento», afirmó en diálogo con Infobae. Hay autitos, camioncitos y pelotas desde mil pesos.

El sector cuenta con 2.800 jugueterías en todo el país, aunque el avance de la tecnología redujo la franja etaria que juega con juguetes físicos, lo que llevó a los comercios a concentrar su oferta en productos para menores de tres y cuatro años.

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