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Internacionales

La Disputa por el Alma de América Latina

El avance evangélico en América Latina desmantela la hegemonía católica y se erige como motor de las nuevas derechas.

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América Latina, esa patria grande forjada en cinco siglos de cemento católico, ha entrado en una fase de desmantelamiento ideológico. La fe ha regresado a la geopolítica, no como mero consuelo, sino como el motor de la política continental. El avance explosivo de las iglesias evangélicas debe leerse en clave geopolítica: ellas son el motor de las nuevas derechas, y lo que se disputa en última instancia, más allá de la liturgia, es un modelo económico y social para la región.

La Parálisis Católica y la Siembra del Vacío

El catolicismo se encuentra en una crisis estructural. Desde el Syllabus de Pío IX hasta hoy, la Iglesia institucional se ha debatido en una ambivalencia histórica ante la modernidad. Si bien el Concilio Vaticano II intentó un aggiornamento , la balanza se inclinó al conservadurismo con Juan Pablo II y Benedicto XVI, quienes aprendieron una cruzada contra la Teología de la Liberación (TL) .La TL, al optar por los pobres, había sido catalogada como una «penetración subversiva» por la hegemonía estadounidense., lo que impulsó la entrada de credos alternativos conservadores.

La burocratización y la crisis de vocaciones agudizaron el declive. Esto generó una deserción masiva: hoy, si bien el 84% de los latinoamericanos fueron criados como católicos, solo el 69% lo sigue siendo, mientras que el evangelicalismo ya alcanza el 19% de la población.La mayoría de los desertores no cae en la increencia, sino que migra a las comunidades evangélicas de corte pentecostal, buscando un cristianismo más simple y una «experiencia personal».

 El Motor de la Nueva Derecha y el Neoliberalismo Sagrado

El vacío lo llenó el evangelicalismo pentecostal, una fuerza con la velocidad de una franquicia empresarial. Esta nueva matriz religiosa es la columna vertebral de la ofensiva conservadora, operando bajo un modelo claro de coherencia ideológica que el catolicismo perdió.

Su núcleo es la Teología de la Prosperidad (TP). Esta doctrina, diametralmente opuesta a la TL, justifica el neoliberalismo al sugerir que el éxito material es un signo de elección divina, con la conclusión de que «ser pobre es pecado». Este mensaje alinea la fe con el mercado y el individualismo, promoviendo una agenda ultraconservadora contra la «ideología de género» y los derechos sociales.

El modelo se traduce directamente en poder político. El pastor evangélico participa abiertamente en la política partidaria, utilizando su carisma, su capacidad económica (el diezmo) y su despliegue mediático para canalizar la desesperanza social hacia ofertas conservadoras. Esta sinergia en la ofensiva conservadora consolida a las nuevas derechas en el continente, imponiendo desde el Estado su agenda moral.

La Coherencia Perdida

Frente al pastor evangélico que se sienta en el Congreso, la Curia Católica se ve forzada a erigirse como un Contrapoder Moral , interpelando a su propia base de fieles.

Aquí reside el problema histórico. Desde hace más de 140 años, la resistencia católica se ha visto minada por la patología que José Manuel Estrada diagnosticó en 1883: el latitudinarismo . Este es el gran pecado de la separación cínica entre la fe y la acción política . Estrada señalaba que el católico permite que «predilecciones personales» (como el miedo al desorden o el mesianismo libertario) primen sobre la Doctrina Social , incurriendo en una apostasía política.

La ruptura de la contención se produjo cuando líderes de derecha atacaron la Justicia Social (a la que llamaron «robo aberrante») y la figura del Papa Francisco. En ese momento, la Iglesia (el clero en Opción por los Pobres) se movilizó para forzar la coherencia, asumiendo el papel de actor de presión que la política partidaria no puede cumplir.

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La misión del Papa León XIV , sucesor de Francisco, es continuar el proceso de aggiornamento del Vaticano II, enfocando su labor en la opción preferencial por los pobres. y abordando las tensiones internas (clericalismo, desromanización).Pero su esfuerzo es doble: no solo debe reformar la Iglesia, sino luchar contra la incoherencia moral de sus propios fieles.

El Avance Irreversible

La victoria evangélica no es solo demográfica, sino estructural. Mientras el clero católico se ve forzado a batallar desde afuera como Contrapoder Moral , el pastor evangélico impone desde el Estado una agenda conservadora.

La patria grande se juega su alma. Si la Iglesia de León XIV, al asumir el rol de Contrapoder, no logra despertar la conciencia cívica y hacer entender a su base que es una incoherencia votar a la derecha, el avance de los conservadurismos que rechazan la dignidad del pobre y la Justicia Social será irreversible, sellando un modelo social y económico que margina a los más vulnerables que la propia fe católica jura proteger.

 

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