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Neuquén

Bajante histórica del Limay: cómo impacta en el agua en Neuquén

La caída del caudal en el río y el descenso del nivel en el Mari Menuco encendieron alertas, pero aseguran que el sistema de abastecimiento sigue funcionando con normalidad y cubre la demanda en la región.

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La bajante del río Limay dejó de ser un dato técnico para convertirse en una postal concreta: costas más amplias, agua retraída y una pregunta que empezó a circular con fuerza en Neuquén. ¿Puede faltar agua potable? Desde el Ente Provincial de Agua y Saneamiento la respuesta fue directa: el servicio está asegurado, incluso en este escenario de emergencia hídrica que atraviesa la región.

El fenómeno no es nuevo pero sí volvió a hacerse visible en las últimas semanas. El nivel del Limay y del lago Mari Menuco —las dos fuentes que sostienen el sistema de provisión— se encuentra en valores bajos, similares a los registrados en 2022. Aun así, el esquema de captación y distribución sigue funcionando sin interrupciones y cubre la demanda de más de 400 mil habitantes en la capital y zonas cercanas.

Cómo se sostiene el sistema en medio de la bajante

El abastecimiento de agua en Neuquén se reparte entre dos grandes fuentes. Por un lado, el río Limay aporta cerca de una cuarta parte del total. El resto, la mayor parte, proviene del sistema del lago Mari Menuco, donde opera la principal planta potabilizadora.

En los últimos días, la caída del caudal obligó a reforzar tareas en puntos clave. Uno de los trabajos centrales se realizó en el sistema de captación sobre el Limay, donde se instaló equipamiento adicional para mantener la recarga de los pozos filtrantes. Esa maniobra permite que las bombas sigan extrayendo agua con normalidad, aun cuando el nivel del río desciende más de lo habitual.

En paralelo, también se aceleraron intervenciones en el Mari Menuco. Allí, el problema no pasa tanto por la cantidad de agua disponible sino por la acumulación de sedimentos en el canal de ingreso hacia la planta. El oleaje y el bajo nivel generan depósitos que pueden entorpecer el flujo, por lo que se adelantaron tareas de limpieza que suelen hacerse una o dos veces al año.

La obra, que demanda una inversión cercana a los 50 millones de pesos, ya muestra avances y mejoras en la circulación del agua. Es un trabajo silencioso, pero clave para sostener el sistema sin sobresaltos.

Un escenario exigente, pero bajo control

Desde el organismo provincial reconocen que el contexto es exigente. La emergencia hídrica fue declarada meses atrás, pero ahora se percibe con mayor claridad. Basta con recorrer la ribera o acercarse al lago para ver el impacto.

Aun así, el diseño de las tomas de agua contempla este tipo de situaciones. Según explicaron, haría falta una bajante mucho más extrema para comprometer la captación. Hoy, ese escenario no está en el horizonte inmediato.

Además, el monitoreo es permanente y se realiza en conjunto con la Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas, que regula los caudales de los ríos. Las estimaciones actuales indican que se está atravesando el punto más bajo previsto, por lo que no se esperan descensos mayores en el corto plazo.

Lo que viene dependerá en gran parte del clima. Las lluvias y, sobre todo, las nevadas en la cordillera serán determinantes para la recuperación de los niveles en las próximas semanas.

Mientras tanto, el sistema sigue operando con normalidad. No hay cortes programados ni restricciones en la provisión. Y aunque la imagen del río encoge, el agua sigue llegando a las casas.

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