boca de pozo
Milei, ¿más cerca de Lula que de Bolsonaro?
El líder del PT hizo campaña con la épica de su trayectoria, el posicionamiento internacional y la reivindicación ideológica.
Flávio Bolsonaro derrotó a Lula da Silva en la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas y se encamina como favorito hacia el balotaje. El resultado sorprendió a todos: las últimas encuestas de Datafolha daban a Lula una ventaja de cuatro puntos; la realidad de las urnas invirtió el orden. Flávio obtuvo el 47,03% de los votos, Lula el 45,16%. El balotaje es el 25 de octubre.
La narrativa más cómoda para el Gobierno argentino (que salió a festejar) es que se trata de una ola regional de la derecha. Pero hay otra forma de abordar el resultado en Brasil desde una mirada local.
Qué le pasó a Lula
El sociólogo Alberto Carlos Almeida, que conoce el proceso político brasileño desde adentro y fue cercano al PT, fue categórico en su diagnóstico para LPO: “La razón principal de la victoria de Flávio es la evaluación del gobierno de Lula. El principal error de Lula fue tener un gobierno mal evaluado”. Y añadió: “Gobernar es lo mismo que hacer campaña. Es el gobierno el que gana o pierde las elecciones”.
Caio Junqueira, periodista de CNN Brasil, aportó la descripción más precisa de la brecha que mató a la campaña del PT: “El principal error de Lula fue no comprender la realidad en las calles. Fue una campaña desconectada del sentir mayoritario de la población. Mientras el presidente Lula hablaba de soberanía nacional sobre minerales críticos y tierras raras, en las calles se hablaba del costo de vida”. Algo de eso resuena entre quienes observan la política argenta.
El retrato es el de un gobierno con buenos números macroeconómicos (Brasil creció, redujo la pobreza y mejoró el empleo formal) que habló en ensimismado en un relato cuando la gente hablaba en el idioma de su propia billetera. Lula hizo campaña con la épica de su trayectoria, el posicionamiento internacional y la reivindicación ideológica. Bolsonaro habló de lo que cuestan las cosas en el supermercado.
Milei en el juego de los parecidos
Milei festejó el resultado brasileño como una validación de su modelo. Escribió “La libertad avanza en Brasil”, llamó a Lula “el comunista” y anticipó una alianza con Flávio Bolsonaro que llevaría a ambos países a ser “grandes socios comerciales, culturales y políticos”. En rigor, Brasil ya es el principal socio comercial de la Argentina y hasta la asunción de Milei fue uno de sus principales socios políticos.
Pero si se mira el cuadro sin la adrenalina del tuit, el parecido relevante no es entre Milei y Bolsonaro. Es entre Milei y Lula.
Ambos se narran con el foco puesto desde los satelites: equilibrio fiscal, indicadores internacionales, posicionamiento ideológico global, discurso épico sobre la transformación histórica. Ambos tienen números macroeconómicos que defienden ante inversores y organismos internacionales, más allá de la validez que cada lector le pueda dar a los números de uno u otro. Y ambos exhiben una desconexión creciente con lo que experimenta la gente común en su vida diaria. Si la ven o no la ven, no se puede saber realmente, pero si se sabe lo que muestran.
En Brasil, esa desconexión se llama costo de vida. En Argentina, se llama mora familiar del 12,9%, 330.000 puestos de trabajo formales perdidos, salario mínimo real un 40,5% por debajo de noviembre de 2023, y el 82% de los hogares con alguna deuda activa.
La estrategia de Lula en las semanas previas al voto fue aumentar el Bolsa Família. En Argentina, el equivalente sería el “plan platita” que el propio Caputo descartó públicamente la semana pasada ante los financistas del Coloquio de IDEA: “Está probado que no funciona”. Lo que no funciona es hacerlo a último momento, lo que sucede, es que si se hace antes no es un plan platita, es distribución del ingreso.
Qué hicieron los Bolsonaro y la pregunta que se cierne sobre Milei
Flávio Bolsonaro no ganó porque tenga mejor programa económico ni porque Brasil quiera volver al bolsonarismo de 2018. Ganó porque captó el tercio volátil del electorado (el que votó a Jair Bolsonaro en 2018, luego a Lula en 2022 y ahora volvió) que no tiene identidad ideológica y vota contra el gobierno que no le resuelve la vida.
Ese votante, describe Junqueira, “entendió que el tercer mandato de Lula también fue malo”. No es ideología: es experiencia cotidiana.
La pregunta que el resultado brasileño le hace al Gobierno argentino no es si Milei simpatiza con Bolsonaro o con Lula. Es si el gobierno que dice hablar en nombre de la gente común logra que esa gente se reconozca en lo que describe.





