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boca de pozo

Milei buscó un 25 de Mayo sin estridencias pero García Cureva lo aleccionó en el Tedeum

Tras la homilía, el Gobierno se desdobló entre la reacción y la prudencia.

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Javier Milei atravesó las celebraciones del 25 de Mayo con una puesta en escena calculada: agenda institucional, gabinete alineado y cierta predisposición para poner la otra mejilla frente al previsible zamarreo al que se someten los presidentes en el Tedeum que se celebra cada 25 de Mayo en la Catedral Metropolitana. En una jornada con los puestos en las internas del oficialismo, el Gobierno nacional buscó transmitir una imagen de calma, ordenar la foto política y evitar que el Tedeum se transformara en un nuevo frente de conflicto.

La actividad comenzó en Plaza de Mayo, donde el Presidente participó del izamiento de la bandera junto a funcionarios de su círculo más cercano. Luego caminó desde la Casa Rosada hasta la Catedral Metropolitana para asistir al tradicional Tedeum, acompañado por Karina Milei, Manuel Adorni, Martín Menem, Diego Santilli y Pablo Quirno, entre otros integrantes del oficialismo. Tras la ceremonia, pasó por el Cabildo para cantar el Himno y regresó a la sede gubernamental para encabezar una reunión de Gabinete. Patricia Bullrich pasó lejos del centro de la escena.

La reunión posterior también formó parte de esa señal política. Milei afirmó luego, en declaraciones radiales, que el encuentro se hizo porque todos los ministros tenían la agenda liberada por el feriado. La explicación buscó quitarle dramatismo a una convocatoria que, en los hechos, funcionó como una foto de cohesión en medio de tensiones internas dentro de La Libertad Avanza.

Una homilía que incomodó al Gabinete

El punto más delicado de la jornada estuvo dentro de la Catedral. Frente al Presidente y buena parte de su Gabinete, el arzobispo Jorge García Cuerva pronunció una homilía con un mensaje social y político directo. Pidió una dirigencia dispuesta al diálogo, al encuentro y a la reconciliación, y lanzó una frase que quedó como síntesis del Tedeum: “Basta de arengar la división y la polarización porque nadie se salva solo”.

García Cuerva también cuestionó la lógica del descarte social y advirtió sobre quienes están paralizados por la falta de trabajo, educación y oportunidades. La crítica no nombró al Presidente, pero apuntó al clima político que promueve la confrontación como método y al modelo de sociedad que deja a sectores enteros fuera de la escena pública. En otro tramo, el arzobispo reclamó frenar los discursos de odio y las agresiones que circulan en redes sociales.

La homilía de García Cuerva sobrevoló al Gobierno desde un altura que tal vez haya resultado demasiado elevada para la comprensión de un Presidente que, tal vez por eso mismo, prefirió no confrontar. Por un lado, la administración libertaria intenta sostener el relato de orden interno después de semanas marcadas por cruces dentro del oficialismo. Por otro, no quiere abrir una pelea frontal con la Iglesia en un contexto de expectativa por una eventual visita del papa León XIV a la Argentina antes de fin de año.

Entre la reacción y la prudencia

La reacción oficial quedó desdoblada. Milei eligió bajar el tono y sostuvo que la opinión de García Cuerva era válida. Esa respuesta buscó mostrar tolerancia frente a un mensaje crítico y evitar que el Tedeum derivara en una disputa abierta con la conducción de la Iglesia argentina.

Sin embargo, esa línea convivió con una reacción mucho más dura desde el propio espacio libertario. El diputado Alberto “Bertie” Benegas Lynch acusó al arzobispo de “militar con sotana” y calificó su homilía como “lamentable e injusta con los logros del Gobierno”. También vinculó a García Cuerva con dirigentes del peronismo y cuestionó el sostenimiento estatal de los cultos.

Mientras la Casa Rosada intenta, por conveniencia política, no escalar el conflicto con la Iglesia, sectores libertarios siguen leyendo cualquier crítica social como una operación partidaria. El resultado fue una respuesta en dos tiempos: aceptación institucional desde el Presidente y ofensiva ideológica desde un aliado legislativo. Lanzar la piedra y esconder la mano.

Ojos bien cerrados

El Gobierno nacional intentó pasar un 25 de Mayo en paz. Mostró a su gabinete pero no a su vicepresidenta, a la que ni se tomaron la molestia de invitar, el Presidente caminó la Plaza, cumplió con la liturgia institucional y evitó confrontar de manera directa con García Cuerva. Pero la homilía volvió a poner en el centro la crisis social, la violencia discursiva y la falta de diálogo político que caracterizan a la gestión nacional.

Desde el otro lado, no hubo gesto de desplante ni respuesta presidencial altisonante.

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En ese equilibrio se movió Milei durante el feriado patrio. Buscó orden, moderación y control de los daños autoinflingidos.

Pero una frase de García Cuerva resuena: «Nadie se salva solo«. Para un gobierno que convirtió la confrontación en una herramienta cotidiana, la cita del Papa Francisco, o de Juan Salvo, según el acervo cultural de la audiencia, no prende en su aspecto social en un elenco libertario que dice tener el mandato moral de empujar hacia el precipicio a los más débiles; pero tal vez sirva para aleccionarlos respecto a los límites que deben autoimponerse en sus luchas palaciegas.

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