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Neuquén

Llenar el tanque en Neuquén duele cada vez más

El litro de súper roza los $1.700 y el acumulado de 2026 ya le ganó la pulseada a la inflación. Impuestos, costos operativos y un mercado internacional que no siempre juega a favor explican por qué el surtidor no da respiro.

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Arrancar el año con el tanque lleno salía diferente. En enero, cargar nafta súper en cualquier estación de Neuquén costaba $1.490 el litro. Hoy, ese mismo litro cuesta $1.703. En menos de tres meses, el ajuste acumulado llegó al 14,3%, una cifra que ya supera a la inflación del período y que se siente directo en el bolsillo de quienes usan el auto a diario.

Lo más llamativo no es solo el número final, sino la velocidad del ajuste: en una sola semana, el litro de súper subió cerca de $200. No es una suba gradual que pase desapercibida, es un salto que obliga a recalcular cada vez que uno pasa por la estación de servicio.

El panorama completo en los surtidores neuquinos muestra una presión generalizada en todos los segmentos. La Infinia se ubica alrededor de los $1.952, el Diésel 500 supera los $2.124 y el Infinia Diésel trepa hasta los $2.404. Son valores que, para muchos conductores, ya están generando un cambio de hábitos.

En las estaciones urbanas empiezan a verse señales de menor afluencia. La gente carga menos litros por visita, combina más viajes o directamente busca alternativas. Donde el impacto se siente menos es en la demanda vinculada a la actividad petrolera, que por su propia lógica no puede reducirse tan fácilmente. Pero eso no alcanza para sostener el consumo general.

¿La culpa es del petróleo?

Cuando los combustibles suben, el primer señalado suele ser el barril de crudo. Y tiene algo de razón: el conflicto en Medio Oriente empujó al Brent por encima de los 100 dólares, lo que tensiona los costos de toda la cadena. Pero atribuirle todo a eso sería demasiado fácil.

Desde el propio sector advierten que el precio internacional es solo una parte de la ecuación. De hecho, en las últimas semanas el crudo mostró algunas bajas que, curiosamente, todavía no se trasladaron a los surtidores locales. Ese desacople entre lo que pasa afuera y lo que paga el consumidor acá no es casualidad: responde a una estructura interna que tiene sus propias reglas.

El peso de los impuestos es uno de los factores más determinantes, y representa cerca de la mitad del precio final que paga quien carga combustible. A eso hay que sumarle los costos operativos de cada estación —salarios, energía, logística— y un historial de atrasos en los ajustes que termina generando correcciones más bruscas cuando finalmente llegan. El resultado es una estructura que empuja los precios hacia arriba incluso cuando el mercado global da señales de calma.

¿Va a bajar? Por ahora, no hay motivos para el optimismo. Una caída sostenida del petróleo podría abrir la puerta a algún alivio, pero los factores locales actúan como un piso difícil de perforar. El mercado interno sigue moviéndose según su propia dinámica, y todo indica que cargar combustible en Neuquén va a seguir siendo un gasto que pesa, al menos durante los próximos meses.

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