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boca de pozo

El mes le queda grande al salario de los sub 40

Según una encuesta, el 61 por ciento de los menores de 40 años se tuvo que endeudar para llegar a fin de mes.

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Endeudamiento de familias alcanza máximo nivel en 20 años

Para dos de cada tres argentinos, el ingreso no alcanza al día 20; para cuatro de cada diez, no llega ni a la primera quincena. Solo el 34% llega a fin de mes y apenas el 9,8% logra ahorrar algo. Los datos surgen del Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora, correspondiente a septiembre de 2026, sobre 1.438 casos con cobertura nacional y un margen de error de ±2,6%.

En ese contexto, el crédito no funciona como una herramienta de consumo sino como un puente entre el agotamiento del ingreso y el próximo cobro. El 56,2% de los encuestados tomó deuda en los últimos seis meses. Entre quienes lo hicieron, el 55,1% lo usó para cubrir alimentos o salud y el 21,3% para pagar tarifas y servicios. Solo el 11,8% compró bienes durables. El 81,8% siente que su salario no le gana a la inflación, una percepción que desde marzo no baja del 81% y llegó al 87,4% en julio: no es un malestar de coyuntura sino una sensación instalada.

Dos deudas distintas

La encuesta permite una lectura que el promedio oculta: la deuda no es la misma en todos los hogares.

En la clase baja, el 59,6% no supera el día 15 y el 83,3% cae antes del 20. Solo el 0,9% ahorra. El 68,1% tomó crédito en los últimos seis meses, y el 65,5% lo hizo para gastos básicos. En la clase alta, el panorama es casi opuesto: apenas el 20% se queda sin ingresos antes de fin de mes, el 61,9% ahorra, y solo el 36,5% tomó deuda. De ese grupo, el 63,4% lo hizo para comprar bienes durables.

Son, en rigor, dos instrumentos financieros con el mismo nombre. En los hogares de mayores ingresos, la deuda es una decisión de consumo. En los de menores ingresos, es una forma de subsistencia.

La clase media aparece como el punto de inflexión y también como el más revelador. El 51,4% no llega a fin de mes, el 47,1% tomó deuda y el 45,6% lo hizo para gastos básicos. Pero hay un dato que la distingue: el 29% se endeudó para pagar tarifas y servicios, la proporción más alta de los tres estratos (18,2% en la clase baja, 4,7% en la alta). Las tarifas, que subieron 475% frente a una inflación acumulada de 329% desde noviembre de 2023, presionan más en los hogares que no se perciben en el último escalón pero tampoco tienen margen.

La arquitectura del problema tiene una lógica propia. Un crédito que cubre las últimas semanas del mes se paga con el ingreso del mes siguiente, que a su vez se agota antes de tiempo. La deuda desplaza un déficit que crece al mes siguiente. Así, cuando el salario pierde sistemáticamente contra la inflación mes a mes la deuda deja de ser transitoria y la morosidad deja de ser un episodio para convertirse en un riesgo estructural.

Los datos del BCRA ya lo venían mostrando: la mora bancaria trepó al 12,8% en mayo pasado, el máximo en 20 años, con 5,8 millones de personas con más de 90 días de atraso. La morosidad en billeteras virtuales alcanzó el 29,6%.

La opinión pública sobre qué hacer es más definida de lo que suele suponerse. El 67% espera algún tipo de intervención estatal: el 36,1% considera que es un problema social que el Estado debe atender, y el 30,9% que, aun siendo una cuestión entre privados, el Estado debería intervenir. Solo el 29,1% dice que no debería hacerlo.

Pero la pregunta no es si el Estado debe intervenir sino cómo. Entre quienes esperan intervención, el 61,3% prefiere que se regulen el otorgamiento y las condiciones de los créditos, el 23,6% que se refinancien las deudas vía Banco Central, y apenas el 7,5% que se condonen por ley. La demanda mayoritaria apunta a reglas más transparentes en materia de tasas, cuotas, vencimientos alineados con el calendario real de ingresos y no tanto a quitas ni perdones.

Los menores de 40, sin red

El tramo más joven concentra la mayor exposición. Entre los menores de 40 años, el 72% se queda sin ingresos a más tardar el día 20, apenas el 3% ahorra y el 60,9% tomó deuda en los últimos seis meses. Sin colchón de ahorro, cualquier imprevisto va directo al crédito. Es también el segmento que peor evalúa la economía del país: el 69,1% la califica negativamente.

Esa brecha entre percepción personal y percepción del país atraviesa toda la muestra: el 39,3% califica mal su situación personal, pero el 61,5% califica mal la situación del país, una distancia de 22 puntos. La proporción que no llega a fin de mes es considerablemente mayor que la que admite estar mal.

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